Jóvenes treintañeros con ganas de comerse el mundo, guaperas con rimas y viseras con, influencers con cientos de seguidores cuyas opiniones son capaces de movilizar a multitudes a salir a las calles, pero cuando se trata de que esos pseudo seguidores sean capaces de realizar la compra de un modesto ticket…todo se vuelve frustración y en cierta manera mentira. Lo que hoy día llamamos grandes cantantes se las arreglan y hacen malabares para a duras a pena llenar a precios muy humildes locales de no gran capacidad.

 

Existe alguien cuya sola convocatoria en web y más bien pocos carteles, vestidos con un traje de hombre conservador, sin ir vestido como un joven rapero, y cuyo precio de entrada dista mucho de lo que se ve en el día a día, es capaz de llenar cuantos días se proponga sin apenar hacer más que encantar y por supuesto deleitar cantando: no es otro que Julio, si…Julio Iglesias.

Los verdaderos artistas, aquellos que pasan más de tres generaciones, no necesitan grandes promociones sino que más bien el simple hecho de que su nombre se encuentre en algún que otro cartel de la ciudad es capaz de generar un ambiente de grandeza en toda la localidad, donde el boca a boca se difunde a la velocidad de la luz, y es luego cuando ese estadio de unas 25000 personas (no ¡no se me ha colado ningún cero), es capaz de quedarse pequeño ante alguien como Julio. Cualquier audiencia por grande que sea, y hay que tener en cuenta que ha actuado ante públicos de más de 150000 personas a lo largo del globo terráqueo, se queda enano y minúsculo ante lo que este hombre representa a la música.

 

Su influencia no llega a ser comprendida en toda su grandeza por una juventud que se sienta atraído por letras vacías y sensuales. Algún día no muy lejano irán descubriendo las letras de este maestro de la música universal cuyas letras han sobrepasado las fronteras y la cultura. Se escucha tanto en China como en Jamaica, y su agradecimiento se expresa en cada concierto donde se desgasta dando lo mejor de él: su voz y su encanto.

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Foto extraída de: www.julioiglesias.com

 

No sabríamos decir si la dependencia es más fuerte de Julio hacia el escenario y su público, o si de éste hacia Julio. Lo que sí sabemos es que entre ambos no solo existe una inter dependencia recíproca, sino que llevan un romance de 50 años que tienen vistas a ser eternos. Aquellas nupcias con “La vida sigue igual” se siguen sucediendo hoy día siendo el mayor artista de la historia que luego de tantas décadas sigue emocionando y llevando a la auténtica euforia a multitudes. No podrá suceder nada que separe a la gente de su artista que ama y que le quiere agradecer sus melodías

Su vida gira entorno a la música y es capaz de realizar y disciplinarse al máximo para ser capaz de poder estar más de dos horas de espectáculo y deleitar a sus fans, los cuales se llevan sus bocadillos y esperan ilusionados llegados de todos los lugares para tararear con Julio las canciones de la cuna, aquellas que sus papás les cantaban para que estuvieran alegres. Son esas las melodías con la que cuatro generaciones nacieron, crecieron y se reprodujeron. Su música será siempre eterna pues los grandes nunca mueren.

La conquista en todo lo que se ha propuesto siempre ha sido su gran reto y meta: para sobrevivir después de un fatal accidente de tráfico, para conquistar lo femenino (lo cual ama, aprecia y respeta) y en el terreno profesional. Ha conquistado todas las áreas de su vida pasando de ser un conquistador a un conquistado por el corazón de sus seguidores. Y es que lo que diferencia a Julio del resto, es que es capaz de unir y juntar a las personas por medio de su música y letras y cuando eso sucede significa que no se olvidarán nunca de él.

No tengo que hacer ningún llamamiento para que vayan a verle. El no necesita de publicidad ni de marketing, pues su solo nombre es sinónimo de éxito y de rotundo “Sold out”, pero sí que a los que le queremos y admiramos no perdamos la oportunidad de poder darle las gracias por esa música que nos ha acompañado desde nuestra juventud y a la que hemos recurrido en tantos momentos. Hace décadas que superó a sus maestros, pero aun con todo en esa humildad que solo los grandes poseen, sigue aprendiendo de ellos como si de un novato jovenzuelo se tratase.

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Foto extraída de: www.julioiglesias.com

 

Julio ha trascendido el tiempo y la música colocándose en lo más alto por sus méritos artísticos, los cuales reivindicamos desde esta columna y ha puesto a la lengua castellana, la de Cervantes en un lugar preeminente como nunca antes. Julio ha vuelto, o más bien, nunca se ha ido. El próximo 29 de junio en Estadio Altice Arena, en Lisboa ante millares luego de haber comenzado su periplo europeo en lugares tan dispares como Finlandia, Polonia, Bélgica, Holanda... y tendré el tremendo honor de poder estar en una de las primeras filas con la cobertura y acreditación de este medio para procurar tener unas palabras con el astro.

Su vida es la música y estar en el escenario, y él tiene necesidad de su público, pero éste también le demanda su permanencia y defensa de lo que ha sido, es y será por siempre.

 

José Ángel Sánchez Prieto- Josesanchezprieto1988@gmail.com

Enviado acreditado al concierto de Lisboa (29/06/2019) por “El Correo de Madrid”.