Releo tu imperecedero artículo sobre nuestra victoria sudafricana. El sueño cumplido (12, VII, 2010). Futbolísticamente, España, enquistada "como una unidad de destino en lo perdedor". El gol de Zarra, la hazaña contra Malta, el arrollador pelotón de Sabino, el testarazo de Marcelino. Poco más. Acumulando melancolía futbolera tras otra. De repente, las cosas cambian. Dos años antes, gloria en la Eurocopa, 2008. Y el mundial, espoleta.

Ceniciento principiar, Suiza. Luego, resucitar de esas mismas cenizas. Deambular agonizante, triunfamos. Certero, supiste, que "un equipo de fútbol de pronto se convertía en la consagración de todo aquello que la nación española, fallida, siempre aspiró a ser". Poseímos la poderosa certidumbre de que el fútbol proporcionó durante un breve suspiro macizo orgullo patrio. Tantas veces, el fútbol en nada se parece a la vida. Y mucho menos a la política nacional.

David Gistau, grande, muy grande

De la estirpe de los colosos, física y moralmente, la muerte de David nos arroja a una desalentada pesadumbre. González-Ruano, Pla, Camba, Manuel Alcántara, Francisco Umbral. David, santo (laico) súbito, olimpo del columnismo. Prosa uppercut, agudísimas y martilleantes metáforas, cáusticos símiles, vasta erudición sin pretensiones, lirismo traspasado de innegociable cinismo, fuegos estilísticos que no se extinguen. Con barba entre mosaica y vikinga, turbamulta de leones, su pasmoso estilo, noblemente liberal y burgués, mostrabas tan a menudo verónicas de alhelí.

No podremos leer tu gran novela, te quebraste prematuramente. Gente que se fue, título tenebrosamente profético. Excelente conjunto de relatos, devenía el benemérito presagio de algo novelísticamente grande. Recordemos. La España de ZP y ¿Qué nos estás haciendo, ZP? O tus tres novelas. A que no hay huevos, Ruido de fondo, Golpes bajos. Releeremos artículos, reseñas, reportajes. Proseguiremos palpitando con tus pasiones, que tanto comparto. Balompié, boxeo, radio, literatura, cine de mafiosos y pistoleros.

Dejando el mundo engañoso y su halago

Seguiremos, seguiré, aprendiendo con tu hipnótica e inimitable prosa. También alegrarás la sombra de mis cejas, batallando contra la esencia corrupta del Poder. Sedimentando posos de escepticismo hedonista, contra los ofendiditos de toda condición. Ante el lóbrego y lúgubre destino que aguarda a España, risa burlona, irrefutable carcajada, diestramente armada de prodigiosa memoria. Huyendo de patrioteras solemnidades, escaqueándote de tribales trompeterías, cagarse fina y elegantemente en todo.

David, te voy a echar mucho de menos. De verdad. En fin.