Todo ello es una trampa para espiarnos, nos están engañando a todos. 5G es una necesidad creada para la explotación de datos. Su objetivo no es servir al bien común sino tener un control absoluto en el espacio en el que opera. Es una red de vigilancia mucho más densa y rápida. Nos venden que con el 5G habrá coches autónomos, operaciones quirúrgicas a distancia... cuando en realidad tienes problemas comprando un medicamento en una región que no es la tuya. ¿Qué realidad nos están vendiendo? En realidad nos están engañando a todos, el 5G es una farsa, es una gran trampa para espiarnos.

La clave está en que el 5G no es como la infraestructura tradicional de internet, basada en los protocolos de TCP/IP, que era el sistema diseñado en los 80 precisamente para impedir que los dueños de las infraestructuras, en ese momento las operadoras de telefonía, tuvieran control sobre el tráfico de datos. El 5G deja pleno control de todo. 

 

Twitter, WhatsApp o Facebook son máquinas de propaganda infinita, lugares donde la gente se forma su opinión en lugar de acudir a los medios.

 

Las redes crean una visión del mundo diseñada para ti a partir de todo lo que saben de ti. Es lo que se llama filtro burbuja: pensamos que somos nosotros los que elegimos fuentes de información que nos generan confianza o nos dan la razón. No es así. Tú no vas a buscar las noticias, las noticias te buscan a ti. Todos pensamos que estamos leyendo lo mismo, pero en realidad leemos cosas que han sido seleccionadas para nosotros por un algoritmo.

El Apple Watch es una locura. La información sobre tu salud es lo más protegido que hay. Hay 54 leyes diferentes en España protegiendo nuestros datos sanitarios. Algunas europeas, otras regionales, otras nacionales. ¿Y qué hacemos? Nos ponemos una pulsera que lo mide todo y se lo envía a Apple o a otra compañía estadounidense. Todas estas aplicaciones están vendiendo información sobre ti que se concentra en distintos lugares. Por ejemplo, empresas de seguros. En países con seguridad social privatizada, el precio que pagues para tener asistencia médica variará mucho dependiendo de la información que tengan sobre ti. 

Las apps es como el tabaco sabemos que da cáncer pero seguimos fumando

Los inventores de estas industrias contrata a genios para explotar esa vulnerabilidad. Y ha pasado tan deprisa y ha sido tan guay que hemos sido incapaces de evaluar el daño que nos está haciendo. Todo esto nos ha hecho darnos cuenta que, esta dependencia nos hace infelices. Lo que hemos aprendido de múltiples estudios psiquiátricos y psicológicos en la última década es que estar constantemente interactuando con un dispositivo, por mucha satisfacción que te genere a corto plazo, en realidad te produce una gran infelicidad. Te desconecta de la gente. Conduce a un estado de soledad, te aísla de las personas. La gran mentira es que pensamos que somos adictos al contenido, a la información de fútbol, cocina, economía, tecnología... lo que sea. La realidad es que somos adictos a la aplicación. No existe la adicción a internet sino a las aplicaciones, a WhatsApp, Instagram o Twitter. Están diseñadas para que sientas que están pasando cosas ahí y que tú necesitas estar pendiente porque si te quedas fuera te quedas fuera para siempre. Están creadas para que tengas miedo a quedarte atrás. Entras el metro y está todo el mundo pegado a su pantalla. Si eliminas al 32% de quienes están jugando al Candy Crush, que también está diseñado para ser adictivo, la mayor parte de la gente está en su Facebook, en su Instagram etc.

Las estadísticas de los últimos años sobre depresión adolescente vinculada con el uso de redes sociales son contundentes, hay una relación altísima. Hay países como Reino Unido donde se ha creado un ministerio de la soledad. 

 

 ¿Por qué nos dejamos espiar así, somos idiotas o qué nos pasa?

No somos del todo responsables de lo que nos pasa porque la pelea contra el poder de estas aplicaciones es muy desigual. Estas empresas contratan a cientos de genios para componer un pedazo de código cuya función es mantenerte pegado al móvil durante el mayor tiempo posible. La gente tiene que ser consciente de que estas aplicaciones no son inocuas, están diseñadas literalmente como máquinas tragaperras, para ser irresistibles, no porque ellos quieran crear adictos, sino como consecuencia de su modelo de negocio, que consiste en extraer datos. Y para que ese modelo funcione, necesitan tenerte colgado del móvil.

 

El monstruo de Facebook

Cada vez que le das al me gusta o subes una foto a Google o envías un mensaje idiota con un emoticono, usas una infraestructura que consume una gran cantidad de energía.

¿Explotación de empleados? Facebook subcontrata muchísimo en EEUU y fuera, en ciudades como Barcelona. En estos sitios los empleados están sujetos a horarios infernales y, sobre todo, a un trabajo que en la mayor parte de países civilizados estaría prohibido: ver decapitaciones, gente torturando animales, vídeos de adultos manoseando niños... Sobre la explotación de los usuarios, más allá de cómo usan nuestros datos, hay un ejemplo: Facebook te hace etiquetar a todo el mundo solo para perfeccionar su algoritmo. Ha explotando tanto a los usuarios para esto que su algoritmo de reconocimiento facial es uno de los más infalibles del mundo, con una precisión del 97%, más que el del FBI o la gente que lleva años dedicándose a esto. Y todo porque ha tenido a sus miles de millones de usuarios etiquetando fotos durante 15 años.

Internet está dominado por un modelo económico basado en la extracción de datos para la manipulación de personas con el fin de venderles objetos, servicios, experiencias, candidatos políticos... Y está en manos de cada vez menos empresas que pelean entre ellas a muerte por dominar ese mercado. Los gobiernos de hecho son clientes de esas compañías y usan sus infraestructuras para controlar a la población, producir 'fake news' o perseguir a disidentes.

Artículo extraído de la entrevista que ha realizado el Confidencial a Marta Peirano una de las voces más respetadas en nuestro país sobre privacidad y seguridad en internet, no da un paso sin las cámaras de su móvil y portátil totalmente cubiertas. No es paranoia ni postureo. 'Hackear' hoy en día el micro o la cámara de un 'smartphone' es cosa de niños. Lo hizo hasta la LaLiga. Para ella, una de las mayores críticas del millonario negocio que han montado Facebook, Google o Amazon a costa de nuestros datos, proteger la privacidad es lo último que nos queda. Y ya ni eso. "Con el 5G, despídete".