Es un traidor que repta por la Moncloa y que se arrastra por las alfombras de los foros internacionales dejando una estela de untuosa cobardía y de oquedad intelectual. Llegó a la presidencia del Gobierno alojado, como un fardo de cocaína, en el intestino de las "mulas" separatistas y comunistas. Se aferra a los oropeles de tan alta magistratura con la misma pasión y con la misma fruición con las que los clientes de las saunas de su suegro se aferraban a las nalgas del sodomita de al lado. Ahora sus mulas políticas le pasan la factura por haberle metido de matute en el palacio de la Moncloa y... el miedo le hará vender a su madre, a la Mater Hispania, para poder seguir sudando su miseria moral en las alcobas de Palacio.
 
Pedro Sánchez le ha concedido a los traficantes del odio a España, poderoso narcótico de consumo obligatorio y gratuito en Cataluña y Vascongadas, la patente de corso internacional de un mediador en el "conflicto" entre las dos partes en litigio. Y el muy felón saca pecho  "democrático" vendiéndonos la traición como una tolerante demostración de su irrenunciable vocación de diálogo. Pedro Sánchez sabe que no hay dos parte en litigio, porque a él, que sólo respira para oxigenar su estúpida vanidad, España le importa menos que a los separatistas. Sí, bastante menos; porque para odiar tanto a algo o a alguien, el destinatario de tu odio ocupa siempre un lugar relevante en la prelación de tus sentimientos, en el código de tus emociones y en las prioridades de  tu agenda. No odiamos lo que no nos importa, y a los separatistas España les importa mucho, por eso la odian tanto. El traidor de la Moncloa es peor porque ni odia ni ama a España, simplemente le resulta indiferente, no cree en ella. Por eso la considera una mercadería con la que poder negociar y a la que se puede poner en almoneda en cualquier zoco subastándola como a las putas en las lonjas de Gomorra.
 
Por eso España está perdida. Su destino y su futuro dependen de un traidor que utiliza su presente renegando de su Historia, para entregar sus despojos a los que la odian con más pasión de la que dicen amar a Cataluña y a Vascongadas.
 
Pedro Sánchez, el traidor de la Moncloa, es un narcisista  y un ludópata de la democracia que está jugando a la ruleta rusa con España en el casino de los traficantes de odio. Sus croupiers son Torra y Pablo Iglesias. Son los que le suministraron la munición. El gatillo del tiro de gracia lo apretará el medidor; democráticamente, por supuesto.