Abascal, el lunes, puño de hierro en guante de seda. Un grácil y fiero tigre, valga el oxímoron, frente al hipnótico y preciosísimo Luquitas de Riveleta. Aplastó dialécticamente a sus rivales de forma clamorosa. Todos los medios, de papel y digitales, sentencian: el ganador del debate fue el líder de VOX. Cabalmente previsible. Pudo llegar, por fin, a cierta desprejuiciada audiencia que pudo escuchar sus mensajes. Sin filtros. Sin interferencias. Pudo mostrar sus propuestas "sin manipulaciones", sin la mediación poco favorable de los perrodistas del Sistema. Abascal, además, fue favorecido por el discreto ninguneo que sus contrincantes quisieron proporcionarle en insólita ofrenda. De esa manera, pudo transmitir sus mensajes sin apenas réplica. Pura comodidad. Abascal fue de menos a más. Comenzó mirando fijo, algo huidizo y bisojo, a la pantalla. Poco más adelante fue cogiendo cierta confianza, venciendo en desenvoltura y elegancia. Algo artificioso al inicio, fue bosquejando una naturalidad que tan solo podía, a la larga, beneficiarle.

 

Cum Fraude, desbrujulado

Su sórdida némesis, Cum Fraude, le ignoró en todo momento, craso error, transitando lo mínimo necesario por las cuestiones más delicadas de su pésima gestión, como la catástrofe económica en ciernes o el separatismo catalufo, acomodando su enfática verborragia hacia asuntos aparentemente más cómodos, verbigracia: despoblación, ilegalización de asociaciones franquistas, políticas "sociales". Futilidades retóricas. El psicópata monclovita no paró de zarandear el evanescente fantasma de la extrema derecha. Burda estrategia y grotesco subterfugio contra Abascal. Fútil e infecundo. El ectoplasma del miedo a la ultraderecha pierde gas. Las hipérboles desactivas generan un reactivo efecto bumerán al evidenciarse, durante la emisión televisiva, descarnada y fehacientemente, la espaciosa y mendaz fatuidad que se gasta El Lenin de Tetuán.

Familia, patria, raíces

¿Por qué venció Abascal? Porque transgredió ciertos tabús. Franqueó ciertas conradianas líneas de sombra. Pensó lo impensable. Dijo lo que nadie quiere o puede decir. Aceptó hablar y ver el horror. Por ejemplo, sin dirigirse a distantes lares, ni uno solo de los grandes partidos, antes del surgimiento de VOX, se ha enfrentado a la totalitaria, liberticida y supremacista Ley de Violencia de Género y a la cacería moral, intelectual y judicial del varón. Ni uno solo ha demostrado apenas fortaleza ante los separatistas, ni se ha opuesto a la desorejada inmigración masiva e ilegal. Cuestiones nucleares en juego para tantos compatriotas, más allá de las zurdas o diestras: familia y patria, ambas vaporizándose cruel e irreversiblemente. VOX, en ese sentido, aunque trémulo y a medio gas, prefiere señalar la putrefacción del cadáver, puntear la podredumbre, indicar la purulenta llaga. Mejor o peor, VOX deviene rompeolas de sujeción contra el crepúsculo social y la planificada evaporación de España y de las familias, tan echadas a perder las pobrecicas.

 

Matrix pijoprogre

VOX, con inexactitudes y medias verdades en su discurso, desacomplejadamente, representa cierta disidencia ante el Matrix progre. Un tsunami pijoprogre precisamente nada "democrático". Como todo maremoto, avasallador y opresivo. Controlada o no, semejante disidencia pone negro sobre blanco un estado de hartazgo bastante generalizado. Un dolor innúmero agrupado en nuestros costados ante la inquietante sospecha de haber sido sistemáticamente estafados por el narcorrégimen pederasta del 78. Hachazos, visibles e invisibles, homicidas, proporcionados por los gallifantes del 78, guiñoles de cachiporra de los genuinos poderes globalistas. Dicho rudamente, cornudos y apaleados, muchos españoles han preferido no continuar poniendo la cama. En fin.