Si en su momento pensaron que la caída del Muro de Berlín había supuesto un golpe mortal para la izquierda política, o que la publicación, años después, del Libro Negro del Comunismo, lo había sido en un plano más académico, erraron. Pero como muchos lo hicimos, si no todos, la gran mayoría. De hecho el desconcierto fue mayor al ver renacer a la izquierda política con el llamado Socialismo del Siglo XXI en Hispanoamérica, y culturalmente con el llamado marxismo cultural, que estuvo gestándose desde mucho tiempo atrás, en la Escuela de Frankfurt o con las ideas sobre Hegemonía del comunista italiano Antonio Gramscique vendrían a ampliar el campo de acción de la lucha de clases y a abrir a tendencias subversivas de todo tipo un paraguas bajo el cual respaldarse políticamente.  

Nuestro ilustre invitado de hoy prefiere denominar a este movimiento Nueva Izquierda, y sus razones tiene. Él diferencia, a esta Nueva Izquierda, claramente, del Socialismo del Siglo XXI, porque éste último aún contiene muchos elementos del viejo marxismo que incidía en el materialismo histórico y los problemas económicos de base y porque la génesis y el desarrollo de ambos, aunque complementarios, son bien distintos. 
 
Junto con el también activista, pensador político y estudioso histórico Nicolás Márquez, Agustín Laje emprendió la ingente labor de clarificar los conceptos y explicar los movimientos surgidos en la nueva izquierda a través de un libro que, supongo, ya indica en su título que El Libro Negro del Comunismo, pese a su rigor histórico y su fuerza descriptiva, no iba a constituir ciertamente una puntilla para el Socialismo Real: El Libro Negro de la Nueva Izquierda.
 
Tanto se llenan la boca los progresistas y comunistas disfrazados (Por ejemplo, en España, el Partido Socialista y Podemos) con epítetos como neoliberal, neocon y ahora alt-right, en el mejor de los casos, cuando no directamente fascismo o populismo, que ponerles a ellos una etiqueta adecuadamente descriptiva no deja de ser un ejercicio de responsabilidad cívica y de justa correspondencia. Así, la denominación de marxismo cultural aplicada a la suma de ciertos movimientos con una raíz marxista común, o, la denominación de Nueva Izquierda que prefiere usar nuestro invitado de hoy, son adecuadas, y no llevan en sí una connotación negativa, salvo para quien considere que el marxismo es una monstruosidad, cosa que no le sucede a los marxistas culturales o nuevos izquierdistas, que no condenan las atrocidades del Comunismo (sólo las del Nacional Socialismo y el Fascismo italiano, con fuertes raíces socialistas). De hecho siguen la misma agenda totalitaria, pero con distintas anotaciones.
 
El Libro Negro de la Nueva Izquierda es un libro claro, didáctico, bien estructurado en la exposición de los temas, extraordinariamente erudito y, sobre todo, veraz.  Si alguno de los que lean este artículo no lo ha leído le animo calurosamente a que lo haga. Es un libro indispensable, un libro de referencia, y para un servidor, ya, aún tan joven, un clásico.
 
Les dejo con la entrevista a Agustín Laje. Las respuestas que da a mis preguntas merecen ser leídas y releidas. 
 
Desde aquí le agradezco muy sinceramente que nos haya atendido.
 

1.- El Libro Negro de la Nueva Izquierda se ha convertido en un referente ineludible para todo aquel que quiera comprender de dónde vienen la Ideología de Género, el Feminismo Hegemónico y el Homosexualismo. ¿Esperabais Nicolás Márquez y tú la gran repercusión que ha tenido, que os ha hecho viajar por toda Hispanoamérica para debatir sobre su contenido y que incluso te trajo a España a recibir el Premio de Batalla Cultural de Hazteoír?

De ninguna manera. Empezamos a pensar este libro a fines del 2014, y lo empezamos a escribir a principios de 2015. Por entonces, todos nuestros allegados nos miraban raro cuando les comentábamos de qué escribíamos; las caras transmitían desconcierto respecto de qué interés podría suscitar estos temas en los lectores. Nuestra idea nunca fue escribir un best-seller, sino escribir aquello que nosotros mismos queríamos leer, pero que a decir verdad no existía todavía o, para ser más justo, que nosotros no habíamos encontrado en el mercado literario. Por ello la primera edición del libro (1000 ejemplares) fue muy pequeña para lo que nosotros acostumbrábamos imprimir. Y cuando lanzamos el libro con una conferencia que se llenó de nuestros lectores habituales, la verdad es que pensamos que había sido un fracaso: nadie entendió de qué estábamos hablando. Pocos meses más tarde el tema explotó, pasamos a ser best-seller en Amazón, nuestro público cambió radicalmente (ahora era gente muy joven) y el libro se convirtió en algo así como un símbolo de rebeldía e incorrección política. Creo que todavía no nos damos cuenta de la magnitud de lo que ocurrió.

