Ayer hice el esfuerzo de tragarme un capítulo de ese soporífero programa llamado “El Hormiguero” para ver como Santiago Abascal toreaba al “miura” que, sin duda, le iban a soltar. El “miura”, que al final resultó ser una simple vaquilla, eso sí, ya toreada y resabiada, muy querenciosa y por tanto con cierto peligro, se llama Pablo Motos, un individuo que lleva muchos años haciendo la mismas tonterías y diciendo las mismas estupideces con un número limitado de amiguetes suyos que se repiten hasta la saciedad y que babean porque les lleven al programa.

El tal Motos, que en general procura tener un comportamiento amable y obsequioso con sus invitados (con el comunista Pablo Iglesias tocó a dúo una cancioncilla acompañándose de sendas guitarras, por ejemplo), apareció crispado y nervioso, pues sin duda llevaba instrucciones precisas de sus jefes de Antena3/La Secta (incluido el repulsivo Antonio Ferreras y su “compañera”, una víbora con aspecto humano a la que llaman Ana Pastor) y le preocupaba no estar a la altura de la encerrona que tenía que hacerle a Abascal u olvidarse de alguna de las falsedades o tergiversaciones que infundadamente le endosan a Abascal y a Vox y que tenía que poner, si o si, sobre la mesa.

Para empezar, el tal Motos se justificó ante la progresía: “Vox existe –le faltó decir que desgraciadamente- y no sería democrático (sic) no invitarles”, a lo que Abascal, que ya se empezó a ver que no había ido a callarse ni a hacerle la ola a Motos, le recordó que un comunista como Pablo Iglesias que todavía canta con el puño en alto “La Internacional” (un himno de hace más de 100 años que es un canto al odio y al conflicto, pues llama a la lucha de clases y al exterminio de los ricos y poderosos) ha sido invitado al programa sin que nadie se justifique.

La primera pregunta del interrogatorio (“¿No has traído el caballo?”) no tiene explicación racional alguna: solo la puede hacer un imbécil que, además, está asustado; ahí Abascal hizo un alarde de condescendencia, pues en lugar de contestarle algo tipo “¿Y por qué iba a traer un caballo, cretino?” le ayudo a no quedar en evidencia contestándole algo así como que “Sí, lo he traído, y si me hubieras dejado lo hubiera metido dentro”. Bien hecho, no había necesidad de destrozarle a la primera pregunta.

A partir de ahí, Motos tiró de la lista que le habían preparado sus amos del pensamiento único para intentar hacer que Abascal apareciera ante la audiencia como un neardenthal descerebrado y violento, en contra de todo y de todos. Como a Motos no le han entrenado para perro de presa, pues ayer quedó en evidencia que no es un ‘pitbull’ sino un simple ‘chihuahua’, un perrito faldero, en cuanto se encontró con una persona con ideas claras, con principios, sin el más mínimo reparo –y mucho menos vergüenza- en decir lo que piensa (y lo que pensamos millones de españoles, cada día más), pasándose “por el forro” la corrección política, se pasó todo el programa descolocado y fastidiado.

Preguntarle a Abascal si es fascista es grotesco, por no decir patético. Primero, porque es obvio que ni Abascal ni Vox son “fascistas” (evidentemente Motos no tiene la más remota idea de lo que significa “ser fascista”) y, segundo, porque aunque lo fuera no le iba a decir que sí. Al pobre Motos, para tranquilizarle, le debieron engañar diciéndole antes del programa que Abascal era tonto, y a la primera intentona de empitonar a Abascal se encontró con un par de banderillas en “todo lo alto”.

El enfoque de las preguntas era patético: partiendo de esas “verdades absolutas”, de esos nuevos dogmas de fe dictados por los apóstoles del nuevo orden mundial (“la mujer es dueña de su cuerpo, por lo que el aborto es legítimo”, “el planeta se está muriendo por la acción del hombre”, “en los países en los que están permitidas las armas hay más violencia”, etc), mentiras o exageraciones que no permiten ni siquiera que se discutan, le planteaba cuestiones llevadas al extremo, propias de una discusión de quinceañeros entre los vapores etílicos de un botellón con el único objetivo de que Abascal dijera algo que le permitiera a Motos y a sus amos demostrar que, efectivamente, es un cafre. No lo consiguió.

A la estúpida pregunta de si “donaría antes dinero para el Amazonas o para Notre Dame” Abascal respondió brillantísimamente: donaría al Amazonas porque defiende antes la obra de Dios que la de los Hombres. El careto de Moto no tenía desperdicio.

