El feminismo ha estallado en el mejor momento desde el punto de vista político y en el más torpe desde el punto de vista del propio género.

¿Por qué digo esto? Porque somos miles y miles las mujeres que de forma silenciosa hemos pasado por la Historia ganándonos el respeto y el derecho a esa igualdad que ya tenemos, y lo hicimos demostrando nuestras capacidades con esfuerzo y coraje. Ahora nos vemos ninguneadas por esas otras mujeres que parecen despreciar la enorme lucha que libramos para conseguir aquello que ya ganamos y que insisten en reclamar. Siento vergüenza, y la siento porque muchas de ellas se dejan embaucar por políticos sin escrúpulos que no dudan en utilizarlas como meros instrumentos para envenenarlas contra nuestros hombres, nuestros hijos, nuestros padres, nuestros hermanos y nuestros abuelos.

 

¿Desde cuándo se potencia algo tan serio desde las altas esferas que carezca de interés para ellos mismos? Tengo bastante claro que las mujeres les importamos, pero me pregunto para qué. ¿O vamos a caer en la demagogia barata y sensiblera de que lo hacen porque sí?

 

Resulta preocupante ver el número de jóvenes o jóvenas que se suman a esta lucha sin dudar en salir a la calle a gritar, en ocasiones a vociferar. Esto hace que me sumerja en una profunda introspección mientras trato de entender qué les pasa por la cabeza. ¿Dónde está la trampa cuando una mitad de la sociedad se defiende a sí misma lanzando infames diatribas contra la otra mitad?

 

¡Está bien! Me pondré en su piel un momento, aunque antes responderé a un par de preguntas: “¿Estoy en la lucha correcta?”. Desde luego la respuesta sería “sí”. Pero si pienso “¿por qué?”, entonces surgen dudas. He dicho pensar. Si voy a contestar sin pensar soltaría frases como “queremos ganar lo mismo que los hombres” o “pedimos los mismos derechos que tienen ellos” e incluso “queremos igualdad”.

 

Ni soy feminista ni soy machista. Pero estoy orgullosa de ser una mujer capaz de pensar por sí misma.

 

Ahora, si eres negro, gay o inmigrante estarás mejor visto en nuestra sociedad que si eres simplemente un hombre. Me pregunto por qué las líderes políticas de este movimiento extremista tienen uno a su lado… Ummm. De nuevo vuelve la introspección. ¿Y si lo que hacemos es liberar prejuicios a base de gritar a favor de las mujeres? ¿Qué les impide a las feministas investigar la verdad en lugar de creerse todo lo que le cuentan y que por supuesto incita a la lucha? No vaya a resultar que lo que ahora reclaman, algún día termine por estallar en sus manos. Yo no me la jugaría sin antes estar muy segura de que hago lo correcto.

 

Provocar daño nunca sale gratis, y vivimos en un momento en el que se tiende a potenciar el odio y el rencor en detrimento del amor y el bienestar.

 

¡Pues claro que los hombres y las mujeres somos diferentes! Por eso nos reproducimos. Yo invitaría a esas mujeres a pensar, a asegurarse de que hacen lo correcto sin interferencias de otras opiniones, porque si están equivocadas luchando contra nuestros hombres, podrían provocar un daño irreparable en la sociedad. ¿Qué queremos? ¿Un mundo de amazonas con hombres sometidos? Conmigo que no cuenten. Muchos hombres mueren a consecuencia de actos diabólicos de mujeres. ¿Acaso la vida de una mujer vale más que la de un hombre? ¿Ambos son personas o ya los distinguimos por categorías de importancia? ¿Cómo de importante es un niño entonces?   

 

¿Qué le ocurre al ser humano? Vivimos enfrascados en una vida alocada, estresante. Infartos, asesinatos, accidentes. Al final todo se traduce en lo mismo: muerte.

 

Si catalogamos de micro machismo al hecho de que un hombre ceda el paso a una mujer, estaría bien catalogar de macro ordinariez a la forma en la que las mujeres hablan de sí mismas. Oír frases como “empoderándonos desde nuestros coños” o expresarse en términos de “las mujeres estamos hasta el coño”, denota una clase más propia de burdeles que de señoras.

La sociedad ha olvidado que nació libre y que somos nosotros quienes nos atamos con los cabos que nos ofrecen ciertos desaprensivos y desaprensivas. Debemos liberarnos de esas cadenas y empezar a pensar por nosotros mismos. ¿De verdad vamos a creernos toda la sarta de sandeces que se oyen en ciertos medios de comunicación? El hombre es hombre. La mujer es mujer. Ambos son imprescindibles y ninguno es mejor que el otro, como ninguno es diferente hoy por hoy. 

 

Jamás permitiré que otros piensen por mí. Les invito a hacer lo mismo.

 

María Godoy