2.- El Marxismo Cultural está en la base de todos estos nuevos movimientos sociales presuntamente independientes, tanto los que abordais en vuestro libro como otros que os comprometisteis a abordar en una próxima entrega. Para quien no haya leído vuestra obra ¿Podrías explicar brevemente en qué consiste y por qué tiene tan "diversas" manifestaciones?

Más que "marxismo cultural", nosotros preferimos hablar de "Nueva Izquierda", porque aquello puede acarrear una contradicción de términos: el marxismo nunca ha sido culturalista, sino materialista. Por eso el título del libro evoca a la "Nueva Izquierda", aunque a veces hemos hablado de "marxismo cultural", si bien preferimos, como digo, lo primero.

En breve, la Nueva Izquierda se distingue de la Vieja por abandonar parcialmente el terreno económico y los sujetos políticos que en él se determinan (obreros/burgueses), dando un salto al terreno más amplio de la cultura, donde los antagonismos se construyen a partir de la misma lógica opresor/oprimido sólo que a partir de identidades no-económicas (hombre/mujer, heterosexual/homosexual, blanco/negro, humano/animal, indígena/colonizador europeo, etc.). La lucha política se traduce en la progresión (progresismo) de discursos culturales conflictivos que avanzan de manera milimétrica, en el horizonte del largo plazo. La guerra de guerrillas, el terrorismo urbano, la revolución armada, ya no tienen por lo tanto sentido: la metodología ahora es muy distinta, y consiste en hegemonizar los dispositivos culturales de una sociedad (medios de masas, colegios, universidades, ONG's, bibliotecas, think tanks, etc.) para desde allí tomar por asalto la cultura y, con ella, el poder. Esta metodología es mucho más efectiva que la anterior, porque supone una agresión que resulta invisible e indolora al corto plazo para la mayoría de sus víctimas.

3.- ¿Podría decirse que la Nueva Izquierda, lo que algunos llaman El Socialismo del Siglo XXI, tiene su génesis, o cuando menos sus primeros desarrollos fatales, en Hispanoamérica? 

El Socialismo del Siglo XXI es, en efecto, un fenómeno hispanoamericano: Chávez, Maduro, Correa, Morales, Kirchner, Da Silva, Ortega, fueron y son sus referentes de mayor importancia política. Así, hay que comprender al Socialismo del Siglo XXI como la llegada al poder del Estado de líderes populistas que procuran llevar ideas de izquierda (económica y política) al poder de ciertos países hispanoamericanos. Pero acá hay un punto que debe ser aclarado: el Socialismo del Siglo XXI no es lo mismo que la Nueva Izquierda. Puede haber socialistas del Siglo XXI afines a la Nueva Izquierda (como Alberto Fernández ahora en Argentina), pero esta última es un proyecto político mucho más profundo, que puede operar por fuera de las estructuras estatales en todo momento y todo lugar. Chávez, por ejemplo, es el ícono del socialismo del Siglo XXI; no obstante, su discurso no fue muy próximo a lo que llamamos "Nueva Izquierda", sino más bien a la "Vieja". Lo mismo diría de Maduro, Correa y, en general, Ortega y Morales.

La Nueva Izquierda no nace en Hispanoamérica, sino en Europa y Estados Unidos. Diría que su bautismo fue 1968, y el epicentro, desde luego, Francia. Recordemos que allí el estudiantado no tomó el poder político: ese no era su objetivo, y lo decían abiertamente. Lo que tomaron fue cosa muy distinta: tomaron el poder cultural sobre la base, sobre todo, de un antagonismo generacional. Y esto es más bien lo que distingue a la Nueva Izquierda: la primacía de lo cultural sobre lo económico y lo político.

4.- Como argentino, puedes presentar credenciales de disidente frente a la Nueva Izquierda, en tu país representada por el monstruoso Kirchnerismo hijo del Peronismo. ¿Puedes explicar brevemente a nuestros lectores la gravedad de la situación argentina?

