“No creemos en la democracia como un valor absoluto. Tampoco en la libertad”. La frase no pertenece a ningún líder de lo que la izquierda llama genéricamente “fascismo”. No. La frase la pronuncia uno de sus principales paradigmas políticos, absurda y permanentemente reivindicado como un mártir de la democracia y de la libertad: Francisco Largo Caballero.

Ateniéndose al estricto cumplimiento de esa máxima socialista (“No creemos en la democracia como valor absoluto. Tampoco en la libertad”), la izquierda cántabra ha boicoteado con notable éxito, gracias, como siempre, a la cobardía y pusilanimidad de quienes debían haberlo impedido, el acto convocado por la Asociación Cultural Alfonso I al que han sido invitados como conferenciantes el director de El Correo de Madrid, Eduardo García Serrano y uno de sus más brillantes columnista, Javier Barraycoa. No obstante, y a pesar de la “tolerante y democrática” izquierda cántabra, el acto de la Asociación Cultural Alfonso I y las conferencias de Eduardo García Serrano y de Javier Barraycoa se llevarán a cabo mañana sábado, 19 de octubre, en una catacumba alternativa de Santander. Paradojas del destino, pues fue en las catacumbas de Roma donde la libertad de pensamiento, palabra y obra de todos los hombres creció, se fortaleció y se universalizó.

Las conferencias programadas por la Asociación Cultural Alfonso I se iban a pronunciar en un local del Paraninfo de la Universidad de Cantabria, en Santander, con la autorización, por supuesto, de las autoridades universitarias. Nada más recibir noticia de dicha autorización, la izquierda santanderina montó en cólera “democrática” por considerar a la Asociación Cultural Alfonso I una peligrosísima célula “fascista” carente de todo derecho, y amenazó a la Universidad de Cantabria con toda clase de furias “democráticas” desatadas contra los organizadores del acto y los conferenciantes.

Como quiera que el miedo en España es gratuito y epidémico, las autoridades universitarias se plegaron gustosamente a las amenazas y exigencias “democráticas” de la izquierda cántabra y anularon la concesión del local del Paraninfo a la Asociación Cultural Alfonso I. No importa, más allá, claro, de la cobardía de unos y de la mezquindad de los otros, a las que tan acostumbrados estamos los que no somos ni de los hunos (sí, con hache) ni de los hotros (también con hache).