María Virginia Olivera de Gristelli, argentina, casada hace 30 años con quien comparte cada pena y alegría; madre de una pequeña adolescente que concentra todas sus esperanzas, e hija de una madre que alienta y sostiene cada nueva empresa con perseverante oración. Se ha desempeñado como Catequista de niños, adolescentes y adultos y Profesora de Ciencias Religiosas en varios colegios y en su parroquia, habiendo coordinado en ésta el Seminario Catequístico Pquial. San Pío X. Es Profesora y Licenciada en Letras por la Universidad de Bs. As., donde se convenció de la urgencia de la evangelización de la cultura. Ha realizado además numerosos cursos en el área de Humanidades en universidades católicas.

Se dedica a la empresa editorial junto a su esposo (Ediciones del Alcázar), y dirige desde su fundación el Círculo de Formación San Bernardo de Claraval. Disfruta en la difusión de la iconografía tradicional mediante la realización de trabajos artesanales.

Nos habla en esta entrevista de la nueva web Resistencia por Cristo Rey, de la que forma parte junto con un buen elenco de escritores católicos.

¿Cómo nace la revista “Resistencia -por Cristo Rey-“ y con qué objetivo?

Como en cierta manera referí en mi post de presentación de la revista http://www.infocatolica.com/blog/caritas.php/1910110702-262-novedad-editorial-revista, esta iniciativa nace de una amistad en Cristo que consideramos absolutamente providencial. Con mi esposo siempre hemos pensado que los talentos no son sólo personales sino comunitarios. Algún día en el Juicio habremos de dar cuenta no sólo de nuestras capacidades y dones individuales, sino también de las personas con quienes Dios en su Providencia ha permitido que nos crucemos en este paso por la vida. En el Principio y Fundamento de San Ignacio, tras referirse al fin último para el que ha sido creado el hombre, señala que las otras cosas sobre la haz de la tierra son criadas para el hombre, y para que le ayuden en la prosecución del fin para que es criado. De donde se sigue, que el hombre tanto ha de usar dellas, quanto le ayudan para su fin, y tanto debe quitarse dellas, quanto para ello le impiden”.

El “tanto cuanto” ignaciano, sin embargo, suele interpretarse sólo en cuanto a la necesidad de tomar o rehusar personas, circunstancias y cosas, pero también hemos de interrogarnos sobre el para qué Dios nos habrá dado el encontrarnos con ellas. Teniendo eso en cuenta fue que comenzamos hace casi tres décadas con la labor editorial: buscamos poner los medios para difundir según nuestra limitada capacidad, muchos autores y obras notables, y hacía varios años que acariciábamos un proyecto de revista en defensa de la cultura católica, pero el alto costo de una edición periódica impresa restringía muchísimo su alcance.

Lo cierto es que poco después de entrar a formar parte de la familia Infocatólica (hace unos seis años), se fue robusteciendo una verdadera fraternidad con Luis Fernando Pérez, y en los últimos años también una cálida amistad con Pedro Luis Llera y con David González (a quien Dios mediante esperamos poder editar en un mediano plazo su libro sobre Personalismo).

Hemos constatado sobre todo en el último tiempo, una sorprendente comunión de ideas y aspiraciones, centradas especialmente en la temática de la Resistencia. Por parte del Círculo S. Bernardo de Claraval, que dirigimos con mi esposo, habíamos elegido esa temática para el XXII Encuentro de Formación Católica de Bs.As. de este año, pero el término volvía a aparecer recurrentemente en una y otra conversación, como también, sugerentemente, entre amigos y referentes comunes. La “opción Benito” y la Opción Pelayo -a nuestro juicio complementarias, aunque por temperamento nos inclinamos más hacia la segunda (tal como lo plasmó Pedro Luis en un maravilloso post https://www.infocatolica.com/blog/gobiendes.php/1901130455-la-opcion-pelayo)-, fue clarificando mejor lo que “ardía en nuestros corazones”, y se veía que no sólo en los nuestros. Una tarde de julio, pues, tras un entusiasta almuerzo familiar, lo compartimos y fuimos sumando propuestas, temas y nombres.

