Eduardo García Serrano ha sido designado como nuevo director de El Correo de Madrid, tras ser, durante su corta andadura, una de las firmas más emblemáticas de éste digital. El nombramiento le ha venido por sorpresa y lo acoge con inmensa alegría y plena motivación en aras a la consolidación y crecimiento de la web.

Tiene palabras de elogio sobre la labor del anterior director, Juan Pfüger, con el que guarda una relación de amistad y le desea suerte en su nueva andadura y de agradecimiento con el gerente Álvaro Romero, que ha confiado en él para capitanear éste ilusionante proyecto. En esta breve entrevista de presentación nos habla del nuevo reto, de la línea editorial y de cómo concibe el periodismo.

 

¿Se esperaba este nombramiento como director?

La verdad es que no me lo esperaba, porque Juan Pflüger estaba haciendo una gran labor al frente del Correo de Madrid y no pensaba que pudiese haber un cambio de director. Cuando Pflüger decidió orientar sus pasos profesionales en otro sentido, tampoco esperaba que me nombrasen a mí. Cuando el gerente Álvaro Romero me lo comunicó, me colmó de satisfacción y felicidad.

 

¿Qué supone para usted en su trayectoria el nombramiento como director de un medio como el Correo de Madrid?

Para mí supone dirigir un digital que está orientado a lo que yo llamo la España Nacional. Yo desde que era un adolescente, en el siglo pasado, no hago distinción entre izquierda y derecha. No he sido nunca ni de izquierdas ni de derechas, aunque la derecha sociológica me capitalice en la modestia que yo pueda aportar. El Correo de Madrid me sedujo desde el primer momento en que Álvaro Romero me invitó a escribir en él, hace más de un año, porque es un digital dirigido a la España Nacional, a los españoles que no reniegan de su origen, a los españoles que se sienten orgullosos de la Historia de este país desde Numancia hasta 1975.

Para mí es un honor dirigir este medio, el medio con el que había soñado siempre, ni de derechas ni izquierdas, sino un medio dirigido a la España Nacional. En mi modestia trataré de mantener ese rumbo y de aglutinar cada vez más lectores, también en la modestia que tiene el propio medio. No somos un digital apoyado por grandes grupos financieros, grandes grupos empresariales, pero tenemos un índice de lectores, de visitantes, muy importante e in crescendo. Mantendremos ese rumbo cueste lo que cueste.

 

Veo que está muy feliz y línea editorial de El Correo coincide plenamente con lo que usted piensa, ¿le va a dar un toque personal en donde se aprecie su impronta?

Eso es inevitable, ya nos enseña Ortega la famosa frase: “Yo soy yo y mis circunstancias”. Yo tengo una personalidad que es la que es, que provoca un rechazo enorme por parte de ciertos sectores políticos, lo cuál a mí me marca el rumbo de la brújula, eso es que lo estamos haciendo bien y que provoca el aplauso de un sector de españoles, al que nosotros nos dirigimos, al que queremos aglutinar y por supuesto la impronta García Serrano es inevitable, está en la naturaleza de las cosas.

A las personas que si buscan la verdad, si se sienten huérfanos de medios de comunicación, si están hartos de la melopea políticamente correcta, si están hastiados de ver, leer y escuchar en todos los medios los mismos mensajes y la defensa de las mismas estupideces que nos han traído hasta el borde de ese gran osario universal de todas las naciones que son los Balcanes, nos busquen más, entren en El Correo de Madrid y les garantizo que se van a quedar.

 

Usted aporta rigor, seriedad, valentía, experiencia, conocimiento y mucha dedicación, pero la objetividad no existe en la práctica en el periodismo...

Efectivamente. Nunca he perseguido en el periodismo esa estúpida lección de Aula Magna de Facultad de Ciencias de la Información, en donde se enseña que el periodista debe ser objetivo. Ante la profanación de una iglesia no puedo ser objetivo, ni narrar el hecho objetivamente. El periodista debe perseguir la verdad y por supuesto pasarla por el tamiz de su formación, de sus convicciones morales y de sus convicciones ideológicas y políticas, pero no ocultando ningún dato del hecho concreto que se narra, por mucho que ese dato roce nuestras convicciones morales, nuestra ideología política. 

No se trata de ocultar ningún dato, pero sí de contar las cosas como un católico de la España Nacional las debe contar. Un periodista no debe buscar la objetividad. La objetividad es el refugio de los cobardes, de los tibios. Recuerdo de mi catequesis aquellas palabras tan sabias de Nuestro Señor que decía que escupiría de su boca a los tibios.  El periodista debe perseguir la verdad, aunque la verdad no sea democrática, aunque la verdad no sea constitucional, aunque la verdad no sea pro multiculturalidad, pro ideología de género. La verdad hay que buscarla y hay que defenderla. Esto que dicen ahora que los periodistas debemos defender la democracia, la Constitución etc. es falso. Debemos defender la VERDAD, aunque la verdad no sea la autodeterminación de los pueblos de España. No, la verdad es la unidad políticamente hablando.

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¿Va a introducir alguna novedad importante en el medio?

De momento vamos a tratar de mantener la gran labor que al frente del Correo de Madrid han hecho, por supuesto, Álvaro Romero y mi entrañable amigo y camarada Juan Pflüger.  Como decía ese español universal y gran sabio de la Iglesia, San Ignacio de Loyola, en tiempos de crisis no hacer mudanza. Vamos a consolidar lo que tenemos y a partir de ahí vamos a tratar de incorporar a nuevos columnistas, que a mí me gustaría que firmasen por lo menos una vez a la semana.

 

¿Podría dar un mensaje final explicando los motivos por los que El Correo de Madrid es un medio de garantías?

Diría a las personas que si buscan la verdad, si se sienten huérfanos de medios de comunicación, si están hartos de la melopea políticamente correcta, si están hastiados de ver, leer y escuchar en todos los medios los mismos mensajes y la defensa de las mismas estupideces que nos han traído hasta el borde de ese gran osario universal de todas las naciones que son los Balcanes, nos busquen más, entren en El Correo de Madrid y les garantizo que se van a quedar.