La recomendación 14ª de informe del pleno del CGPJ sobre el Anteproyecto de la Ley Integral de Violencia de Género LIVG 1/2004 que fue remitido el 24/06/2004 al  Gobierno de Zapatero alertaba y advertía de manera clara qué significado tendrían los Juzgados de Género, eso nuevos templos del brujerío para juzgar en exclusiva a varones heterosexuales: «Carece de justificación crear una nueva categoría de juzgados (Juzgados de Género) sólo para mujeres, lo que lleva a una suerte de jurisdicción especial basada en la intención del agresor y el sexo de la víctima. Si los órganos judiciales no pueden crearse por razones de raza, ideología, creencias, tampoco pueden serlo por razones de sexo».

El Consejo General del Poder Judicial publicó un resumen de datos estadísticos judiciales en aplicación de la LIVG (Ley 172004). Se trata de un resumen de siete años, esto es, datos desde julio 2005 a junio 2012 en los Juzgados de Género (Juzgados para Mujeres) y desde enero 2006 a junio 2012 en los Juzgados de lo Penal y en las Audiencia Provinciales, según el siguiente cuadro:

 

Salta a la vista cómo las sentencias condenatorias en los Juzgados de Género alcanzan un 78,7%, mientras que las sentencias condenatorias en los Juzgados de lo Penal bajan al 52%, ello sin duda es debido a una mayor concienciación y mentalización del personal que trabaja en los Juzgados de Género. No obstante, a decir verdad, la máxima especialización en juzgar casos penales recae en los experimentados jueces que trabajan en los Juzgados de lo Penal, instituciones que debieron asumir los casos de violencia en las parejas sin necesidad de haberse creado una costosísima red de Juzgados de Género para juzgar específicamente a hombres heterosexuales, un disparate a todas luces. Por ello, por la experiencia que debemos reconocer a los Juzgados de lo Penal, consideramos que ese 48% de sentencias absolutorias se acerca más a la realidad de lo que acontece en las relaciones de pareja o exparejas, es decir, la mitad de los supuestos maltratadores no serían tales maltratadores, sino hombres inocentes.

Los datos de las Audiencias Provinciales, sobre los que no nos pronunciamos, muestran un marcado paralelismo con los de los Juzgados de Género.  Y sin perjuicio de que, claro está, ante las Audiencias se juzgan los casos más graves, que son los que suelen aparecer en los medios de comunicación.

De modo que los Juzgados de Violencia sobre la Mujer –Juzgados de Género–, materializan la puesta en práctica de un nuevo órgano judicial, antes inexistente e inconcebible, dado que se opta por una especialización de los jueces y en la práctica materializan un encorsetamiento jurisprudencial referido eminentemente al orden penal y en función de un tipo concreto de conductas delictivas específicas, atribuibles y esperadas de sólo una porción del conjunto de ciudadanos como es el colectivo masculino heterosexual.

 

José R. Barrios