Ya se que suena mal, pero otros vocablos se quedarían cortos y me permito usarlo porque la RAE lo recoge como tercera acepción, si bien malsonante: hostia Del lat. hostia 'víctima de un sacrificio'. 3. f. malson. Golpe, trastazo, bofetada.
 
España ya ha recogido los escombros que suele dejar la izquierda (léase frente popular) en pretéritas ocasiones. La revolución de Asturias o golpe de estado de 1934 perpetrado por el Psoe; el pucherazo de las elecciones de febrero de 1936; la guerra civil con los asesinatos, persecución religiosa, checas, expolios (léase robos) de oro joyas, etc; 40 años de vacaciones bajo la mesa; la resurrección socialista facilitada por la CIA y los servicios secretos  del tardofranquismo y financiada por la socialdemocracia europea y alemana, en especial.
 
Luego, el hoy venerado como gran estadista González dejó, como no podía ser de otra manera, sus escombros de corrupción, escuadrones y paro a tutiplén, habiéndole abierto el camino los franquistas que saltaron del banco al morir el general y se unieron en una desunión que acabó de igual forma, luego de la traición de unos llamados socialdemócratas (nadie sabía que era eso) y meapilas que se pasaron al Psoe unos y a la alianza de Fraga, los otros.
 
A trancas y barrancas llegó al poder el centro-derecha (?) esa sumisa y diligente criada que les barre y les asea la casa a la izquierda cuando ellos acaban la fiesta a altas horas de la madrugada con todo manga por hombro, pero que en el fondo de su corazoncito está enamorada de los señoritos y quiere ser igual de progre, de cultureta, de avanzada, de laica, de abortista, de no se sabe qué género y de ciscarse en sus antepasados y, en definitiva, ser como ellos. Puro papanatismo y cobardía.
 
Aznar lo dejó medio apañado, pero manos siniestras interiores y exteriores y enemigas del sur liaron la parda mediante una tragedia terrorista sin precedentes y el delfín que era el elegido para ganar y que luego se mostró traidor y cobarde, se quedó a dos velas.
 
Otra vez, los señoritos de izquierda en el poder con un irresponsable e indigente intelectual, psicópata, mentiroso y megalómano que hurgó y resucitó los odios, sellados a no mucho finalizar la guerra civil y los años de prosperidad que trajo el desarrollo económico que se frustró el iniciarse la llamada transición. ¿Transición a qué?, ¿a dónde? ¿a las crisis que hemos tenido que soportar y la que se nos viene encima?
 
De nuevo, los escombros materiales del indigente: paro, congelación de pensiones, bajada de sueldos a funcionarios, desaparición de empresas, subidas de impuestos, pero también las imposiciones educativas, mentales, culturales, sexuales, históricas, los imperios mediáticos  afines, la sustitución de los valores tradicionales de España y Europa, la ingeniería social, etc.
 
Por fin, en diciembre de 2011 gana el aspirante de 2004 al que los españoles le dieron 183 escaños que despilfarró a manos llenas, traicionando su programa electoral, al igual que el actual, dejando intacto el armazón ideológico, las mentiras, y todos los estereotipos y latiguillos lingüísticos  que dejó el felón Zapatero.
 
Y según parece, a la mitad de los españoles no les bastó un felón, que volvieron a votar a tres y toda una ralea de terroristas, independentistas y comunistas. Y en éstas estamos. Pero la Historia de verdad, no la llamada memoria histórica que no es más que una manera de llamarle a la venganza, nos dice que a no mucho tardar todos ellos se enzarzarán a hostia limpia.
 
Porque socialistas y comunistas nunca se tragaron, ni se tragan, y porque ambos nunca tragaron tampoco a los nazio-secesionistas. Ambos, socialistas y comunistas se han quedado sin la clientela obrera y ahora zascandilean, mentira arriba, mentira abajo, haciendo bandera del femi-nazismo, el género, la inmigración, el guerracivilismo, la ingeniería social, el lavado de cerebro a infantes y jóvenes mediante imperios mediáticos afines y una educación basada en sus contra-valores.
 
Pero, aunque coinciden en lo esencial: partir España, echar a la Monarquía y borrar de mentes y personas los valores tradicionales, seguro que acaban a hostias. Al tiempo.
 
José Enrique Villarino Valdivielso