En Argentina, después de 12 años de latrocinio kirchnerista, tuvimos 4 años con sabor a poco de macrismo: un proyecto político que, según se dice, era de "centro-derecha" pero la verdad es que no fue mucho más que un centrismo tecnocrático que resultó, en lo cultural, en muchos aspectos funcional a la Nueva Izquierda. Ahora nos esperan 4 años más (por lo menos) de kirchnerismo, esto es, en breve: 4 años más de corrupción exorbitante (cerca de 5% del PBI en Argentina representa la corrupción), de un Estado en permanente crecimiento a costa de los sectores productivos y los trabajadores (en Argentina trabajamos más de la mitad del año sólo para pagar impuestos para un Estado que ni siquiera tiene la capacidad de proteger a sus ciudadanos de la omnipresente delincuencia), de persecución a disidentes (recordemos que hace pocos años mataron a un fiscal que investigaba relaciones turbias con Irán) y de control y adoctrinamiento ideológico al por mayor (a través de currículos ultraideologizados, intelectuales orgánicos rentados, televisión pública, control de la prensa con subsidios, policía ideológica contra la incorrección política y disciplinamiento de todo tipo). Creo que apuntarán, además de todo esto, a reformar la constitución en dos años, cuando controlen definitivamente el Poder Legislativo, a los efectos de eternizar su proyecto político, económico y cultural, tal como pretende hacer siempre la izquierda cuando se hace del poder (verbigracia, Bolivia, Venezuela, etc.).

5.- En vuestra gira por Hispanoamérica para conferenciar y  debatir sobre vuestro libro ¿Dónde habéis sido mejor y peor recibidos, dónde directamente no habéis ido? ¿Qué aires se respiran en los distintos países? 

Creo que lo más fuerte ha sido México y Perú. En este último nació "Con mis hijos no te metas", y en México hay un clima de resistencia muy interesante también, porque allí han tenido una derecha cultural bastante fuerte por motivos tradicionales. Uruguay está en el extremo opuesto: es muy progresista, y no es para menos, con la hegemonía del Frente Amplio (izquierda) por tantos años en el poder (del 2005 al 2019), alternando entre Vázquez y Mugica. A Cuba directamente no podemos ingresar, puesto que Nicolás Márquez ha estado preso en la isla. De Venezuela nos han invitado dos veces, y las dos veces aceptamos, pero luego los anfitriones dieron marcha atrás, una vez por razones económicas, otra por razones de seguridad.

6.- En la división del trabajo que realizasteis Nicolás Márquez y tú para El Libro Negro de la Nueva Izquierda, afrontaste la labor de explicar la evolución del feminismo en sucesivas olas....hasta el tsunami actual, y la evolución de la Ideología de Género. Desde el punto de vista científico es un disparate colosal. Siendo así la conocida como "Teoría de Género" un fraude científico tan flagrante, ¿cómo crees que puede haberse convertido en un fenómeno sociológico y político tan exitoso?

Las ideas no triunfan necesariamente por ser verdaderas, sino por contar con poder político y económico. Pensar que la ideología dominante domina por el alto nivel de adecuación respecto de la realidad, es un error muy común con el que nos perdemos de ver las condiciones políticas y económicas del triunfo de esa ideología. Y en el caso del feminismo y la llamada "teoría de género", por más disparatada que esta última sea, todo es posible cuando recibes el apoyo de los máximos órganos de poder internacional (empezando por la ONU) y el financiamiento de las ONG's más poderosas del mundo (vg. Open Society, Bill & Melinda Gates Foundation, Ford Foundation, Arcus Foundation, Rockefeller Foundation, IPPF, entre tantas otras), por no mencionar directamente el financiamiento de Estados (Canadá, por ejemplo, destinará 1.4 billones de dólares a promover estas agendas anunció el año pasado Trudeau).

 

7.- ¿Qué fines crees que persiguen estás organizaciones que mencionas? 

 

Es una pregunta que me resulta muy difícil de contestar, pero hay casos que resultan más evidentes que otros. Por ejemplo, IPPF es una industria que crece a medida que crece el número de abortos que practica. Para ingresar a un país, necesita que el aborto se legalice. El discurso feminista ha mostrado ser el más efectivo a la hora de legitimar el asesinato sistemático de seres humanos en gestación. Por ello es natural que IPPF financie a los lobbies feministas.

De otras ONG's e intereses internacionales, creo que podría buscarse la respuesta a la pregunta que me hace en motivos más bien geopolíticos vinculados a la paranoia por la cantidad de personas que habitamos el planeta. Esto no es nuevo: podemos retroceder hasta Malthus. Ahora bien, políticamente hablando, los intereses por controlar la demografía y reducir la población se remontan a principios del Siglo XX. PPFA (Planned Parenthood Federation of America), por ejemplo, nace con fines eugenésicos explícitos. David Rockefeller III crea el Consejo de Población con esos mismos fines, también explícitos en su entonces director, Frederick Osborn. Podemos pensar también en el Memorandum-200 o "Informe Kissinger", donde se planteaba la amenaza del crecimiento poblacional para los intereses de los países ricos. O bien podemos revisar las Conferencias de Población de la ONU, o el Fondo de Población, ver cómo utilizan sus dineros, en qué países hacen ingeniería cultural y cómo.

