Las batallas aceptadas en posición de derrota, ya son derrotas. Desde el inicio del Régimen del 78 España no ha tenido defensa contra los sistemas que mueven el mundo, (aunque es cierto que esta cuestión empezó antes: se vio tarde, cuando toda solución implicaba problemas, y la decadencia física de Franco había comenzado). He hablado de esto, y aún falta, mas sería alargarme.

 

Ahora las generaciones jóvenes ya están adocenadas e inmersas  en nimiedades, sin entender que sus menguadas pagas, a costa de su juventud, o la pérdida del gozo de la maternidad en las mujeres, se paga caro al devenir de los años. Salvo excepciones, por la formación recibida en sus familias, desgraciadamente no estoy generalizando.

 

Esto que afirmo es obra intencional, para que su capacidad discrecional, en lo tocante al decurso de la sociedad en la que han nacido, no se guíe por cauces enmarcados en el discernimiento lógico de los acontecimientos, y no puedan comprender el avatar esclavista al que están sometidos. Y, por tanto, su obligación de intervenir en los destinos patrios, y fomentar la edificación de una sociedad solidaria que, en la medida de lo posible, acoja a todos, y a todos les ofrezca futuro y el máximo bienestar que se logre, frutos del esfuerzo solidario, que, desde la libertad, forja lazos de unidad y, por ende, de paz social, y de baja delincuencia. Incluyendo la mezquindad de lo contranatural en público, y el error de la droga.

 

Sus estímulos, inquietudes, intereses y pensamientos ya son otros, desgraciadamente; otros fuera de la percepción de lo alicorta y sectorial de la realidad que viven, y de aquello que, en justicia, les es legítimo. Ni siquiera les ha sido dado el conocimiento elemental de la formación de una familia, con lo que esto conlleva de ignorancia en el saber qué es un hombre, qué una mujer; y de ahí el sacrificio inherente en la formación de los hijos, en el sostenimiento de una familia, de un hogar; y en el valor del sudor y del esfuerzo, en el mérito del trabajo honrado, y su debido jornal. Si de eso carecen ¿Quién les pide que sepan sus obligaciones en una sociedad que los exprime sin que lo perciban? O ¿Quién les hablará de conceptos más elevados y transcendentes aún; basamentos indispensables de la libertad? Del libre albedrío.

 

 El Régimen del 78, en su espuria manipulación, habló de la libertad a través de la demagogia, y tuvo su símbolo populista de expresión en la machacona canción de Jarcha. Hoy hasta esto se ha perdido. Utilizando el título de una obra de Baudelaire, "Las flores del mal", eso es lo que nos ha venido del Régimen del 78. ¿Es libre el voto en gran parte de España como Cataluña o las Vascongadas o la Galicia del PP de Núñez Feijoo, o Levante o Baleares, o los votos ya comprados en Andalucía y Extremadura, como nuevos Romero Robledales redivivos?... ¿Para qué seguir?

 

   El que sería Rey de España, Juan Carlos de Borbón  envió en el año 74, a espaldas de Franco, a un alto mando militar (tte. gral.) y a un político -no he logrado averiguar quién fue este último-por separado, a pactar con Santiago Carrillo y la Pasionaria su entrada segura en España -ya he contado como fui testigo de la farsa de su detención en los lindes del barrio de la Prosperidad-; ellos estaban tranquilos con los Ceacescu -único sitio factible- jugando al Eurocomunismo de Enrique Berliguer, después de haber aplastado Praga en el 68, claro.

 

 Todas las exigencias de los separatismos excluyentes vasco y catalán fueron ahormadas en los Pactos de la Moncloa (El reparto del Botín), sin que Adolfo Suarez se ruborizara un ápice de la puñalada que "acababan" de dar a los que "habían" mentido poco antes. Por aquel entonces Juan Carlos y Manuel Fraga ya estaban en el NOM,  la primera localizada:  Sofía de Grecia; y a ellos sirvieron, no a España, creyeran hacer bien o supieran lo que hacían. Las guindas fueron la entrega, vía Otero Novas, de Andalucía a perpetuidad a los socialistas; el entrar en la OTAN sin cobertura militar en el sur, y sin compensaciones en Gibraltar; y la entrada en el Mercado Común de rodillas (España en venta -Mitterrand-), destruyendo la agricultura y ganadería españolas, su independencia industrial y su modelo de desarrollo.

 

Asegurándose así las estructuras básicas de un conglomerado que pisa, desde lo jurídico a lo clientelar, desde el poder omnímodo de los oligopolios financieros, hasta la intrusión donde sea, con ley o sin ella, de los SSII no al servicio de España -hay excepciones, mas no control- sino de los poderosos y sus manejos, y de tener siempre a punto el informe, el expediente que es mejor que no caiga en la prensa, en un juzgado...Y si es prensa ¿Y sobrevive? Qué pensar.

 

Por esto -y por no alargarme más- yo me temía la catástrofe que ayer sufrieron en carnes muchos españoles que, legítimamente, habían depositado sus esperanzas en un cambio de rumbo en todos los sectores -eso sí: ignaros de lo que quiere decir PPSOE-. ¿Para qué herir sus sentimientos diciéndoles que de sus "señorías" casi ninguna se va a preocupar de representarles?: "Suculenta es la tajada".

 

¿He hablado yo de levantamientos, de infringir la ley? No: yo hablo de actuar con las armas de la inocencia y de la razón; de la justicia y la perseverancia; y del valor indomable del español sin corromper...Y, por supuesto, de la unidad. La unidad no empieza con grandes convocatorias ni encuentros multitudinarios. Hay varias labores: la de los que denuncian día a día, tropelía a tropelía, tratando de encadenar los "hartazgos" de tantos; la de aquellos que con su ejemplo dan que pensar...Mas hay otras necesarias: pequeños encuentros previos donde se fragüe un camino y una forma de resistir y avanzar. Hablo de un ideario aceptable, que se manifieste, por necesidad en un libro que, independientemente del formato, lleve en sus páginas ya trazado más que un germen y un estilo: un ideal.

Carlos Manuel Sieteiglesias Alvarez