Javier Urcelay Alonso es fundador y responsable del Museo Carlista de Madrid. Es autor de varios libros de investigación histórica, fundamentalmente sobre la figura del general Ramón Cabrera y el Maestrazgo carlista. Igualmente es autor de numerosos ensayos de bioética y pensamiento social cristiano. Profesionalmente su carrera se ha desarrollado en la industria farmacéutica, donde ha dirigido empresas multinacionales en España, ha sido vicepresidente de la patronal del sector e impartido docencia en distintas universidades y escuelas de negocio.

En esta entrevista nos habla tanto del Museo, su gestación, origen y finalidad, como de los ideales del Carlismo y la importancia de mantener viva en el siglo XXI la llama de la Tradición.

 

¿Cuando nace este museo carlista y con qué finalidad?

El Museo Carlista de Madrid se inauguró oficialmente el pasado 27 de abril, aunque la primera pieza de las que hoy componen los fondos expuestos –un retrato del general Varela realizado por el pintor Enrique Segura- fue adquirida en 1994. Desde entonces la colección fue creciendo a través de compras en mercadillos, anuncios de segunda mano, casas de subastas etc, hasta llegar a convertirse en una colección que claramente trascendía el interés que pudiera tener para un coleccionista particular. La idea de crear un Museo surgió entonces de manera natural.

La primera intención fue crear el Museo en Morella, capital del carlismo levantino y localidad fuertemente vinculada a la figura del general Cabrera, cuya biografía publiqué en 2006. Se trataba de evidenciar así que el Carlismo no había sido cosa de vascos y navarros, sino que tuvo fuerte implantación en otras muchas regiones españolas. Sin embargo, la aparición de una sede muy apropiada en San Lorenzo de El Escorial, cerca de un distrito universitario de la potencia de Madrid, dio un giro a estos planes iniciales. Tras las reformas necesarias para el acondicionamiento del inmueble -un hermoso palacete de 1919-, el Museo pudo finalmente abrirse la pasada primavera.

 

San Lorenzo de Escorial es un sitio privilegiado, pero ¿cuál es su relación con el Carlismo?

San Lorenzo de El Escorial era uno de los Reales Sitios en donde los reyes y su familia residían alternativamente en las distintas estaciones del año. En San Lorenzo pasó, por tanto, muchos otoños de su infancia y adolescencia el Infante Carlos María Isidro de Borbón, futuro Carlos V y primer rey de la dinastía carlista. Allí adquirió en 1803, junto a su hermano el Infante Don Francisco de Paula, la conocida como Casa de las familias de los Infantes, que actualmente es la residencia Euroforum. Precisamente por ello la calle que va a parar al lugar, en la que está el nuevo Museo Carlista de Madrid, se llama Calle Infantes. Incluso en otras épocas la calle recibió directamente el nombre de Calle del Infante Don Carlos. También en el Escorial nació el último de sus hijos, el Infante Don Fernando.

En tiempos más recientes, San Lorenzo de El Escorial acogió en 1986 el histórico Congreso de la Unidad, por el que las tres entidades carlistas más importantes del momento -la Unión Carlista, la Comunión Tradicionalista y la Comunión Católico-Monárquica- se fusionaron para dar nacimiento a la Comunión Tradicionalista Carlista, como heredera y continuadora de la historia y pensamiento político del Carlismo.

San Lorenzo de El Escorial es así un lugar vinculado a la historia del Carlismo. El nuevo Museo ha venido a caer, de forma no intencionada y por puro designio de la Providencia, en la calle que, de alguna manera todavía, lleva el nombre del propio fundador de la dinastía carlista.

 

¿Con qué finalidad se abre el Museo Carlista de Madrid?

Hoy vivimos tiempos de deformación y manipulación de nuestra historia de la mano de la nueva construcción ideológica que se nos impone. Lo vemos con la llamada memoria histórica, que pretende eliminar cualquier vestigio del pasado para hacerlo desaparecer como si nunca hubiera existido, y suplantarlo por una versión de la historia más a gusto de los que hoy ostentan el poder. El riesgo de silenciamiento y manipulación es especialmente notable en el caso del Carlismo, quizás lo más opuesto a la ideología dominante y que ya antes había sufrido en los manuales de historia el relato sesgado impuesto por los vencedores.

Contra esta perversidad de retirar de la circulación cualquier vestigio perceptible de nuestro pasado, no hay mejor antídoto que poner encima de la mesa la historia tal y como fue, con sus documentos, sus hechos, sus protagonistas y los ideales por los que lucharon. El nuevo Museo Carlista será así el mejor valladar contra la pretensión totalitaria de ocultar nuestra historia o, aún peor, de inventársela. 

 

El Museo dispone además de una extensa biblioteca…

La idea es que el Museo no sea simplemente una exposición, sino que se convierta en un centro de investigación y difusión del patrimonio histórico y doctrinal del Carlismo y del Tradicionalismo en general. Para ello dispone de una biblioteca especializada  de cerca de dos mil volúmenes, de los cuales casi la mitad son publicaciones del siglo XIX, difíciles de encontrar en la mayor parte de las bibliotecas existentes. El fondo documental, por su parte, se compone de más de doscientos documentos originales, la mayor parte de ellos igualmente del siglo XIX, algunos expuestos en las vitrinas del Museo y otros conservados en los fondos del mismo.