En cuanto al objetivo principal: servir de puente y faro; levantar banderas que muchos pretenden arriar definitivamente, estrechar filas, y sobre todo, fortalecer la Esperanza. Pues no podemos negar que una de las consecuencias más graves de la avalancha de escándalos y heterodoxias con que nos desayunamos a diario, es la sugestión diabólica de la desesperación. Una gran cantidad de católicos siente hoy la tentación de bajar los brazos, ya sea abandonándose a la corriente -aún con cierta renuencia-, o bien replegándose en sus “refugios” sin oponer resistencia, ni presentar digna batalla en defensa de los bienes más altos.

Por eso creemos que ha de ser bueno, necesario y fecundo difundir la comunión en la fe y en la Verdad. Porque ésta es bella, seductora y saludable, y hay que decir bien alto que, aunque no sea “popular”, sigue gozando de buena salud entre católicos fieles de toda condición a través de diversas latitudes, y es importante que éstos se conozcan entre sí para ver qué les da Dios hacer.

 

Es importante y perentorio que reforcemos nuestra fe en la Comunión de los Santos, que es comunión en la Verdad, fecunda per se. Y ésta es también comunión en la Esperanza inquebrantable, gozosa e inexplicable para el mundo, porque nosotros “sabemos en Quien hemos puesto la confianza”; porque Cristo es el inequívoco Rey del Universo, aunque les pese a los idólatras de toda laya.

A esta necesidad de comunión eclesial, obedece el incluir artículos en diversas lenguas -aunque toda la revista esté en español- en un mismo espíritu de fidelidad a la Tradición, y ayuda a tomar conciencia de la dimensión de lo que estamos viviendo.

El ataque es total, universal; lógico es entonces que la Resistencia también lo sea.

¿Qué supone para usted formar parte de este proyecto?

Supone, ante todo, como he dicho antes, una gracia y una responsabilidad muy grande, sabiendo que somos muy pequeños, y en ello nos gozamos. Por eso hemos consagrado este emprendimiento a Nuestra Señora del Pilar: porque como Santiago ante aquella primera aparición de Nuestra Señora, con la Madre de Dios somos reconfortados, fortalecidos, consolados y animados. Ella es nuestro Alcázar, nuestra “plaza fuerte”.

También nos hemos puesto bajo el patrocinio de Sta. Teresita del Niño Jesús porque Resistencia ha nacido en octubre, mes de las misiones, y porque su Camino de la Infancia espiritual representa el meollo de la esperanza a la que nos referíamos hace un rato. Somos tal vez pocos y pequeños, sí, pero por eso mismo estamos ciertos de que el Señor combatirá por nosotros.

La “pequeña doctora” sabía muy bien lo que sabemos quienes defendemos la Tradición frente a los vientos -y huracanes- pasajeros de novedades: nosotros, débiles, somos fuertes y podemos ver más allá, porque nos hemos encaramado sobre los hombros de Gigantes.

Con Teresita -predilecta de San Pío X-, quien profesaba una significativa devoción por Sta. Juana de Arco, afirmamos también:

No soy un águila, sólo tengo de ella los ojos y el corazón, porque, a pesar de mi extrema pequeñez, me atrevo a mirar fijamente al Sol divino, al Sol del amor, y mi corazón siente en sí todas las aspiraciones del águila…, el pajarillo quisiera volar hacia ese brillante sol que embelesa sus ojos, quisiera imitar a las águilas sus hermanas, a las que ve elevarse hasta el foco divino de la Trinidad santa…”

-En tiempos de confusión hay que resistir, firmes en la fe...

Así es, y la virtud teologal de la Fe supone un testimonio que puede llegar hasta la ofrenda de la propia vida en el martirio. Cuando la fe es atacada y pervertida, permanecer librando “el buen combate” de la fe significa un doble compromiso, de salvaguardar lo recibido, por una parte, y por otra, darlo a conocer con redoblado énfasis, ejercitando las obras de misericordia espirituales enseñar al que no sabe; corregir al que yerra; aconsejar a quien lo necesita, en medio de tanta marea heterodoxa y herética que pone en peligro hasta la vida eterna. Sabemos que “el justo vive de la fe” (Rm.1, 17); pero la fe es por la predicación y cuando se debilita o cesa la predicación de una verdad de fe, se debilita o cesa la convicción de esa fe, y por ende se arruina la vida cristiana que suscitaba «la fe que obra por la caridad» (Gál 5,6).

