Antaño el español era un hombre serio y de palabra, noble, de orden. Te decía las cosas de frente, era gente grave y responsable. Había más puntualidad, más respeto y saber estar. Hoy en día abundan los cantamañanas.

Aún no hace un año que me dedico de forma más o menos habitual a hacer, siempre que se puede, una entrevista diaria. Es muy enriquecedora la experiencia de tratar temas y personajes muy variados, políticos, intelectuales, deportistas...y gente que en general tiene algo que contar, siempre (salvo excepciones) con un mínimo de consonancia al menos con la línea editorial de este digital.

Muchas veces conseguir una entrevista es una odisea, pues muchos de los personajes se tornan escurridizos, que es un eufemismo para ocultar lo que en el fondo son, gente informal e impresentable, unos imbéciles, por no decir otra palabra peor sonante y más contundente que significa lo mismo, gilipollas.

Parto de la base de que contra el vicio de pedir, la virtud de no dar. Cada persona es libre de conceder o no entrevistas cuando quiera y al medio que quiera. Hasta ahí no tengo nada que objetar. Si me dicen que no les interesa la entrevista porque no comparten nuestra línea editorial: perfecto. Es lo más noble. Las cosas de cara, de hombre a hombre.

O incluso puede aceptarse una excusa más diplomática, como que no dominan el tema o que no les interesa aparecer o que están saturados de cosas y no tienen tiempo. Hasta aquí es algo más o menos razonable.

Lo que no me parece de recibo, es que te digan que sí, que sin problema y que les envíes las preguntas y pasen días y días, semanas, meses y no respondan nunca el teléfono, ni el correo y desaparezcan. Señores den la cara y digan: lo siento me comprometí, pero al final no voy a poder hacerla.

O si no desaparecen, te van añadiendo un aluvión de excusas que, si llevas años en esto, no cuelan. No suelo dar una entrevista por perdida por difícil que sea, pero hay ocasiones en las que no hay manera. Por supuesto que con gente así es mejor pasar de ellos, ya sabes lo que hay y lo que dan de sí.

Siempre está la tentación de querer recuperar esa entrevista que se resiste, pero suele ser en vano. Cuando no les da la gana, no hay manera. Señores, no me hagan perder el tiempo. Hablen claro, un no me interesa gracias ahorra muchos esfuerzos y malos ratos.

Apartado especial merecen los que no te quieren atender siendo personas afines a la causa y luego pierden el trasero atendiendo a medios hostiles. Y lo que es inaguantable ese divismo de los que se creen por encima del bien y del mal y solo atienden a los medios que consideran importantes, ninguneando a los que no consideran gran cosa. Entre estos suele haber imbéciles y endiosados supinos. La gente verdaderamente grande es humilde y cercana.