En la cuestión del aborto Motos se refirió al no nacido como un “cigoto” (estoy seguro que Motos no sabe lo que es un cigoto, tiene mérito que lo pronunciara correctamente, debió pasarse varias horas entrenando), cuando el aborto se refiere no solo a cigotos (que, por cierto, ya son seres humanos), sino a seres humanos que ya son, en muchos casos, viables fuera del seno materno y, desde luego, son seres humanos con todas las letras, completamente distintos a la mujer que los ha concebido y que los lleva en su seno. El gran triunfo para Motos era “forzar” a Abascal a decir si Vox derogaría la llamada rabiosamente abortiva “ley de plazos”, creyendo (equivocadamente) que no se iba a atrever: “Si, claro que la derogaremos” contestó Abascal con toda naturalidad y, por supuesto, franqueza. Y cerca de 100.000 no nacidos asesinados cada año en España lo agradecerán.

En la cuestión de la eutanasia Motos recurrió a su experiencia lacrimógena con su padre (q.e.P.d.), de quien dijo que “las dos últimas semanas de vida se las habría ahorrado”, cuando en la eutanasia, como dijo extraordinariamente bien Abascal, no estamos hablando de eso, no estamos hablando de la no prolongación artificial de la vida o del no ensañamiento terapéutico, sino de terminar con la vida de una persona en muchos casos en contra de la opinión de su familia, y puso el ejemplo sangrante del niño francés asesinado por la fuerza frente a la firme oposición de sus padres. De nuevo, cara de preocupación del tal Motos, que comprende que se le ha vuelto a escapar y que sus señoritos le van a tirar de las orejas.

La necedad que soltó el tal Motos cuando ya no sabía que decir contra la firme e irrefutable posición de Abascal en defensa de la vida debería pasar a los anales de la estupidez humana: “A mí lo que me preocupa es lo que pasa entre el nacimiento y la muerte”; a ti y a todos, pedazo de gilipollas, incluido Abascal y todos los votantes y seguidores de Vox, pues como bien te dijo Santiago, el programa de Vox dedica muchas más paginas a buscar el bienestar y la felicidad de los ciudadanos que al aborto o a la eutanasia, sin que por eso el aborto o la eutanasia dejen de ser cuestiones trascendentales.

Después vinieron unas cuantas “preguntas trampa”, de las que se hacen exclusivamente para conseguir un titular manipulado y lo más dañino posible contra el entrevistado:
P. “¿Metería Ud. en la cárcel a una mujer por abortar?”; R. “Si incumple la Ley si”.
P. “¿Construiría Ud. un muro en Ceuta y Melilla?”; R. “Si el que hay ahora no es suficiente para proteger nuestra frontera, si”.
P. “¿Le moleta a Ud. ver a dos homosexuales besándose en la calle?”; R. “No”
P. “¿Ha dicho Ud. que el PSOE es un partido criminal?”; R. “Si, porque el PSOE a lo largo de la historia ha cometido los siguientes actos criminales” (y los lista)
y así, uno tras otro, todos los ridículos tópicos creados artificialmente sobre Vox, adecuadamente desmontados por Abascal, pues no se corresponden en absoluto con lo que realmente Vox plantea en su programa, pero que son la única forma de desacreditarlo y de meter miedo a sus posibles votantes.

Cuando Abascal quiso hablar de la Ley de Mentira Histórica, como saben que es algo que no tiene defensa y que es un atropello liberticida contrario a la Constitución, simplemente no le dejó: “Volvamos a la eutanasia”.

La pena es que los asesores de Santiago, con buen criterio, le debieron advertir que, pasara lo que pasara, no debía ni enfadarse ni dejar de ser simpático con este macaco que le pusieron delante, pues si a Abascal le dejan que se emplee a fondo con este indocumentado, no solo le machaca, como le machacó, sino que se lo come crudo y en directo. Una pena, esa sí que hubiera sido una ‘performance’ inolvidable de El Hormiguero.

El final de la entrevista, y la salida de Motos, fue de traca. La descortesía de salir corriendo, dejando atrás al invitado, es disculpable: iba a cambiarse de ropa interior, porque había manchado la que llevaba (y además de materia sólida, no líquida) y a continuación se marchaba a una farmacia a comprarse los anti-inflamatorios que Santiago primero le entregó y luego le retiró, pues con el saco de “zascas” que se había llevado los va a necesitar.

Pobre Pablito, no se había visto nunca delante de una persona cabal y de principios.

Brillante Abascal. Cuatro o cinco escaños más solo por esta entrevista. Mereció la pena el esfuerzo de aguantar con buena cara a un personaje de este nivel.