Hay que tener en cuenta que la Fe, virtud teologal que hemos recibido en el Bautismo, es un tesoro que llevamos en vasijas de barro, que hemos de custodiar y transmitir íntegro, ya que Dios "quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad" (1 Tim 2,4).

Así también nos señala el Catecismo de la Iglesia Católica:

175 "Esta fe que hemos recibido de la Iglesia, la guardamos con cuidado, porque sin cesar, bajo la acción del Espíritu de Dios, como un contenido de gran valor encerrado en un vaso excelente, rejuvenece y hace rejuvenecer el vaso mismo que la contiene" (2 Tm. 3,24,1).

La Sagrada Escritura nos pone en guardia numerosas veces: "Guarda este preciado depósito con la ayuda del Espíritu Santo, que habita en nosotros" (2Tim.1,14; cf 1,6-7).

Todo legado, pero especialmente la fe, por lo que toca a nuestra salvación, es una gran responsabilidad que no podemos rehuir, por lo que se impone una vigilancia y cuidado renovados en tiempos de crisis.

Con fe y amor en Cristo Jesús, sigue el ejemplo de la sana doctrina que de mí aprendiste.  Con el poder del Espíritu Santo que vive en nosotros, cuida la preciosa enseñanza que se te ha confiado. (2 Tim.1, 13).

Y ese cuidado comporta entonces defensa y buen combate: denuncia clara y contundente de los errores y mentiras, pues como señalaba Chesterton, quien no odia el error no podemos decir que ame a la Verdad. Como miembros de la Iglesia Militante, sabemos que milicia es aquí la vida, porque en todos los campos las sombras de todas las ideologías y herejías, atentan contra la Luz.

Y hemos de ser conscientes de que la fe no se nos ha dado sino para transmitirla: “Dios quiso que lo que había revelado para salvación de todos los pueblos se conservara por siempre íntegro y fuera transmitido a todas las generaciones” (Dei Verbum 7).

No es un “lujo privado” ni una batalla individual, sino un compromiso eclesial; somos un Cuerpo; somos Familia. Y hemos de recordar lo que advirtió San Pablo:

 

Tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual os ha puesto el Espíritu Santo como vigilantes para pastorear la Iglesia de Dios, que él se adquirió con la sangre de su propio hijo. Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos.” (Hechos 20, 28-30).

Hoy no podemos considerar que la vigilancia compete sólo a los pastores, lamentándonos y cruzándonos de brazos al constatar la apostasía de muchos de ellos. No somos hijos de Caín, y no nos está permitido observar insensiblemente como muchos de nuestros hermanos son apacentados con hierbas envenenadas, vulnerando su legítimo derecho a la Verdad.

La resistencia entraña entonces, por una parte, el combate “defensivo” del cuidado y conservación íntegra de lo recibido, denunciando claramente el error como tal, pero a su vez comporta la tarea “ofensiva” de difundir sin cesar la enseñanza perenne de la Iglesia, en su Tradición viva, vivificante y restauradora. Para ello hemos de “estrechar filas”, desde todas las latitudes, en bien de nuestros hermanos de hoy y de mañana, por Cristo Rey, que es el Bien sumo que nos convoca.

-Firmes en la doctrina, pero también actuando con mucha prudencia y discernimiento.

Sin duda, sabemos que sin prudencia ni discernimiento no puede haber obra virtuosa, y esto es imperativo manejando un arma tan afilada como la palabra. En un tiempo turbulento como el que nos ha tocado vivir hemos de velar siempre para ser prudentes sin prudencia humana ni pusilanimidad, y tener parresía en la defensa de la verdad, sin dejar que el apasionamiento nos haga tropezar con faltas a la caridad.

La prudencia ayuda asimismo a modelar en nosotros la humildad, para enseñarnos a discernir en cada caso concreto qué ha de hacerse u omitirse en orden al fin sobrenatural.

Una buena síntesis de lo que nos toca, la ha brindado Garrigou Lagrange al señalar que “la Iglesia es intolerante con los principios porque cree, pero es tolerante con las personas, porque ama; los enemigos de la Iglesia son tolerantes con los principios porque no creen, pero son intolerantes con las personas, porque no aman”.

