Para vergüenza de la ciudad de Madrid, el chekista Fernando Macarro, alias Marcos Ana, tiene desde ayer una placa de homenaje en la casa donde vivió en la calle Narváez número 30 de la capital.

Fue el preso que más años ha pasado en las cárceles de Franco –desde los 19 años a los 41– y sólo por esa razón se ha convertido en icono de la izquierda, constantemente homenajeado y alabado por su más que cuestionable trayectoria literaria. Por cierto, el "gran genocida" que la izquierda dice que fue Franco, le mantuvo todo ese tiempo con vida. Marcos Ana pudo beneficiarse de la suavidad del sistema y, después de librarse de la pena de muerte -debido a que cuando cometió estos crímenes era menor de edad-, fue puesto en libertad en 1961.

 

Pero lo que no sabe la progresía –y, si lo sabe, calla– es que Marcos Ana fue condenado tras la Guerra Civil por el brutal asesinato de tres personas.

Un disparo en la nuca, del joven sacerdote Marcial Plaza Delgado, en la tarde del 23 de julio de 1936. Este cruel y cobarde asesinato fue cometido en presencia de la madre y otros familiares del sacerdote. Pocos instantes después, mientras la víctima era atendida, aunque infructuosamente, por su desconsolada madre y por uno de sus primos, Marcos Ana asesinaba, también de un tiro en la nuca, a José Plaza Torres, padre del sacerdote a quien había asesinado minutos antes. Dos días antes, es decir el 21 de julio de 1936, el ahora agasajado “poeta” había asesinado a Augusto Rosado Fernández, a quien había sacado de su domicilio con el pretexto de que debía prestar una declaración sin importancia. El crimen fue cometido también personalmente por Marcos Ana en el lugar conocido por «la tierra de los ahorcados», exactamente donde ahora se alza la fábrica «Boca» de Alcalá de Henares. También se ha probado su autoría en las muertes de Francisco Mirón y de Faustino Plaza, y según testigos presenciales de la época, asesinó con el mismo método a más personas, aunque por no conocerse la identidad de las mismas, no se pueden hacer constar fehacientemente. Estas mismas personas declararon que “persona que detenía Marcos Ana, era asesinada en el acto, o poco después aparecía su cadáver ensangrentado en el cementerio de la localidad o en sus inmediaciones.

Este es el nuevo héroe de la memoria histórica que la izquierda ha encontrado para reabrir unas heridas que el tiempo había cerrado hace ya mucho tiempo. Alabado por todos, tanto que hasta el PP avaló su candidatura al Príncipe de Asturias y mientras tanto Carmena y su Gobierno le quita la calle al General Moscardó por no dejarse asesinar.