Lejos de tratarse de una afirmación, invitaría a la gente en general a recapacitar sobre ello.

¿Alguna vez se han detenido a pensar en el exagerado e histriónico avance del feminismo? Nunca me cansaré de repetir que se trata de la cara opuesta del machismo y que los extremos se tocan. Pues bien, ¿alguien ha tenido en cuenta lo que implica defender un extremo?

En los tiempos que corren, queda bien visto alardear de ser feminista, incluso si es usted hombre. De hecho, he visto a muchos definirse como defensores del nuevo movimiento con tal vehemencia que provoca pavor. Y eso hace que me pregunte: ¿seguro que su defensa es la correcta? ¿Quién está en posesión de la verdad? Diría que nadie pues si se basa la defensa del ser humano en un género en concreto, es que algo estamos haciendo mal. Posturas sexistas, no gracias.

Vayamos a la parte práctica para simplificar las cosas.  “El violador eres tú”. Muy bien. ¿Todos los hombres son violadores por el hecho de ser hombres? Gritos de “empoderándonos desde nuestros coños”, un mensaje en sí mismo más propio de verduleras que de gente imparcial. Mensajes que en definitiva invitan a mirar de reojo y con desconfianza al macho porque todos los hombres son potenciales asesinos, violadores y maltratadores. Sospecho que estos pensamientos que se vociferan y defienden a trote y moche sin impunidad alguna, terminarán en la destrucción de la propia mujer y por lo tanto del mundo femenino, que es bien distinto del feminista. También sospecho que este último se vale de la mujer.

He advertido alguna que otra vez acerca del peligro que corre el ser humano en general, sin particularizar en sexo alguno al defender un mundo dominado por féminas en el que el odio al macho se convierta en el común denominador, porque, ¿qué pasará cuando los hombres se cansen de la retórica y del zurra que dale que tienen ahora las mujeres? ¿Cómo van a perpetuar la especie nuestros jóvenes si están aterrados ante la idea de formar una familia porque desconfían de ellas? ¿Es eso lo que queremos?

Por otra parte, la LIVG no defiende a las lesbianas. Un maltrato entre mujeres pasa a ser un problema doméstico. Si se denuncia, se recibe una palmadita en la espalda y a casita a solucionar la “riña”, porque claro, las mujeres nunca son violentas. ¿Otra quimera que intentan colarnos para perpetuar el miedo y el odio hacia el hombre? Me asaltan las dudas. Si la intención es otra, que alguien me lo explique porque quisiera entenderlo.

¿Qué sucederá si los hombres deciden aislarse con las mujeres que no hayan caído en la idea absurda de que todos son malos? ¿Qué harán las feministas? ¿Cómo piensan reproducirse? ¿O es que tienen pensado hacerlo con máquinas que les den solo hijas que a su vez tendrán que reproducirse también con máquinas?

¿Qué les ocurrirá? La respuesta es evidente: desaparecerán. Y lo harán por haber caído en la idea macabra que nos venden por aquí y por allá.

Si nos consideraran fuertes, ni siquiera se atreverían a lanzarnos mensajes tan absurdos y fuera de toda lógica.

¿Quién está dispuesto o dispuesta a caer en una trampa tan baja? Quizá todos deberíamos dedicar un rato de nuestras vidas a pensar en qué narices nos intentan vender porque mientras nos enfrentan a unos y otros, los verdaderos maltratadores siguen matando, luego, la ley actual no sirve, como tampoco sirve señalar a todos los hombres con el dedo.

Gobiernos incapaces de defendernos prefieren que nos enfrentemos y de paso pagan justos por pecadores.

¿De verdad vamos a permitir que la nueva sociedad destruya a una parte de sí misma?

¡Qué pena! Algunos se saldrán con la suya si dejamos que eso ocurra porque justo quien predica que todos los hombres son malos, suelen tener uno a su lado, y me pregunto por qué.