8.- En España tenemos la Ley Integral de Violencia de Género, que hace valer más el testimonio de una mujer que el de un varón, suprimiendo durante un tiempo la presunción de inocencia del hombre: eres culpable hasta que se demuestre lo contrario. Esto atenta contra la igualdad ante la ley. El feminismo es, por consiguiente, contrario al Estado de Derecho. ¿Es el feminismo totalitario?

El feminismo reclama una igualdad que por definición es contraria a la igualdad ante la ley: la llamada "igualdad de género". Me resulta alarmante la medida en que la sociedad, a través de años de adoctrinamiento mediático, de manera acrítica hoy entiende que la "igualdad de género" es una panacea, y cualquiera que diga lo que yo estoy diciendo será condenado al ostracismo. Pero la verdad es que la "igualdad de género" es una igualdad de resultados, y la igualad de resultados necesariamente aniquila la igualdad ante la ley y la libertad individual. Eso así porque la igualad de resultados lo que procura es llegar a un estado de cosas distinto del que la sociedad llega con arreglo a las interacciones libres y espontáneas, y para eso necesita utilizar la fuerza del Estado y generar una normativa que trate a los ciudadanos de manera distinta. Pongamos un ejemplo muy claro: en Noruega los "campeones de la igualdad" entendieron que era un grave mal el hecho de que pocas mujeres estudiaran ingeniería. La ingeniería es una profesión bien pagada en el mercado, pero resulta que las mujeres, por más que puedan ingresar, no la eligen. Entonces el gobierno decidió subsidiar a las mujeres que estudiaran ingeniería, logrando un aumento artificial de la demanda femenina por esta carrera. Ahora bien, pasado un tiempo, quitaron el subsidio y la tasa de inscripción femenina en ingeniería volvió a sus números habituales. En el camino, no obstante, se atentó contra la igualdad ante la ley (pues los hombres no recibían subsidio alguno), y contra la propia libertad (porque dejadas en libertad, las mujeres preferían otra profesión).

9.- Cuanto más compleja es la sociedad y mayores las comunicaciones (con la explosión de internet) más sencillo es hacer calar mensajes simples en mentes dispuestas a creerlos. En esta época de posverdad y relatos relativistas, ¿Cómo podemos hacer llegar un relato veraz y real a personas cada vez más perezosas cognitivamente que entregan su libertad a causas pintorescas y llamativas por puro gregarismo? 

Yo soy un entusiasta de las redes sociales e Internet, aunque no un ingenuo. Sé muy bien que es un espacio donde la libertad está constantemente amenazada, y he sufrido en carne propia reiterados bloqueos de Facebook, Instagram, Twitter y YouTube. No obstante ello, lo que Internet ha generado es la posibilidad de que los sin-poder-cultural accedamos a una inmensa plataforma donde, si lo que decimos interesa, entonces podemos ir construyendo nuestro poder cultural. Yo, por ejemplo, no tengo ningún lugar en los medios de mi país: durante todo 2019, aparecí una sola vez en televisión. No obstante, fui el 2do argentino más mencionado en Twitter, y en una reciente encuesta nacional ocupé el lugar 34 entre los 100 más influyentes del país. Todo esto con una completa ausencia en los medios tradicionales, pero con una militancia sin descanso en Internet.

Creo que si queremos llegar a mucha gente, Internet es nuestro lugar, al menos por ahora. Y nuestro mensaje debe ser lo más genuino posible: la gente está cansada de frases prefabricadas e indignaciones esperables. Eso que se llama incorrección política es la marca del sentido común que ha sido aplastado, pero que habita en las mayorías autocensuradas que encuentran un soplido de aire fresco cada vez que leen o escuchan a alguien decir lo que ellos hasta ahora no se han atrevido.

10.- ¿Cómo te definirías políticamente?

Como una persona orgullosamente de derechas, en un momento en que ser de derecha no es muy distinto de ser el "malo de la película". Claro que "derecha" es un significante tendencialmente vacío que, parafraseando a San Agustín cuando hablaba sobre el tiempo, todos sabemos muy bien lo que significa pero cuando lo queremos definir se nos escapa de las manos. Pero esta dificultad en su definición es una virtud política, pues abre un espacio muy claro para la articulación de distintos significantes capaces de entrar en una relación equivalencial hegemónica: ciertos liberales, ciertos nacionalistas y ciertos conservadores, pueden darse la mano bajo la etiqueta "derecha". Mi intención política es reactivar entonces a la derecha, o más bien, a una "Nueva Derecha", porque creo que pronto nos daremos cuenta que los "malos de la película" en verdad no éramos otra cosa que una mayoría silenciosa que aceptó cobardemente su propia demonización por parte de un establishment cultural privilegiado que debe ser puesto en cuestión cuanto antes.