José Alsina Calvés, nacido en Ripoll, es licenciado en Biología por la UB, Master en Historia de las Ciencias y Doctor en Filosofía por la UAB. Catedrático de Instituto jubilado es fundador y secretario general de la Asociación Sindical del Profesorado de Enseñanza Pública de Cataluña. Autor de diversos libros sobre historia de la ciencia, historia de las ideas y biografías políticas. Director de La Emboscadura y de Nihil Obstat. Hasta hace poco presidente de Somatemps, dirige en la actualidad la Catedra Eugeni D’Ors de Pensamiento Hispánico de esta asociación. En esta ocasión nos habla de la publicación Nihil Obstat, revista de historia, metapolítica y filosofía.

 

¿Cómo surge la revista Nihil Obstat y con qué finalidad?

Surge de forma muy humilde (los primeros números se fotocopiaban) partiendo de la convicción de que cualquier empresa política precisa previamente de un trabajo metapolítico, de una conquista de la “hegemonía”, como diría Gramsci. Hoy en día esta hegemonía está en manos de la ideología posmoderna, un hibrido entre el neoliberalismo y los residuos de la izquierda (lo que algunos llaman equivocadamente “marxismo cultural”). El globalismo, la ideología de género y LGTBY, el “antifascismo” y la lucha “contra toda exclusión” son manifestaciones de esta ideología, en la cual, por cierto, el turbocapitalismo se mueve cómodamente,

¿Qué es el Sistema y por qué hay que combatirlo?

El Sistema es el conjunto de instituciones e ideologías que consolidan el poder de una Nueva Clase que es global, pero que tiene su asiento físico principal en EEUU. Sistema es el FMI, el Banco Mundial o la UE. Sistema es la ideología del progreso que considera “anticuada” cualquier relación de pertenencia. Sistema es el machaque constante en los medios de comunicación, en la escuela, en la películas, de que lo “nuevo” es siempre mejor por el hecho de serlo, que cualquier identidad es retrógrada, que cualquier idea fuerte es peligrosa y de que la “tolerancia” es el sumum de las virtudes.

 

Pero profundizando más, ¿qué es el Sistema en el fondo?

Una forma de dominación en la que el dominado no se siente como tal, sino “liberado”.

 

Por último Sistema es también la demonización de cualquier adversario bajo la denominación común de “fascista”.

El término “fascista” ha dejado de ser un epíteto para referirse a un régimen político concreto, que imperó en Italia durante 20 años (régimen que se fundamentaba en un movimiento político que se escindió del socialismo y participaba en grado notable de la ideología de la modernidad) para convertirse, no ya en un insulto, sino en una descalificación ritual que sitúa al “réprobo” fuera de la humanidad. Contra el “fascista” vale todo, pues, tal como dicen los voceros del Sistema “ninguna tolerancia con los intolerantes” (frase que debería llevarse al diván del psiquiatra por su esquizofrenia).

El problema es que nadie se ha preocupado de explicar, de forma razonable que es ser “fascista” y podemos ver el espectáculo (divertido) de que no solamente se nos aplica a los disidentes, sino que entre las diversas facciones del Sistema se llaman “fascistas” unos a otros. Así en Cataluña podemos ver como los liberales constitucionalistas llaman “fascistas” y “nazis” a los separatistas, y estos a su vez llaman “fascistas” a los constitucionalistas.

 

¿Por qué en el Sistema no cabe oposición posible?

Para participar en el Sistema hay que aceptar sus items básicos. Luego viene la farsa del enfrentamiento izquierda-derecha, farsa que en España goza de muy buena salud, pero que en muchos lugares de Europa se está deshaciendo para dar lugar a nuevas polaridades ideológicas. En las última elecciones presidenciales francesas pudimos ver a la izquierda y a la derecha derrumbarse, y la segunda vuelta librarse entre Macron, neoliberal sistémico que agrupaba a la “izquierda” y a la “derecha”, frente a Le Pen que representaba el patriotismo soberanista.

 

¿Por qué la auténtica línea de fractura está entre el Sistema y los disidentes?

Disidente es todo aquel que rechaza los items básicos del sistema, que está por la identidad y el arraigo, que prefiere el pueblo a las abstracciones. Puede proceder de lugares ideológicos muy diversos, desde el catolicismo tradicionalista o la ortodoxia (como Dugin) o desde sectores de la izquierda que no han aceptado la hibridación socioliberal (como Lasch, Michea o Mauss).

 

¿Quiere añadir algún aspecto que aclare o redondee todo lo dicho hasta ahora?

Nihil Obstat salé dos veces al año. Hay un dossier central y artículos complementarios. El próximo numero será el 33 y su tema central será “Educación: la crisis permanente”. Otros temas centrales ha sido “La generación del 98”, “Ortega y Gasset”, “El Carlismo”, “La Cuarta Teoría Política”, “Gustavo Bueno”, “La Técnica” o “Eugeni D’Ors”.