Vuelve Vargas Llosa a la palestra literaria en un tiempo actual incierto, convulso, con “Tiempos recios” (Alfaguara). Y aunque no habla, de manera abierta, de la situación política que nos rodea, si muestra una historia, o más bien tres, llena de conspiraciones políticas e intereses entrelazados, aunque el escenario sea distinto, allende los mares.

En el marco de la Guerra Fría, de la Guatemala de Carlos Castillo Armas. Que arranca con una fake new.  Algo muy actual. Una mentira, por parte de un publicista,  que pasa por verdad, para salvaguardar los intereses de un cliente.  Al que el autor de  ”La ciudad y los perros”  incita a quitar importancia para dejarse seducir y sumergirse en el puro relato, por esta trama, que escuchó no sé sabe si por casualidad o destino en la República Dominicana,  y ahora nos hace cómplices participes de forma épica.

Con una solida base histórica, que ha tratado de respetar, al documentarse en todo momento.  Viajes, diálogos e información de la época, pero sin dejar de lado su faceta como novelista.  A lo real, verídico, se añade altas dosis, “muchas cosas imaginarias”, señala el Nobel de Literatura.

Distintos momentos históricos, que el galardonado peruano, de Arequipa, consigue armar gracias a la capacidad de los personajes que la habitan.  Hasta revelar lo que fue la vida y política del país centroamericano,  desde que la ilusión democrática y el notable ansia de reforma cedió ante las presiones autoritarias.

En Tiempos recios, tiempos duros, ásperos, deambulan, una miss,  Marta, bella imaginamos, embarazada de un amigo,  intelectual de izquierdas, de su padre, que le dan la espalda. Y al que Castillo Armas, “el dictador”, recoge y protege como nexo.

Abbes García ,  figura clave en ” La Fiesta del Chivo”, conduce la segunda trama junto a un popular teniente coronel que algo raroplanean, y se desvela paso a paso, gracias a la información que las otras dos historias desembocan al lector, y llevan a la figura del coronel Castillo Armas, con gran rencor personal y político hacía Jacobo Árbenz. Uno de los personajes más controvertidos en América Latina, que aparece bajo un halo  “reformista, moderno, democrático”, para el Premio Cervantes. Aunque  la etiqueta “comunista”  también le viste, sembrando la duda.

La última parte, antes del desenlace, lo firman los episodios históricos de la novela. Salpicado de personajes secundarios que aportan notable sustancia  a los protagonistas. Abbes, Castillo y el embajador americano en Guatemala John Emil Peurifoy, allá en el 53.  

Las reformas en detrimento de los intereses de la United Fruit,  la conspiración para invadir el país desde Honduras…  Y mucho más, todo con elocuentes y magistrales  saltos en el tiempo que mantienen la intriga hasta el final. Con la aparición inesperada, cual  guest star,  del Che Guevara, como mero observador, y su consiguiente repercusión en la Revolución cubana.

Mario Vargas Llosa, con su plena madurez, y afable semblanza y soltura, vuelve a dejar constancia, a través de la escritura, de su peculiar visión de la América Latina contemporánea.  Un gesto que desea compartir. Un suma y sigue en una estelar carrera, renovadora de la novela, para dar forma a nuestra imagen de un continente que palpita y tiene aún mucho que decir.

Por César Serna