Dos enormes banquetes de 970 platos cada uno en vajillas de plata, cientos de aristócratas invitados, 12 días de fiestas continuadas en el Palacio Real del Buen Retiro, decenas de bailarinas y bailarines, teatro, conciertos, música. Casi 100 toros alanceados en la Plaza Mayor, cacerías, fiestas de disfraces, guiones alocados que interpretaban los nobles y la Familia Real, caballeros disfrazados de damas, Incluso una carrera de caracoles.

Todo esto formó parte del programa de la megafiesta organizada en el Palacio del Buen Retiro en febrero de 1638 en honor de la Duquesa de Chevreuse, una gran aristócrata francesa, viuda del Duque de Guisa, que había conspirado contra Richelieu, el antiespañol primer ministro francés, habiéndose visto obligada a huir de Francia. Fueron 12 días de fiesta continua en Palacio, que costaron cientos de miles de ducados.

Sólo el vestuario de los bailarines que actuaron en honor de tan ilustre señora se calculó en un valor de casi 10000 ducados. La Duquesa correspondió a tanto homenaje haciendo magníficos regalos a la Reina como joyas, diamantes y lo que más asombró: un lujoso ajuar de ropa interior que incluía una colección de medias tejidas en oro. Otra gran fiesta cortesana que causó sensación fue la que había tenido lugar en 1636 en honor de la Princesa de Carignano, aristócrata italiana, esposa del príncipe Tomás de Saboya, que luchaba al frente de tropas hispánicas en Italia contra su propio padre, el Duque de Saboya, que era aliado de Francia.

Volviendo a a la fiesta en honor de la Chevreuse, hubo festivales de poesía. Durante al menos 2 días se representaron unos guiones alocados en los que numerosos caballeros aristócratas castellanos se vistieron de dama y simularon entre otras escenas, una boda campesina. Felipe IV y la Reina también participaron. Surgieron rumores de relaciones íntimas entre Felipe IV y la Chevreuse (que los cronistas desmienten).  En aquella época se pensaba a nivel político que las grandes fiestas en la Corte (sobre todo características de los reinados de Felipe III y Felipe IV) a pesar del enorme derroche que causaban, eran otra forma de mostrar el esplendor de la Monarquía Hispánica a toda Europa, rivalizando con las de la Corte francesa, donde, por supuesto, tampoco se escatimaba el lujo.

El Palacio Real del Buen Retiro, que en realidad aún estaba en construcción (había empezado a edificarse en 1629 y se terminó de construir en 1640), fue destruido siglos más tarde por las tropas napoleónicas. Uno de los edificios del complejo, el Salón de Reinos, fue durante años el Museo del Ejército. Hoy en día solo quedan de él, muy transformados, sus jardines, es decir el actual Parque del Retiro.