Ni en la excelsa imaginación de Tolkien se podría haber visto mejor representado el esperpento al que, hoy en día, se lleva a lo femenino. Deriva morada donde hordas de orcas invaden las calles de nuestras ciudades avergonzado a todas las mujeres que, aunque a veces no nos vistamos por los pies, nos vestimos. Después vienen las quejas de si nos miran las posaderas cuando, semidesnudas, revindican “no se que” derechos que nos han sido arrebatados “no se sabe ni donde ni cuando”. Para muestra una “Lastra”.

Y no se equivoquen ustedes. Lo de Orcas no hace referencia al aspecto físico sino a que, aún con la masa que forman, no suman ni un ápice de vida inteligente. Bien es sabido que, en grupo, el individuo se diluye, desaparece transformándose en la mayoría de los casos en una entidad peligrosa. Porque, como ya sabemos los que nos ocupamos en informarnos, leer y contrastar, la violencia no tiene género. Por lo que, a pesar de no tener ninguna Y en sus cromosomas, esta masa amorfa, no solo no está exenta de ejercer la violencia, sino que la alimenta, abusando de ella, ante la falta de argumentos que sustenten su existencia.

Si tan solo quisieran de verdad la igualdad que vociferan llorosas, se dedicarían a revisar la historia como hacemos otras. Mujeres que, aunque desde la médula sentimos la certeza, de que la historia que nos han contado está llena de giros Orwelianos, preferimos constatar con datos esa verdad que tanto les incomoda y que tan mal les viene que se destape.

Y, en esa búsqueda y actualización continua, topé con una lectura extraordinaria que, sin sesgos ideológicos y, desde la más absoluta y rigurosa recopilación de información, nos amplía el foco, arrojando luz sobre la otra realidad masculina.

En su obra, “La deshumanización del varón”, Daniel Jiménez “analiza el pasado para determinar qué hay de mito y realidad en el papel histórico atribuido al hombre como explotador de la mujer; examina el presente estado del varón y los desafíos a los que se enfrenta, así como a la invisibilidad mediática y política que los rodea y explora vías potenciales para la concienciación y resolución de sus problemas, incluyendo propuestas legales”.

A través de una exposición fluida y ligera, Daniel Jiménez, nos adentra en esa realidad tergiversada, adulterada y en muchos casos, inventada, aportándonos claridad y dotándonos de la argumentación de la que adolecen los movimientos hembristas feminicidas de hoy.

Personalmente me ha fascinado el apartado donde se describe, pormenorizadamente, la figura de “la incitadora”. A lo largo de la historia, las mujeres han tenido un papel clave en las guerras y las deudas de sangre. Siendo en muchos casos, despiadadas con sus propios hijos y congéneres. Por más que les pese, una muestra mas de que la violencia no entiende de cromosomas. Algo que se corrobora en la actualidad, donde podemos ver esta figura más viva y alimentada que nunca. Exaltada y extremadamente violenta, tanto en el ámbito de lo privado con la pareja y los hijos, como en las manifestaciones públicas. Y, para nuestra desgracia, desde hace poco, también con su “puño en alto” ocupando ministerios.

La deshumanización del varón”, es un texto extremadamente necesario para entender el escenario en el que nos movemos desde la base del estudio riguroso alejado de tautologías ideológicas marxistas y genocidas.

Agradezco infinitamente a Daniel Jiménez su valentía al exponerse a través de su gran trabajo. Juntos sumamos para no sucumbir a la destrucción a la que se está sometiendo al varón y a la propia figura de la mujer emancipada y libre.

Os invito a leerlo y regalar, recordando que, obsequiar con la verdad es otorgar libertad a aquellos que valoramos y amamos.

Podéis obtener el libro en www.psimatica.com

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