Acabamos este pequeño ciclo de entrevistas con las reflexiones del historiador Fernando Paz, autor, junto a Álvaro Romero y Javier García Isac, del libro Franco, en el banquillo. Analizamos con Fernando los aspectos más reseñables de los temas que aborda en el libro.

 

¿Qué supone para usted haber escrito un libro sobre Franco con García Isac y Álvaro Romero?

Son dos personas íntegras, hartas de la mentira en que vivimos, y dispuestas a lanzarse al ruedo. Para mí ha sido un placer y un honor compartir espacio con ellos.

 

Uno de los temas que aborda en el libro es la autarquía del régimen y su relación con la crisis del 29.

La política autárquica del franquismo en su primera época vino determinada por varias cuestiones, y una de ellas fue el impacto de la crisis de 1929, la más devastadora que se había producido hasta entonces.

La crisis del 29 afectó, sobre todo, a las economías globalizadas que, por ello, eran mucho más dependientes. El sistema cayó como las fichas de un dominó, y el desastre se generalizó. Consideremos, además, la desprotección social existente. El panorama era terrible. Las economías menos afectadas fueron o las atrasadas (caso de España) o las que más al margen estaban del circuito, es decir, las menos dependientes (URSS e Italia).

La consecuencia fue que el liberalismo y la ortodoxia cayeron en el descrédito, y la idea de la autosuficiencia económica se abrió paso de forma natural. Las ideas autárquicas se prestigiaron enormemente. Naturalmente, hubo otros factores en la adopción de la política autárquica por el franquismo, pero en el orden de la teoría económica, funcionó así.

 

¿A qué se refiere con el concepto de “elección ideológica” que pone en cuestión?

Si su pregunta se refiere al tema económico y a la autarquía, lo que quiero decir, es que el franquismo no solo tomó el camino de la autarquía por razones de convicción ideológica, sino que hubo otros factores que pesaron, al menos, igual que este.

Uno de ellos fue que se entendía la autarquía como una especie de patriotismo económico, sin duda; pero también lo que antes hemos dicho acerca de la crisis del 29; y, por otro lado, fue decisiva la realidad a la que se enfrentaba el régimen. Realmente, no había elección; la autarquía fue, en último análisis, la consecuencia de la situación internacional. Aunque el régimen hubiera querido, no habría podido alterar sustancialmente su orientación económica.

De hecho, y hasta cierto punto, lo intentó, como muestran sus relaciones económicas con el Reino Unido; pero este reguló los intercambios con España en función de su propósito de mantener a España fuera de la II GM. Por otro lado, Alemania no podía reemplazar a Gran Bretaña como principal socio comercial de Madrid. Así que no había elección.

 

A la guerra civil le siguió la guerra mundial al tiempo de nuestra posguerra. No había alternativas reales. Se antoja difícil que hubiera podido hacerse otra cosa.

 

Aborda el tema del mercado negro y el estraperlo, algo que vivieron muchos españoles...¿fue necesario y lícito en esas circunstancias?

El mercado negro es siempre consecuencia de la situación económica. La reglamentación excesiva – no siempre voluntaria - de los precios conduce a él. Naturalmente, el hecho de su clandestinidad da lugar a todo tipo de abusos.

Y, desde luego, España no fue ni el primer, ni el único lugar en el que este fenómeno sucedió. Y tampoco fue el país en que tomó su peor aspecto. Ni de lejos. Ni el franquismo fue la causa.

El mercado negro es producto de la escasez, en último término. El racionamiento no es un producto del franquismo de posguerra, sino de la herencia que dejó la zona republicana. Durante la guerra civil, en la España nacional no hubo racionamiento; en cambio, en la zona dominada por el Frente Popular, desde marzo de 1937, Largo Caballero impuso la cartilla de racionamiento.

Una de las causas esenciales de la escasez fue la necesidad de asumir la media España derrotada. El mercado negro le debe más al Frente Popular que a Franco, sin duda. 

También analiza lo que supuso la industrialización, clave para levantar el país.…

La industrialización era, sin duda, la clave para la modernización de España. Los gobiernos anteriores no habían sido capaces de homologarnos con Europa, y el retraso era espectacular, más o menos de un siglo con respecto a la Europa desarrollada.

Los europeos venían de visita a España como quien va a un zoológico a contemplar una especie en extinción: un país de toreros y folclóricas, de apasionados galanes y de voluptuosas cármenes, de gitanos negruzcos y militares engallados. Un país del que la ciencia estaba ausente y en el que apenas nadie sabía leer ni escribir. Evidentemente, la imagen era exagerada, pero tenía un fondo de verdad en cuanto a que proyectaba la imagen de un país rural, atrasado y analfabeto que, en parte constituían la realidad española.

Durante el siglo XIX, la política española había sido de subordinación a intereses extranjeros. Por ejemplo, aunque se habían enajenado las riquezas del subsuelo vendiéndolas a compañías extranjeras, no se les había pedido a estas que, a cambio, creasen industrias en nuestro suelo para la transformación de las materias primas, que se llevaban a Gran Bretaña. No estábamos muy lejos de una especie de explotación colonial.

En los años del siglo XX que antecedieron a la guerra civil tampoco se hizo gran cosa para propiciar una industrialización generalizada del país.

 

Franco, que creció en la España del regeneracionismo, tenía un propósito modernizador. Al principio favoreció la iniciativa privada, pero pronto se dio cuenta de que esta era insuficiente, y en 1941 creó el INI, de carácter estatal, a partir del cual se acometió una industrialización que condujo a España a convertirse, apenas un par de décadas más tarde, en la novena potencia industrial del mundo.

