Acaba de publicar un nuevo ensayo, La revolución española 1936-1939 (Espasa), con el que vuelve a sumergirse en el tema de la Guerra Civil. En esta obra recorre de forma analítica los principales lances políticos de la contienda, prestando especial atención al proceso revolucionario que se desencadenó en la zona republicana, sobre todo a partir de las elecciones de febrero de 1936 en las que se impuso el Frente Popular. Y sus conclusiones en cuanto a la responsabilidad del trágico desenlace no discurren por el carril habitual: "Un Gobierno de la CEDA no habría desembocado en el peor de los resultados", escribe. Pero hay mucho más.

"No fue un golpe de Estado en sentido estricto. Es decir, no pudo ser un golpe para acaparar los resortes directos del poder en Madrid. Fue una imposibilidad física, militar, porque los rebeldes estaban demasiado débiles en Madrid y por eso sería necesario una concentración de fuerzas, una insurrección mucho más amplia por todo el país. Y por eso supuso algo como una Guerra Civil breve... Todo el mundo esperaba una Guerra Civil entre las fuerzas más extremistas, pero la cuestión fue de qué clase de Guerra Civil y de cuánta duración. Pero el golpe de Estado... siempre se dice eso, bueno, es un término metafórico... Bueno, en el primer momento sí se concibió como un golpe de Estado, que varias cosas lleven a agarrarse a los resortes del poder, a los Ministerios en Madrid, pero eso fue después de algún tiempo, cuando fue absolutamente posible. Sería necesario no distraer a otras fuerzas para conquistar Madrid, y eso quiere decir una Guerra Civil breve." Declara en una entrevista a El Español