Quim Domèmech, con su asidua participación en el Chiringuito se está convirtiendo en un clásico del periodismo deportivo con apenas 34 años. No sólo es muy seguido en España sino en todo el mundo, como pudo comprobar en su último viaje a Nueva York.

 

A pesar de su éxito quiere seguir aprendiendo y creciendo. Está haciendo un máster de gestión de empresas audiovisuales. Se fija en la televisión que se hace en Estados Unidos. Y en especial le alucina el nuevo modelo de televisión que acecha. ¡Hay que estar preparados! 

 

En esta entrevista repasa de forma muy resumida la meteórica trayectoria profesional.

 

¿Cómo despertó en usted el gusanillo por el periodismo?

 

Desde los 12-13 años empecé a escuchar la radio deportiva nocturna. Me fascinaba la forma de contar las noticias deportivas. Y me di cuenta que quería dedicarme a hacer eso mismo. Desde entonces todo en mi vida se encaminó hacia el periodismo. 

¿Quienes fueron sus referentes periodísticos?

Antoni Bassas, Joaquim Maria Puyal o Jordi Basté, cuando escuchaba sobre todo radio en catalán.  

Viendo su trayectoria, destaca sus comienzos humildes en el periodismo en Matadepedera Radio, ¿cómo recuerda esa época?

Era demasiado atrevido e imprudente. Aprendí sobre todo lo que no hay que hacer ante un micrófono. Fue una gran escuela. Presenté radiofórmula, hice un programa de humor, un informativo, especiales con motivo de las elecciones. ¡E incluso la transmisión de la cabalgata de Reyes!

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Posteriormente vino un salto cualitativo a RAC1, aunque siguió con el deporte modesto.

Entré con un contrato de verano. Pero no dejaba de narrar partidos de Segunda B y Tercera todos los fines de semana. Tengo muy buen recuerdo de esa etapa y también de Ràdio l’Hospitalet, donde cubrí los equipos de fútbol y baloncesto durante dos temporadas jornada a jornada.  

Luego vino Onda Rambla, otro paso más en su trayectoria...

Punto Radio, sí. Me llamó Josep Pedrerol cuando le dijeron que había un chaval que se dejaba la voz en los partidos de l’Hospitalet. Nunca olvidaré esa llamada. Necesitaba un narrador para el Barça. Y allí empezó todo. 

Quizá el punto de inflexión fue su participación en el exitoso Punto Pelota...

Pedrerol creó Punto Pelota y cuando pudo me fichó para Barcelona. Con él descubrí la televisión. Hacía reportajes y una vez por semana viajaba a Madrid. Tres años después me hizo una oferta para ir a vivir a Madrid. 

¿Cambia mucho la vida cuando te empiezan a reconocer por la calle?

En mi caso fue muy lento, progresivo y desde hace años. Al final ya no eres consciente de que muchos saben quien eres. Me ha ocurrido algo muy fuerte en Nueva York, donde he estado esta semana. Hicimos una excursión guiada y al final de todo, el guía coge el micrófono y dice que es un honor para él que yo estuviera en el autobús. Que me seguía todas las noches ¡desde la otra punta del mundo!. Espectacular. 

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Y luego vinieron el Chiringuito, la Sexta, Nitro, Neox, Mega....

Hemos cambiado de canal e incluso llegamos a estar después de Buenafuente. Pero hemos sobrevivido porque tenemos un público muy fiel, entregado diría. Esa es la clave de todo. 

¿Se puede ser objetivo en el periodismo deportivo?

En absoluto. Nadie es objetivo. 

¿Qué hay de sobreactuación y que hay de verdad en programas como el Chiringuito?

Mucha gente me lo pregunta. No hay guión para los tertulianos. Hay una escaleta con los temas, pero el debate surge como surge. Tienes que ser rápido y huir de tópicos. 

¿Como definiría su estilo como periodista?

Trato de ser riguroso, pero nunca me he escondido: soy del Barça y voy de cara. Auténtico. No puedes engañar. 

¿Qué deportista está más orgulloso de haber conocido?

Nadie me encandila especialmente. Me fascinan los gestos y actitudes más que las personas. 

¿Qué proyectos tiene de futuro?

Seguir aprendiendo y creciendo. Estoy haciendo un máster de gestión de empresas audiovisuales. Me fijo en la televisión que se hace en Estados Unidos. Y en especial me alucina el nuevo modelo de televisión que acecha. ¡Hay que estar preparados!