Timar: 2. Engañar a una persona en una venta o trato con promesas que no se van a cumplir (del diccionario de la RAE)

 

El pasado sábado 15 de junio a primera hora de la mañana se conoció que, después de numerosas idas y venidas y de arduas negociaciones, pocas horas antes los candidatos del PP (Sr. Martínez-Almeida) y Vox (Sr. Ortega Smith) a la alcaldía de la ciudad de Madrid habían llegado a un acuerdo para que los concejales de Vox votaran favorablemente en la investidura del Sr. Martínez-Almeida, condición indispensable para que esta prosperara y, de paso, para evitar que la ‘abuelita diabólica’ dejara de destruir a Madrid. Dicho acuerdo, según luego se ha conocido, incluía un número de “concejales delegados” a nombrar por Vox y hasta 81 medidas de gobierno a aplicar.

 

Ese mismo día, esto es, ni 12 horas después de firmar el acuerdo y tras la sesión de investidura, en la que como es natural entre personas decentes los concejales de Vox cumplieron el acuerdo y votaron a favor, el nuevo alcalde anunció la composición de su gabinete en el que, increíblemente, no aparecía nadie de Vox. Y no lo hizo a “escondidillas”, avergonzado por el flagrante incumplimiento que acababa de cometer, no, lo hizo con luz y taquígrafos, rodeado de sus compinches y con esa sonrisa boba del que está pensando que nunca en su vida, ni en sus mejores sueños, iba a llegar tan alto (o tan bajo, según como se mire).

Ante las airadas y lógicas protestas de Vox, engañados como chinos, los cuatreros del PP, inicialmente, negaron la existencia de tal acuerdo; y, de nuevo, sin pestañear, sin bajar la mirada, como solo son capaces de hacerlo los que viven del engaño, pues no saben hacer otra cosa. Posteriormente, ante la presión de los de Vox amenazando con hacer público el acuerdo, y en un escorzo increíble, propio de un sinvergüenza profesional, dijeron que el acuerdo no hablaba de “concejales delegados” sino de “concejales de área”, categoría que no existe como tal (realmente son “concejales delegados de área”), por lo que el acuerdo, según ellos, era incumplible. ¡Agárrense a la silla”!.

 

Finalmente, sin duda debido a que el PP de Madrid sigue necesitando a Vox para investir a su candidata (si, esa, la que dice que los atascos son “algo típico” de Madrid, y que ella, si no se come todos los días un atasco, se siente mal), un portavoz autorizado del PP, una tal ‘Cuca’ Gamarra, reconoció públicamente que el acuerdo, tal como decía Vox, existía.

En resumen: firman un acuerdo y dan su palabra sabiendo de antemano que no lo van a cumplir. El ejemplo más ilustrativo de lo que es un timador profesional y, como timan en grupo, de una banda organizada de timadores profesionales.

 

¿Qué se puede hacer con gente así?

Lo ideal sería no volver a hablar ni mucho menos a pactar nada con ellos, pero eso –por desgracia– no será posible. Si estuviéramos en el siglo XV se les podría pedir que dejaran como rehén a su hijo, o a su padre, pero es obvio que hoy día esa garantía no es ni imaginable. Si se tratara de una relación mercantil, no política, se les pediría una garantía, un aval, que perderían en el caso de incumplir. Tampoco es posible, pues por ahora (acaban de llegar al puesto) son insolventes; otra cosa será cuando dejen el puesto, en 4, 8 o 12 años, cuando –como es norma entre muchos de los cargos electos españoles- ya se habrán hecho ricos. Lo único que, en mi opinión, se puede hacer es exigir que las contrapartidas (cuando sea posible) se entreguen antes, para estar seguros de que se entregan y, sobre todo, no fiarse de ellos y alejarse lo más posible, apoyándolos solo y exclusivamente cuando sea absolutamente necesario para los intereses de Madrid y de sus ciudadanos y dejándoles solos, “más solos que la una”, todo el resto de la legislatura.

Y ya lo adelanto: si en lo más evidente, en lo más tangible del acuerdo (el nombramiento inmediato de personas) no han tenido el más mínimo pudor en incumplir, no me quiero ni imaginar lo que va a pasar con las 81 medidas de gobierno pactadas. No van a cumplir ni una, salvo que les interese a ellos.

 

Por último, y esto dedicado especialmente al votante del PP: si en un acuerdo firmado, público, que no necesita interpretación, que no ofrece dudas, son capaces de mentir e incumplir con la desfachatez y la desvergüenza con que lo han hecho, ¿qué no harán con las promesas de su programa electoral?; ¿qué harán con el contrato verbal que, en teoría, han hecho con sus votantes?. Prepárense para que, de nuevo, el PP les engañe y se ría de ustedes; es la marca de la casa.

 

¡Ah, se me olvidaba contestar a la pregunta inicial!: SI, el PP de Madrid es, sin ninguna duda, una banda organizada de timadores profesionales. Por sus hechos los conoceréis.

 

Tomás García Madrid