Gracias a todos los que habéis expresado vuestros buenos deseos para mí y para El Correo de Madrid con motivo de mi incorporación a la dirección de este periódico artesanal producto de la voluntad de su editor, Álvaro Romero. Gracias también os sean dadas a todos aquellos a los que habiéndoles solicitado, ni siquiera un párrafo de ánimo, tan solo un par de líneas han evitado tan “arriesgado” compromiso. Lo comprendo, andan muy ocupados borrando su pasado en las Redes Sociales… “humano, demasiado humano” que diría Nietzsche. Filósofo al que tanto admiraban todos ellos y al que, sin duda, también habrán eliminado de sus textos sin rastro y sin memoria.

El Correo de Madrid no pretende competir con los grandes medios afluentes, beneficiarios y deudores del Poder. Somos conscientes de nuestra dimensión, de quiénes somos y, sobre todo, de nuestros magros recursos. Careciendo de la caricaturesca moral del Alcoyano, sí tenemos la de los soldados del Tercio Viejo de Zamora, el de Rocroi. Por eso sólo “hablaremos de rendición cuando estemos muertos”.

Seguiremos haciendo lo que Álvaro Romero quiso hacer con su criatura artesanal desde que la concibió: levantar las banderas de los españoles que no reniegan de serlo, fomentar un patriotismo inteligente, reflexivo y aglutinador, dar la batalla cultural, periodística e intelectual contra los que niegan y abominan de nuestra Historia, pelear contra las mentiras de consenso amparadas en la corrección política y no darle tregua ni cuartelillo a la izquierda tóxica, a la derecha pusilánime y cobarde abducida por la “gauche divine” ni al separatismo disolvente, porque para nosotros la Nación (la histórica y la política, las dos) está por encima de los intereses circunstanciales de su clase dirigente y de su Sistema. He ahí lo que somos y lo que pretendemos… con lo poco que tenemos. Con nosotros, quien quiera; contra nosotros, quien pueda. Gracias a todos y “suerte, vista, valor y al toro”