Por ello podemos decir que gran parte de esta cuestión se reduce a las virtudes de la Fe y la Caridad, pues las posibilidades de acción más sublimes y fecundas de la vida cristiana están contenidas, como en su germen, en la cooperación unánime de ambas. No hay mayor caridad que la Verdad, pero a su vez, no se puede servir a ésta a despecho de la caridad o de lo que pueda dañar a las almas.

San Pablo nos exhorta: “que vuestra caridad crezca en conocimiento y en toda discreción, para que sepáis discernir lo mejor” (Flp.1, 9-10). Y por supuesto, entre “lo mejor” no podemos excluir la Cruz.

Ahora bien, en el caso concreto de nuestra revista, a fin de poder servir fielmente a los objetivos propuestos, y conscientes de que el combate no es sólo externo sino interno, con nuestro “hombre viejo” que siempre acecha, confiamos sobre todo en la eficacia de la gracia de Dios, que nos ha puesto entre manos esta empresa por medio de su Madre Santísima –como todas las gracias-; en el consejo mutuo y fraterno; y de un modo muy especial, en la oración frecuente no sólo personal sino de nuestros lectores y de todos los involucrados en este proyecto.

-Y siempre teniendo claro que Cristo debe reinar en la sociedad, no solo en la esfera privada...

No hay medio más eficaz para restablecer y vigorizar la paz que procurar la restauración del reinado de Jesucristo.“ señalaba Pío XI, en la Quas Primas. Y la renuncia a predicar contundentemente el Reinado de Cristo es sin duda una de las fuentes principales del estado de cosas que lamentamos en la crisis presente de la Iglesia. A través del avance del liberalismo en todos sus grados, se ha llegado a reemplazar el Reinado de Cristo por la diosa democracia, al punto que muchos pastores y hasta conferencias episcopales enteras, bregan más por la salvaguarda de las instituciones democráticas -incluso cuando se pronuncien como frontales enemigas de Cristo y de su Iglesia-, que por la salud de los fieles y la gloria de Dios. Están a la vista los nefastos resultados, en los noticieros de todo el mundo.

Ya casi nadie le recuerda a la grey católica que puesto que “Cristo nos ha comprado por precio grande” (1 Cor 6,20); y que “hasta nuestros mismos cuerpos son miembros de Jesucristo” (ibid, 6,15), “rescatados habéis sido a gran costa; no queráis haceros siervos de los hombres” (1 Cor 7,23).

Por eso es vergonzoso que entre los mismos católicos se haya llegado a oscurecer la doctrina de la Realeza social de Cristo, de modo que nuestras sociedades otrora cristianas, dando la espalda al Redentor, hayan optado por hacerse esclavas nuevamente, ya del marxismo como del liberalismo, sin advertir que se trata de dos caras de la misma Revolución orquestada por las logias y Mammón, quien pregonando derechos mentirosos para el hombre, se goza en pisotear los derechos de Dios. Así, buscando la añadidura en primer término y tolerando lo esencial como mero adorno, la mayoría de los católicos viven hoy en una trampa de subversión sin salida, porque sin El nada podremos hacer (cf. Jn.15,5).

Por eso hemos creído necesario dar un espacio respetable a la doctrina social y política de la Iglesia, considerando que en este campo es mucho lo que se ha olvidado o desdeñado, con o sin culpa, gracias a oscuros compromisos con el mundo y sus máximas.

-Cuentan con autores de prestigio y de total rectitud doctrinal...

¡Gracias a Dios, así es! Muchos santos han señalado que “el bien ha de hacerse bien”, de modo que plantear una resistencia doctrinal con autores de dudosa ortodoxia, sería como arar en el mar. Por eso el Apóstol pedía a Timoteo “encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros”. (2 Tim. 2,2)

Como señala a menudo el P. Iraburu, asistimos tal vez más que nunca a tremendas devaluaciones y adulteraciones de la Revelación, pero a la vez, contamos con un acervo tan rico de doctrina clara y cierta, como no lo hubo en otros tiempos. No creo que el problema sea solamente la gran profusión de errores y herejías. Hay que admitir que una de las muchas causas de la apostasía es la ignorancia de muchos pero muy especialmente -gracias al avance sin pausa del Modernismo- el silenciamiento progresivo y voluntario de gran parte de las verdades recibidas.

