No ha tenido mucho eco mediático en la prensa doctrinaria de lo políticamente correcto, la noticia de la conferencia que un asesino convicto y confeso de ETA va a pronunciar (o ha pronunciado ya a la hora que usted lo lea) en la universidad pública de Vascongadas.

Este asesino que dio muerte a dos comandantes del Ejército Español, cumplió 30 años de condena, pero ello no legitima que se le permita dar una charla en un espacio que debe estar imbuido de ética pública.

Con ser una tropelía de un calibre inmenso, dar voz a una persona que ha quitado la vida a otras y blanquear los asesinatos de la organización terrorista, no es menos deplorable ver cómo el resto de los estamentos universitarios callan ante esta apología del terror, que ahora premia y da voz a los asesinos y vuelve a victimizar a las auténticas víctimas.

La universidad española calla. Los rectores y la CRUE, su flamante e indigna conferencia, callan. Los catedráticos, los profesores y los alumnos, callan. Dice el lema de una de nuestras universidades, no caracterizada precisamente por ser una universidad de derechas e inspiración religiosa, la Universidad Carlos III de Madrid: "Homo homini sacra res": "el hombre es sagrado para el hombre".

Parece que esto no va con nadie del mundo de la universidad, con el mundo del conocimiento, con el mundo de la libertad. Porque libertad no es dar la palabra a quien se la quitó  -vidas, libertades y palabras-   a otras muchas personas.

Las primeras universidades españolas fueron las herederas de aquel Ius Romanum, el derecho romano de  gentes, que abolida la esclavitud, amparaba a ciudadanos libres e iguales, frente a las injusticias de malhechores y asesinos.

Hoy, nuestra universidad no parece estar a la altura de aquellos tempranos hombres medievales imbuidos de una clara vocación de universitas en la defensa de la veritas de que todo hombre es sagrado para el hombre.
 
El Economista del Antifaz