Además, el Museo ha establecido un convenio de colaboración con el Centro de Estudios Políticos e Históricos General Zumalacárregui para la promoción de estudios e iniciativas culturales, publicaciones etc.

 

¿De que objetos se compone el Museo?

La colección expuesta en el Museo es más amplia que las de otros museos relacionados con el Carlismo, en el sentido de que permite hacer un recorrido completo y sistemático por la historia del Carlismo desde sus orígenes hasta la Cruzada de 1936-1939. Los objetos y documentos expuestos se remontan así hasta las luchas de los realistas contra el Trienio Liberal, e incluso hasta la Guerra de la Independencia, y llegan hasta el final de la última guerra civil.

Entre las piezas expuestas hay numerosos documentos originales, bandos y proclamas, partes de guerra, concesión de condecoraciones, comunicaciones de ascensos… muchos de ellos con las firmas de jefes militares como los generales Zumalacárregui, Cabrera, Dorregaray, Ollo, Tristany, Elío etc. Hay también documentos autógrafos de los reyes carlistas como Carlos VII, D. Alfonso Carlos, Don Jaime…o de grandes personalidades como Cándido Nocedal, Vázquez de Mella, Manuel Fal-Conde.

Junto a ello, se exponen retratos -hay una sección entera del Museo dedicado a la dinastía carlista-, grabados, banderas, uniformes, piezas de militaria y en general todo tipo de recuerdos históricos relacionados con la historia de un movimiento que dentro de poco cumplirá dos siglos.

En la página web del Museo (www.museocarlistademadrid.com) puede encontrarse más información, así como el contacto para concertar la visita.

 

¿Llega el Carlismo hasta nuestros días o es más bien cosa del pasado?

El Carlismo pervive en nuestros días, aunque es evidente que no con la pujanza que tuvo en épocas pasadas. En tiempos de la Primera Guerra Carlista -de 1833 a 1840- el carlismo era mayoritario en el pueblo español. Conservó un grandísimo apoyo social durante todo el XIX, a pesar de las derrotas militares y la represión que sufrió. En la última Guerra Civil de 1936 proporcionó al bando nacional decenas de miles de voluntarios, que lucharon encuadrados en los tercios de requetés.

Hoy sigue habiendo, aunque sea con carácter minoritario, un grupo de españoles que se consideran carlistas, e incluso diría que existe un interés creciente en grupos de jóvenes. En mi opinión existirán carlistas mientras exista España, porque el Carlismo es, en último término, la afirmación de la continuidad histórica de nuestra patria.

Sin embargo, el Museo abarca un período temporal sólo hasta la primera mitad del siglo XX, para evitar que la historia se mezcle con la política y para dejar al margen las divisiones que se produjeron en el Carlismo en años posteriores.

 

¿Cómo cree que se pueden resumir los Ideales del Carlismo?

Desde hace casi dos siglos están recogidos en su conocido cuatrilema de Dios-Patria-Fueros-Rey, que resumía los pilares de la tradición política española, basada en la unidad católica y la monarquía social y representativa. Oponiéndose al triunfo del liberalismo, el Carlismo defendió los principios de la doctrina social cristiana frente al laicismo, los derechos de la soberanía social contra el totalitarismo del Estado y las libertades concretas frente a la libertad puramente nominal del régimen liberal. 

En nuestros días, teniendo en cuenta el lavado de cerebro sistemático al que los españoles hemos sido sometidos, podríamos decir -apropiándonos de una expresión de la escritora Natalia Sanmartín-, que el Carlismo hoy es "la resistencia terca y muchas veces silenciosa, empeñada en conservar la vieja idea de que existe un modo correcto de mirar el mundo".

 

¿Qué puede decirnos de la figura de su padre, un hombre que está en algunos libros de historia?

Mi padre, Antonio Urcelay, no fue carlista ni político, sino un marino de profunda vocación militar, que fue Ayudante de Campo de Franco en unos años críticos para España, mandó más tarde el porta-aeronaves Dédalo –entonces buque-insignia de la Armada-, y llegaría después a almirante.

De mi padre recibí una fe religiosa y unos valores de amor a mi patria, respeto a la autoridad, sentido del honor, lealtad, laboriosidad y esfuerzo personal…que he procurado sean la columna vertebral de mi vida.

Emulando a Ortega, que decía aquello de “yo soy yo y mis circunstancias”, me gusta pensar que “yo soy yo y mis antepasados”. La familia en la que hemos nacido, incluso sus generaciones anteriores, determinan mucho nuestra manera de ser y de pensar. Tanto a través de la genética como de la educación recibida, de todo el ambiente familiar en el que nos insertamos, porque el hombre nace y vive en un racimo y no como individuo aislado.

Mi padre representó para mí un acabado ejemplo de eso que García Morente llamó el caballero cristiano. Un ideal humano que, por cierto, también hace suyo el Carlismo y que se plasmó en la vida ejemplar de muchos de sus héroes y mártires.