Hortera de bolera, Pedro Sánchez. Exposición el pasado domingo en Espacio Rastro, a tiro de piedra de la masónica Puerta del Sol, de la liberticida propuesta sociata para el próximo fraude electoral en ciernes. El PSOE, partido/partida del crimen y el latrocinio, intenso e intensivo, apuesta con desaherrojada furia por la última piedra filosofal de la tiranía: digitalización. Mientras tartajea su latosa pesadilla, expone, circunspecto y perínclinto, que anhelan “liderar, y así lo hemos hecho durante este último Consejo de Ministros, la tecnología móvil 5G, con nuevos proyectos piloto que estamos poniendo en marcha. Y la garantía de redes ultra rápidas de 100 mega…pips, será… mbps, en escuelas". Cum Fraude ignora lo que es un megabyte. Tampoco sabe juntar letras y, en su razonable ordo mundi, leer y encadenar sentidos. Su botarate discurso digital, partícula de otras apayasadas soflamas tecnocráticas. Justificaciones y racionalizaciones teóricas de grandes instituciones, gallifantes  y potestades de distintos ámbitos y disciplinas: ONU, FMI, OCDE. Asunto, la tecnoporquería 5G, infinitamente más nuclear que la exhumación de Cuelgamuros o la sentencia de los separatistas catanazis. Lea, Plagios, lea, hacia dónde nos conduce su opresiva tecnomierda 5G.

 

5G, sociedad de sumisas ovejitas

5 G, sin escape, sin salida, sin esperanza. 5 G, humanidad zombi. 5 G, humanidad robotizada, desprovista de libre albedrío y emoción, creatividad y espiritualidad, esos asuntos tan humanos, demasiado humanos. 5 G, inhumana humanidad o concluyentemente deshumanizada. Infrahombres, seres nada, habitando el planeta como postreros esclavos. La Tierra será un lugar adecuado tan solo para aquellos que no sientan empatía, piedad ni sentido de pertenencia alguno. Y hemos de recordar que la forma más vigorosa de dictadura y dominio es aquella que no puedes ver y que ni siquiera intuyes. Élites muy psicópatas para rebaños extremadamente dóciles. Violar cuerpos y almas y hogares. 5 G, vigilancia policial y militar 24/7, control de multitudes, cámaras biométricas, drones de vigilancia pululando sobre nuestras testas, ya con chips voluntariamente implantados. Saber lo que haces y, sobre todo, lo que piensas. Rastrarlo como perros de presa. 5 G, control de las masas mental, emocional y físicamente.  La próxima vez que aproximemos el móvil a la oreja será dable recordar que es un arma de destrucción masiva y no un juguete inocuo o una utilidad provechosa.

 

5G, arma de destrucción masiva

El WIFI y las microondas electromagnéticas se desplegaron como armas de guerra secretas en la década de 1950. Armas sigilosas para conflagraciones serenas. Un clásico, perfectamente descrito por sus promotores, en el volátil itinerario de los programas de defensa militar lanzados clandestinamente durante el evo de Guerra Fría entre la URSS y USA. WIFI, arma de guerra, obvio. Nunca debería haber sido inventado, mucho menos utilizado con fines militares. Ahora es casi imposible ir a cualquier lugar donde no esté activo. Las frecuencias que se utilizarán en el ensanchamiento de la tecnología 5G implican un acrecentamiento geométrico de los niveles de transmisión. El sueño húmedo de mentes criminales: un solo gobierno mundial, una sincrética religión mundial, ejército mundial, banca mundial, moneda mundial y una población de microprocesadores, no de hombres decorosos, para un control óptimo de cualquier contingencia. La mierda electromagnética, un grano de arena más. Las ondas de frecuencia electromagnéticas, armas de control mental. Una horrenda guerra psicológica con sabido perdedor. Lo sabrán todo de todos y en todo momento. Su victoria. Nuestra derrota.

 

Hipnótico artificio

5 G, perfecta (y andrajosa) coartada para la actual contienda comercial entre China y USA. El lanzamiento propuesto de la 5G incluirá el lanzamiento de unos veinte mil satélites, de los cuales las antenas de objetivo múltiple, conocidas como” matrices escalonadas “, irradiarán asiduamente cada centímetro cuadrado del planeta desde el filo del espacio. Todo ello para ofrecer a los naciones tecnoindustriales internet sin demora, o al menos, eso babosea la historia. 5 G, los blablablas, excusiatio non petita, de rigor: poseeremos quelis “inteligentes”, negocios “inteligentes”, autopistas “inteligentes”, ciudades “inteligentes”, señales de tráfico  "inteligentes" y automóviles autónomos. La hostia de inteligente todo. Smart, armamento secreto militar transformado en juguetitos para plebeyos. La chusma solo merece bazofia. 5G, parte de la jacarandosa familia de frecuencias electromagnéticas. Esta forma sintética de electricidad pulsada surgió, aclaremos otra vez, como un perfeccionamiento del armamento militar y de la ignominiosa labor de los servicios secretos, utilizando frecuencias de microondas para penetrar en los edificios y machacar a los “enemigos”. Y, llegado el caso, carbonizarlos en las manifas. Pero no se inquieten. Todo será la rehostia de Smart. Los carros irán a su puta bola, sin conductor que rija el ataúd con ruedas. Lo llaman coche. Prácticamente todo, desde neveras y lavadoras hasta cajas de leche, peines y pañales para rorros, contendrá antenas y microchips y se ligará de forma inalámbrica a internet. Todas las personas en la Tierra tendrán acceso instantáneo a comunicaciones inalámbricas de mega alta velocidad. El 5G permitirá multiplicar la velocidad de la red entre diez y veinte veces. El internet de las cosas y esas gansadas tan cool. 5 G, nos vendemos por bien poco. Al menos Esaú lo hizo por un plato de lentejas (Gen 25, 27-34). La primogenitura en el antiguo Israel era tema nuclear. Nuestro precio, propio de chusco esclavo. Oigan 5G, digan fascinante añagaza. No pasar. Jamás.