Ha sido el gran salto cualitativo de la historia de España: la conversión de un país agrario y atrasado, rural y anquilosado, en un país industrial, urbano y moderno.

 

Muchos españoles tuvieron que emigrar...¿fue un debe del franquismo?

En absoluto. La emigración durante el franquismo arroja las mismas cifras que en los periodos históricos que le antecedieron; si acaso, son un poco más bajas. Y había razones para que se hubieran incrementado, debido al impacto que es de esperar cuando se produce un proceso de modernización tan súbito como el que acaeció en España.

La diferencia esencial entre la emigración durante el franquismo y la que la precedió, radica en que el franquismo creó los organismos oficiales para atender a los emigrantes una vez en su destino, acordando con los países europeos las correspondientes prestaciones sociales. Ni antes, ni después, ha sucedido tal cosa.

La emigración no es, como digo, un fenómeno singular del franquismo. En absoluto.

Y ¿hasta qué punto fue necesaria y determinante la ayuda de USA?

Desde un punto de vista funcional, de la supervivencia del régimen, el apoyo de los EE.UU. fue de una importancia decisiva. La guerra fría, la ruptura de la alianza que había derrotado a Hitler, fue lo que permitió esa supervivencia. En 1945-1946, pocos hubieran apostado a que Franco superaba el trance de la victoria aliada.

Los países europeos, en los que se produjo un fuerte ascenso de los partidos comunistas, se inclinaban con claridad hacia la izquierda. En muchos de ellos, se había establecido una especie de competición antifranquista. Para España, la situación era peligrosa.

Pero EE.UU. se dio cuenta de que, en una coyuntura de ascenso comunista e izquierdización generalizada en Europa, el anticomunismo de España era un valor seguro. Hacia 1947 Washington estaba variando su postura. Para entonces, el régimen había capeado lo peor de la tormenta, con lo que España probablemente hubiera salido adelante de todos modos, pero no en las mismas condiciones.

No cabe duda de que el aval norteamericano fue de una trascendencia crucial. Pese a eso, hay que advertirlo, España mantuvo su soberanía de modo encomiable.

Muchos se habla de represión en el franquismo y de falta de libertades, ¿cómo se puede refutar o matizar esto?

En términos políticos, el de Franco fue un régimen de semipluralismo. Las fuerzas que ganaron la guerra tuvieron su parte en él, con todos los peros que se quiera. Franco se sirvió de ellos para su gobierno, lo que también significa que ellos tuvieron su cuota de poder.

Los partidos que perdieron la guerra quedaron excluidos como tales partidos, pero muchos de quienes formaron parte de ellos, se integraron en la vida nacional.

Ahora bien: el franquismo no supo articular un régimen de representación política. Siempre arrastró esa condición que Serrano Suñer le imputó de ser “un estado campamental”, y nunca terminó de institucionalizarse. Existió la impresión de que se trataba de una excepcionalidad que duraría lo que durase Franco.

No desarrolló la idea de democracia orgánica, y no cabe duda de que, si bien la inmensa mayoría de los españoles fue partidaria de Franco con mayor o menor fervor, el régimen no supo ser verdaderamente representativo ni constituir una democracia alternativa a la que desde el régimen se impugnaba. En mi opinión, ese fue el mayor error del franquismo.

Así que, si a lo que nos referimos es a la cuestión de las libertades políticas, no puede discutirse que no fue un sistema de libertad política.

Obviamente, la libertad no termina ni empieza en el ámbito político. En cuanto a las libertades personales, durante el franquismo estas eran muy amplias, y no había intromisión en la vida personal.

Aunque ahora se pretende dar la imagen de que el franquismo era un régimen policial, la verdad es muy otra. En la España de Franco, la represión policial no fue mayor de lo que era en otros países de Occidente como Alemania, Francia o los EE.UU. en esos mismos años. Seamos sinceros: el franquismo no necesitó de una represión de ese tipo básicamente porque contaba con un abrumador consenso social.

¿Era verdaderamente un estado represor o dictadura o más bien un régimen autoritario como definió la Real Academia de la Historia....?

Sobre este punto no puede haber discusión, porque no es cuestión de opinión, sino de taxonomía. El franquismo fue un régimen autoritario, con fuertes rasgos dictatoriales en los primeros años -sobre todo los de la guerra y la muy inmediata posguerra - que fueron dando paso a un Estado de Derecho con el paso de los años.

En absoluto fue un régimen fascista ni totalitario, aunque externamente sea cierto que, sobre todo en los comienzos, puedan encontrarse similitudes. Sobre esto no puede haber discusión académica.

Otra cosa es la propaganda de los medios generalistas, a los que nada importa la verdad histórica (ni la de otro tipo).

¿Qué esperan aportar con este libro?

La obra está enfocada por el editor como una defensa de Franco. Los que en ella escribimos aceptamos y celebramos tal planteamiento.

Con independencia de cualquier otra consideración, ante los ataques despiadados, mendaces y miserables que no persiguen finalidad histórica alguna, sino solo un objetivo puramente ideológico, Franco merece una defensa.

Franco, como cualquier otro personaje histórico, está sujeto al escrutinio de los historiadores. Pero lo que se está perpetrando al respecto de Franco es algo verdaderamente inaudito. Por eso, lo que reclamamos es un trato profesional del personaje y de su época histórica; en lugar de a lo que asistimos, que es algo muy parecido a un linchamiento que nada tiene que ver con un tratamiento objetivo y profesional del tema a tratar.

 

¿Cómo valora la labor de SND?

Considero que una labor de este tipo no puede llevarse a cabo sin una alta temperatura moral. No sé si hace falta que diga que tienen mi admiración.