Otra jornada de reflexión sin saber muy bien sobre que tenemos que reflexionar, sin tener nada claro de que va esta fiesta a la que no hemos sido invitados pero cuya factura debemos pagar. Estamos hartos, hastiados, saturados de tanto mensaje bonito, de tanta palabra hueca y grandilocuente, hartos de promesas con nula intención de ser cumplida, hartos de tanto tonto y tonta, harto de tanto imbécil de manual de libro, hartos de una absurda y falsa corrección política, hartos de bobos y bobas. Todo lo que nos rodea nos invita a salir corriendo, a huir, a tirar la toalla, a abandonar. Es muy difícil, casi imposible que nos sintamos motivados con estos políticos mediocres y de medio pelo, solo preocupados por su futuro más inmediato, nunca motivados ni movidos por el bien general, por el bien de España o los españoles. Son cortoplacistas en un mundo en ruinas en una nación que hace aguas moral y políticamente.

 

Se nos da a elegir entre lo malo y lo peor, entre lo útil para ellos y lo inútil para el resto. Apelan al voto útil cuando tienen más que claro que el voto útil es solo útil para el que lo recibe nunca para el que lo emite. Pretenden descargar sobre nosotros una responsabilidad que no nos corresponde. Solo somos tenidos en cuenta cada cierto tiempo para auto legitimarse, después todas sus acciones, todas sus negociaciones son al margen del ciudadano, al margen de la gente a la que dicen representar.

 

No tengo claro que pasará a partir del día 26, no tengo claro quien ganara las elecciones, ni siquiera tengo claro quien será el partido más votado o si estamos ante eso que los cursis han empezado a calificar como “sorpasso”. Poco me importa todo esto. Si algo tengo verdaderamente claro es que gane quien gane estas elecciones, será España la que pierda, la que seguirá sufriendo la desidia y cobardía de políticos mentirosos, con muy poca altura de miras y siempre más pendientes de lo suyo que de lo nuestro. España hace ya mucho tiempo que dejo de importar, que dejó de ser tenida en cuenta.

 

El futuro de esta nación parece ya no estar en nuestras manos, parece que su destino esta irremediablemente escrito. Somos arrastrados por una corriente, por una moda, por una marea que se muestra imparable ante nuestra desidia. Es comprensible. De eso se trataba, de no ser críticos, de aborregarnos, de no buscar alternativas ni nuevas posibilidades. Se nos ofrecieron nuevos partidos, falsas alternativas que al final han resultado igual de rancias y casposas que las tradicionales. Se nos prometió regeneración por parte de aquellos que solo han venido a apuntalar el régimen del 78.

 

Cuando nos acercamos a una nueva jornada de reflexión electoral siempre recuerdo las sabias palabras d mi suegro cuando me decía que el votante es lo más parecido a un merluzo. El merluzo tiene una capacidad de retención de pocos segundos. Los estudios más avanzados nos hablan de un máximo de tres. Puedes hacerle todo tipo de “putadas” que en poco tiempo olvidara el daño o sufrimiento infligido. Quizá la jornada de reflexión sirva para recordarnos lo merluzos que podemos llegar a ser.