En las últimas semanas se viene subrayando que la evolución de la Región Leonesa y de una reducida Castilla la Vieja son divergentes, en especial, en lo relativo a industrialización y desarrollo, a la vez que en evolución demográfica. Pero el fenómeno no es nuevo, ya lo manifestó Juan Pedro Aparicio en 1981:

se pretende hermanar hoy a Castilla y a León (…) Por el contrario, desde su definitiva unión, sus caminos no son paralelos sino opuestos. Desde el primer día comienza para León una notabilísima carrera de descensos, no siendo toda su historia posterior, sino una larga y prolongada decadencia.”

Señalaba así una realidad histórica que era urgente abordar para evitar un desastre mayor, a la vez que destacaba la realidad del momento:

la regionalidad leonesa, o lo que resulte ser está acoquinada, acorralada, atrapada como un muchacho rodeado por mozalbetes de un colegio rival y ha de abrirse paso, entre incoherencias y agresiones, para fijarse y reconocerse, y ha de hacerlo a codazos, tratando de encontrar las fuerzas y la fórmula adecuadas para decir: aquí estoy yo.”

Ahora, llegados al borde del precipicio, al que nos han arrastrado más de cuatro décadas de abandono por parte de los unificadores del León triprovincial con la Castilla mutilada, es el momento propicio para que la Región Leonesa se plante con firmeza y se haga valer con un rotundo ¡¡AQUÍ ESTOY YO!! Porque, al igual que el protagonista de Niebla, puede decir con pleno sentido:

¡es la burla, la burla, la burla! Se han burlado de mí, me han escarnecido, me han puesto en ridículo; han querido demostrarme… ¿qué se yo?... que no existo.”

Que la Región Leonesa existe y que se siente agraviada lo han manifestado ya los representantes políticos en más de una docena de municipios de la provincia de León, que representa más del 30 % de su población, que reivindican su autonomía. Pero lo significativo, lo realmente importante, es que en las provincias hermanas de Zamora y Salamanca ya han saltado las primeras voces de autonomía municipalista, la que reivindicaran Unamuno, Sánchez Rojas, Bernis y otros, sumándose a la propuesta de crear una autonomía de la Región Leonesa compuesta por las provincias de Salamanca, Zamora y León. Son los casos de Manganeses de la Polvorosa (ZA) y Serradilla del Arroyo (SA).

¿Y qué hacer ahora? Juan Pedro Aparicio ya nos lo dijo hace años:

El tiempo ha demostrado hasta la saciedad que sólo la conciencia regional, lo que es casi lo mismo que la propia estimación, posibilitan la suficiente capacidad negociadora ante los poderosos como para arrancar al resto del país los tributos que la solidaridad nacional debe, en teoría al menos, a cada región.”

Los representantes políticos de Salamanca, Zamora y León deben desembarazarse de las presiones centralistas de sus propios partidos y posicionarse con sus conciudadanos en favor de alternativas que hagan posible un futuro de progreso y desarrollo, sin abandonarlos a la depauperación.

El medio rural levanta su voz viendo su futuro amenazado. También deban alzarla los concejales del medio rural y pasar a una ofensiva reivindicativa. Hoy, como en los años 80 una colaboración estrecha del regionalismo leonés con el ruralismo, con el mundo agroganadero de la Región Leonesa, supondría una movilización sociopolítica con precedentes esperanzadores, no en vano convirtieron al Bloque Agrario - PREPAL en la tercera fuerza política regional, con más de 12.000 votantes en la provincia de Salamanca.

Aquel aldabonazo precisa hoy el arrojo y esfuerzo de políticos y sindicalistas del campo, pegados a la tierra y a la realidad social de nuestras comarcas y núcleos de población rurales. El futuro, el suyo y el nuestro, el de la Región Leonesa triprovincial está en sus manos. Cuentan con nuestro apoyo y aplauso: ¡Adelante!

Miguel Ángel Diego Núñez

Autor del libro ‘Regionalismo y regionalistas del siglo XX (una antología)’