Decía Ángel Ganivet que “España es un país absurdo y metafísicamente imposible”. Tenía razón mi maestro y colega regeneracionista. La prueba empírica ( una más, sólo una más) de su visión de España nos la ofrece hoy la fascinación electoral de la derecha sociológica con C,s. Mientras Albert Rivera estará sintiendo el estremecimiento de placer que se experimenta al dominar la inteligencia de otros en pos de sus propios intereses , yo barrunto la cómica sensación que se tiene siempre ante el peligro de lo absurdo. Porque absurdo es que C,s se haya convertido en la gran esperanza electoral de la derecha española.

Si la sociedad española fuera lógica y España un país metafísicamente posible, C,s sería la opción electoral racional y natural del socialismo jacobino legítimamente desencantado y cabreado con el PSOE de ése indigente intelectual que es Pedro Sánchez. Pero no, en España es la derecha sociológica  la que  cuelga sus esperanzas electorales, como una vela sin viento, de la raquítica figura política de Albert Rivera y su pléyade de candidatos de pasarela.

La génesis de la pérdida del mapa, de la brújula y de los puntos cardinales de la derecha española data de la podredumbre ideológica y moral del PP y de la ruptura de la relación entre la necesidad y la cosa o persona necesitada. De ahí  que la derecha española lleve muchos años ofreciéndose, como Ifigenia en Aulide, para ser sacrificada, hasta ahora en los altares del PP y a partir de ahora en los de C,s.       

Lo más difícil es hacer evidente lo que nos pasa, y lo que le sucede a la derecha sociológica española es que se ha convertido en una marioneta electoral porque lleva muchos años proclamando aquello en lo que, de verdad, no cree y actuando como si deseara creerlo. Claro que todo depende de la actitud interior, y cuando la voluntad no es fuerte en vez de empujarte te detiene. Por eso ahora la derecha sociológica se detiene ante los altares de C,s para ofrecerle a Albert Rivera su desencanto y el estrago de sus ilusiones perdidas en el PP sin querer, no ya ver, ni siquiera oír que C,s nace del mismo semen envenenado que emponzoña todo el Sistema político español.