La semana pasada la Ministra de Educación, señora Celaá, levantó un gran revuelo con sus declaraciones. Si se fijan en sus palabras, no lo hizo con el lenguaje inclusivo que tanto alaban y acostumbran a usar desde la izquierda. Y tampoco lo hizo hablando solo en género femenino, como pocos días antes las ministras de Podemos hicieron ante Su Majestad al jurar su cargo y hablar de Consejo de Ministras únicamente.

Verán, lo que nunca cuentan sobre el lenguaje inclusivo es que en su manual solo se utilizará el género femenino cuando sea en positivo. Nunca escucharán a los políticos de izquierdas (ni a sus medios afines) el hablar de corruptos y corruptas, de violadores y violadoras. Ni tampoco de asesinos y asesinas, aunque muchas mujeres maten a sus parejas o a sus hijos. Y que estas muertes no salgan en los medios y no se lleve una contabilidad exhaustiva sobre ellas no significa que estas muertes por desgracia existan.

Por ello, la señora Celaá no se atrevió en esta ocasión a hablar de que las niñas (y los niños) no son propiedad de sus madres. Porque sabe que a las madres no les va a hacer gracia que las metan en ese berenjenal, donde la ministra solo puede perder. Y todo esto lo dice una vez que han pasado las elecciones: esto mismo lo podían haber dicho los dirigentes socialistas en campaña electoral, ya que la medida del Pin Parental lleva aplicándose en Murcia desde el mes de septiembre pasado. Pero no, lo hacen ahora: es bárbaro el manejo de los tiempos de este gobierno, como hacerlo coincidir con el nombramiento como Fiscal General de Estado a Dolores Delgado, esa mujer que decía "mira, a mí que me den un tribunal de hombres, de tías no quiero. Y no me llevo mal con las tías, pero de tíos sé perfectamente por donde van".

Se ve que la exminitra de Justicia conoce bien por donde vamos los hombres. No será a los de su partido (ERES al margen), esos socialistas que en los años 80 luchaban porque se impusiera el Pin Parental para que padres y madres pudieran elegir libremente si sus hijos estudiaban Religión o una asignatura alternativa a ella. Este Pin Parental llega hasta nuestros días, pero de éste se habla poco: los padres tenemos derecho a elegir en este caso.

Y ahondando un poco más en esta cuestión que tiene que ver con la Libertad y con la Educación, dejénme que les hable desde mi experiencia personal de casi dos décadas como maestro. Cuando entré a trabajar en el año 2000 en la escuela pública madrileña apenas pude observar que se viniera al colegio a darle charlas a los niños. Esto ha cambiado mucho, y es frecuente que vengan al colegio asociaciones variadas e incluso Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Hasta ahí todo normal, hasta que a los colegios comienzan a desembarcar asociaciones que lo que tratan es de imponer su visión sobre la Ideología de Género. Y esto es lo que no puede ser aceptable, pues a menudo se están dando charlas que los padres no se enteran de sus contenidos nada más que a posteriori.

Además que la Ideología de Género es mentira, es falsa. No se asienta sobre una base científica. Pongamos un ejemplo práctico y sencillo. Si sus hijos escuchan charlas sobre esta Ideología les dirán que su género es una construcción social que depende de su autopercepción. Es decir, que uno según va creciendo si ha nacido con pene y se siente mujer, será mujer. Entonces supongamos que ese niño que ha sido martilleado con esa creencia se lo cree. Siendo adulto ya, tiene relación con una mujer y nace un hijo. Y finalmente, porque la pareja no funciona, decide separarse. Como la mujer quiere quedarse con la casa, el hijo y el dinero, aunque no hubiera ningún conflicto, decide denunciar pongamos por maltrato psicológico al padre, para que el divorcio se dirima en un Juzgado de Violencia de Género. Estas cosas pasan, creánme.

El hombre, de todos modos, está tranquilo. Sabe que a él le han enseñado en infinitas charlas en el colegio que el género es una construcción social, y ahora que le han llamado a declarar en la Comisaría expondrá que su autopercepción más que nunca es que se siente mujer. Cuando verbalice esto, las carcajadas de los agentes puede que lleguen a escucharse en Corea del Norte, y pasará directamente al calabozo a la espera de ser puesto al día siguiente a disposición judicial. Este hombre irá abriendo poco a poco los ojos en el oscuro calabozo, pero seguirá creyendo en aquellas cuentacuentos con el pelo morado que venían al cole y al instituto y que decían que el género es algo autopercibido.

En el coche patrulla irá confiando en que el juez le dé perspectiva de género a su caso, porque ha sido instruido en ello. Y por fin, ante él, declarará que se autopercibe mujer y que no es su lugar el Juzgado de Violencia de Género. El juez escuchará y asentirá: ¡por fin alguien escucha a ese hombre/mujer! La alegría durará poco porque el juez, que parecía una persona que le escuchaba y entendía, en el auto judicial no parece tan comprensivo: orden de alejamiento y no verá a sus hijos en unos meses. Vamos, que por fin se ha dado una buena bofetada con la realidad y ha entendido que la Ideología de Género más que ciencia es mitología.

Afortunadamente para los que amamos la libertad, el debate está en la calle. Habrá gente que esté a favor del Pin Parental y gente que no. Es estupendo que no todo el mundo piense igual. Pero lo que se ha superado con esto es la hegemonía del pensamiento de la izquierda y el silencio acomplejado de la derecha que teníamos hasta hace bien poco. Y ante este despertar, los progresistas no saben muy bien como responder (quitando lo de tirar del comodín del insulto facha/fascista, que cada vez funciona menos) y en su enojo aparece la ministra que pierde los papeles y dice frases como la que dijo.

Volvamos a la escuela. Desgraciadamente convertida hoy a menudo en campo de batalla ideológico (donde por cierto solo cabe una ideología) y no en un templo para la transmisión de conocimientos y valores: y sobre todos ellos debe estar el valor de la libertad.

Y en esa batalla hay capítulos tan infames como sutiles. Recuerdo una anécdota cuando hará un par de años estaba haciendo la "vigilancia" en el patio de recreo. La maestra de Educación Física había organizado un torneo de fútbol. Una idea estupenda, y que trataba de que las niñas se incorporaran a los partidos. Ni un solo pero hasta ahí, creo que el patio de recreo es un espacio de libertad y así debe seguir siéndolo. Bueno, pues un partido se estaba jugando y ya se llegaba casi al final. Un equipo iba perdiendo por un gol y acechaba el área contraria. Estaba emocionante. En esto, sin VAR ni nada... ¡penalty! Gritos de alegría y todos pidiendo e insistiendo que el penalty lo tirara una chica, Laura. Cogió carrerilla la niña y marcó un golazo. A mí me llamó la atención la insistencia porque lo tirara ella y pregunté mientras subíamos a las aulas. Me indicaron los niños, siempre tan honestos: "profe, es que Laura es muy buena. Además de que los goles de las chicas en el torneo valen doble". Doble. Así como lo oyen. Callé porque en un colegio es muy difícil tocar estos temas, y es mejor dejarlos para los acalorados claustros.

Yo no sé que igualdad y que valores se le estaban ofreciendo a Laura, al hacer que un mismo hecho tuviera el doble de valor que un mismo hecho realizado por su compañero varón. Laura, cuando llegues al mercado laboral verás que la sociedad funciona de otra manera. Y está claro que esos chicos lo tenían fácil para equilibrar esta desigualdad: cuando marcaran un gol que dijeran a la profe progre que lo habían anotado autopercibiéndose como niñas.

El papá maravilla