¡Oh, Serrano!:

Hombre honrado, inteligente y campechano.

¡Mira que te avisó tu buen padre!: «¡Hijo, ten cuidado! ».

Todo por ayudar a un niño, todo por un justo amparo.

Pero te estaban esperando con jueces amañados y fiscales adobados.

 

¡Oh, Serrano!:

Juez ilustrado, consecuente, muy humano.

Por defender una justicia justa, por hablar claro, por no entrar al trapo rosa,

en un Consejo de Brujas, meses antes, bien que lo planearon:

«¡Callemos a ese juez respondón. Comprenderás, Margarita, que con él suelto, no juntamos ni un doblón!».

 

¡Oh, grande Serrano!:

Magistrado enamorado de su trabajo, tan decente, tan cercano.

Por denunciar la llegada de un holocausto, la caza del varón;

por haberse señalado, miles de mochileras tomaron posición.

 

¡Oh, amigo Serrano!:

Señor donde los haya, entrañable y bonachón, hombre cabal, padre ejemplar.

Por haber adivinado una gran verdad, por descubrir una macabra treta: que las denuncias falsas irían a más; por desnudar su mejor secreto, por dejarlas al descubierto, no pararon hasta apartarte del puesto, ganado con tanto sudor y esfuerzo, no con sonrisas y eso.

 

¡Oh, grande amigo, Serrano!:

Ya lo sabemos, la ideología de género es sólo un pretexto para que ellas llenen el cesto con variadas pagas, subvenciones, deducciones y además, por si fuera poco, ocupaciones.

Todo a costa del varón, todo sin la Constitución, sin Gobierno alguno capaz de hacerles un borrón.

¡Qué vergüenza, Paco, qué olvidado está el varón por políticos de pacotilla, sujetos apoltronados en su sillón, vividores, inmorales, incumplidores de los Derechos Fundamentales de nuestra  Constitución!

 ¡Oh, grande hermano, Serrano!:

Hoy vuelves como un héroe, renacido, invencible, fortalecido…

¡Desde Triana a París, surcando la extensa China, todos son odas a ti!

Y así crece tu leyenda, la del JUEZ SERRANO, hito que perdurará como esa luz cegadora de un tiempo de tinieblas, el defensor en solitario, ante un Estado corrupto de una justicia justa, en igualdad, sin privilegio alguno por razón de sexo.

 

  • Margarita Robles

 José R. Barrios