Entonces la responsabilidad de pastores pusilánimes se asocia inevitablemente a la de los clérigos obsecuentes con éstos, y a la de muchos laicos cómodos, maniatados por el respeto humano y lo políticamente correcto.

Pero en su infinita misericordia, el Señor sigue suscitando en algunos de sus hijos la lucidez y coraje necesarios para corrección, consuelo y fortalecimiento de muchos otros, a través de su fidelidad al depósito de la fe:

 "La Iglesia, diseminada por el mundo entero hasta los confines de la tierra, recibió de los Apóstoles y de sus discípulos la fe [...]; y su fe es igual en todas partes, como si tuviera una sola alma y un solo corazón, y cuanto predica, enseña y transmite, lo hace al unísono, como si tuviera una sola boca" (Adversus haereses, 1, 10,1-2, en Catecismo, 173).

Como decíamos al comienzo, esto es un motivo de inmensa gratitud para nosotros, pudiendo acceder a la colaboración de un buen número de esos autores que son como “faros” en medio de la tormenta, y de otros que teniendo suficiente luz y altura como para serlo, vimos había que darles más espacio. Consideramos que valía la pena el intento de asociarlos y vincularlos entre sí, comprobando de paso que "… aunque las lenguas difieren a través del mundo, el contenido de la Tradición es uno e idéntico. (…) El mensaje de la Iglesia es, pues, verídico y sólido, ya que en ella aparece un solo camino de salvación a través del mundo entero" -Ibíd. 5,20,1-.(Catecismo, 174)

-¿Qué temáticas van a tratar?

Nuestro Señor vino «para dar testimonio de la verdad» (Jn 18,37). Y sirviendo a Cristo Rey, ninguna verdad puede sernos ajena, porque no se trata de resistir a tal o cual error, sino en última instancia, al padre de la Mentira, que es también príncipe de este mundo.

Hoy estamos en las antípodas de aquella época mentada por León XIII en Inmortale Dei (1885),

en que la filosofía del Evangelio gobernaba los Estados. Entonces aquella energía propia de la sabiduría cristiana, aquella su divina virtud había compenetrado las leyes, las instituciones, las costumbres de los pueblos, impregnando todas las clases y relaciones de la sociedad; la religión fundada por Jesucristo, colocada firmemente sobre el grado de honor y de altura que le corresponde, florecía en todas partes secundada por el agrado y adhesión de los príncipes y por la tutelar y legítima deferencia de los magistrados; y el sacerdocio y el imperio, concordes entre sí, departían con toda felicidad en amigable consorcio de voluntades e intereses. Organizada de este modo la sociedad civil, produjo bienes superiores a toda esperanza… (n.28).”

Hoy, por el contrario, mucho, muchísimo se ha corrompido al desterrar a Dios del centro de la sociedad. Y “cuando Dios desaparece, el hombre no llega a ser más grande; al contrario, pierde la dignidad divina, pierde el esplendor de Dios en su rostro. Al final se convierte sólo en el producto de una evolución ciega, del que se puede usar y abusar. Eso es precisamente lo que ha confirmado la experiencia de nuestra época.” (Homilía de Benedicto XVI, 15-VIII-2005)

Por lo tanto, hay que restaurarlo todo, comenzando por la inteligencia.

No hace falta insistir en el importante rol de los medios de comunicación para la formación de las conciencias, pero fundamentalmente, nuestro objetivo está en el nombre que hemos tomado como consigna. Al haber quitado el eje de su quicio, todo el edificio humano se desmorona, y no se puede restaurar si no se advierten las fisuras. Desde el próximo número sumaremos un ámbito para la “mala doctrina”, porque si no se identifica claramente el error, no se sabe muy bien a qué hay que resistir. Por eso nos hemos referido anteriormente a la Revolución. Podemos decir, en pocas palabras, que Resistencia es, ante todo, contrarrevolucionaria, y “contra-cultural” porque frente a lo que se pretende instaurar hoy como cultura aséptica y relativista, bregamos por la restauración necesaria de la Verdad, del Bien, de la Belleza, de la Justicia, de todo lo que reluce cuando Cristo reina.

En cuanto a temas, pues Resistencia abarca desde los principios fundamentales de la doctrina católica tradicional hasta la defensa del orden natural, la vida y la familia, la liturgia, la doctrina social y política de la Iglesia. Pero también las ciencias y artes tendrán su espacio, como ya lo tiene la Literatura.

