Gas natural comprimido, gas licuado del petróleo, electricidad, hidrógeno y, los de toda la vida: gasolina y diésel. La oferta actual de fuentes de alimentación para nuestros coches es la más amplia y surtida de la historia. Ahora bien, ¿cuál conviene escoger? ¿cuál es la mejor? La teoría puede decir una cosa pero la práctica otra. Por eso, hoy evaluamos una un tanto desconocida: el gas natural comprimido o GNC.

Se trata del mismo gas que queman las calderas de nuestros hogares para calentar el agua de la calefacción y los grifos. Y, en el caso del Gas Natural Vehicular para los motores, funciona igual que la gasolina. El gas es inyectado en los cilindros junto con aire y la chispa de la bujía hace que la mezcla explote. El resultado es la liberación de energía que se transforma en movimiento. La diferencia se encuentra en esa combustión. Por la composición química del gas, resulta más limpia que hacer explotar gasolina.

Por lo tanto, el residuo que se emite a la atmósfera es menor. Si se compara con un motor gasolina de prestaciones similares, las emisiones de dióxido de carbono (CO2) se reducen un 25%. En el caso de los diésel, las emisiones de óxidos de nitrógeno (NOx) se reducen hasta un 75%. Por otro lado, las partículas de hollín y el dióxido de azufre, son casi nulas. Gracias a estas cifras, los coches con motor híbrido gasolina-GNC están catalogados como ECO según la DGT. Con las ventajas que ello conlleva. Además, al precio actual de los distintos combustibles, el consumo de estos motores es hasta un 50% más económico que el equivalente en gasolina. Y hasta un 30% en el caso de los diésel.

¿Desventajas? La red de gasineras en España apenas supera las 70 estaciones por el momento. Aunque esta cifra crece año tras año, todavía es reducida y supone una limitación para los usuarios. Si el gas que usamos es renovable, se consigue además un circulo virtuoso. Si queréis saber más acerca de esta tecnología y su procedimiento de repostaje, no dejéis de ver el vídeo en el que explicamos todos los detalles.