¡Cuántos han perdido la fe y la vida, no por cuestiones directamente relacionadas con asuntos religiosos, sino por mala filosofía, vana literatura, o por mentiras históricas o científicas! Por eso advertía S. Pablo: “¡cuida bien lo que se te ha confiado! Evita las discusiones profanas e inútiles, y los argumentos de la falsa ciencia. Algunos, por abrazarla, se han desviado de la fe. (1 Tim. 6:20-21)

Cabe una mención especial a la esperanza que abrigamos con respecto a traducciones de autores valiosos completamente desconocidos fuera de su lengua original. Nos alegraremos de poder sembrar esa buena semilla, para que cuando y como Dios quiera, conceda el fruto.

-¿Qué espera aportar Resistencia por Cristo Rey a la información católica actual?

Somos hijos de la luz, y como tales, esperamos poder aportar un poco de luz, según los medios de cada uno, pues es deber de bautizados. En esta revista esperamos cumplir con nuestra vocación de educadores y comunicadores, seguros de que cuanta más luz hay, habrá más libertad de movimiento, esto es, de decisiones. Sólo la Verdad nos hace libres (Jn.8, 16), porque si la inteligencia es iluminada con la Verdad necesariamente la voluntad puede abocarse más dócilmente a la consecución del Bien.

Y dentro de la luz, está por supuesto el reconocernos mutuamente, más allá de las distancias de tiempo, espacio e idioma. Por difícil que sea el panorama, un católico jamás puede sentirse solo, que es una grave tentación de nuestro tiempo.

 

Y cuando hablamos de “información católica” hemos de saber que un hijo de la Iglesia tampoco puede ser prisionero de lo hodierno. Nuestro querido León Bloy solía decir que cuando quería saber las últimas noticias…leía el Apocalipsis.

Por eso esperamos que nuestro aporte sea un estímulo a levantar la mirada y los corazones, para elevar las miras. Quisiéramos contribuir a in-formar a los católicos según el llamado a la perfección que sólo se logra en la santidad. Dios nos conceda la gracia de ser fieles, y de suscitar en nuestros lectores el deseo ferviente de fidelidad a ese llamado.

Hay unas palabras del papa Pío XII que tal vez tienen hoy más vigencia que cuando fueron pronunciadas:

El mundo se encuentra empeñado en un combate espiritual en el que nadie ignora lo que se pone en juego. Una inmensa ola de ateísmo se extiende por el mundo, y en raras ocasiones la acción contra la religión de Cristo fue más penetrante y sistemática. Hasta en las mismas filas católicas se encuentran fieles perturbados en su confianza en la misión de la Iglesia (…). Ante un tal confusionismo de la opinión pública, frente a la impaciencia de unos y el descorazonamiento de los otros, ¿cuál será en la actualidad el primer deber del periodista católico? Ante todo, será un hijo de la Iglesia, diligente en servir a su Madre…”

Y agregaba “Despertad y avivad en el ánimo de los fieles esta fuerza espiritual hoy tan necesaria pero que con demasiada frecuencia nos falta: el sentido del honor católico (discurso del 17/2/1942, AAS 34, 141). Hoy este honor está siendo vulnerado como nunca, porque se ha desdibujado simplemente la mismísima identidad católica: habrá que refrescarla.

La información católica no puede reducirse a un “enciclopedismo de sacristía”, sino que comporta la gracia de saber distinguir la voz del Buen Pastor, de la de los asalariados.

Creemos que un católico “informado” no es sólo quien sabe el nombre de los valientes que tiraron las pachamamas (por supuesto, con minúscula) al Tíber, sino quien reconoce los mensajes de Nuestra Señora a lo largo de la historia reciente, y quien tiene criterio para no escandalizarse al ver la Iglesia subir al Calvario desfigurada, irreconocible, llagada y repudiada por el mundo, a imagen de su Cabeza, que es Cristo, y saber ser Cirineos y mantenernos de pie, como Nuestra Señora, testigos hasta el último suspiro.

Con la gracia de Dios, finalmente, todo se soporta si el fundamento es firme: el Amor es fuerte como la muerte, y la Verdad no pasará jamás.

Javier Navascués Pérez