Muy fácil, porque es una mujer libre e independiente, no subvencionada, sino una escritora de éxito, de mucho éxito y glamour, además una dama dueña de su destino, moderna, con clase, todo un bombón, que no una bombona.

La atacan, la envidian, la odian porque en el fondo es el modelo de lo que desearía ser cualquiera de estas pintorescas criaturas de género indeterminado. De modo que un dolor crónico y punzante anida en las vísceras de estas descerebradas y las mueve a perseguir aquello que más aman: una mujer femenina, seductora y culta.

Ocurre que una vez alcanzada la posición estratégica de machacar a loa hombres y arrinconarlos hasta abocarlos al suicidio, empleando para ello una jurisprudencia feminista radical e ilegal de compra de votos por el Poder Ejecutivo, ahora toca poner punto y final a tan macabra obra hasta instalar un matriarcado vengativo y opresor que sustituya al patriarcado que tanto critican y del que se han valido para montar una industria de compra-venta de votos. Eliminados de escena los hombres, son mujeres como Cristina Seguí las únicas que pueden ocasionar una voladura controlada en el frente de avance de las hordas rojimoradas, una nueva clase social de jubiladas de por vida subvencionada por el Estado nacionalfeminista, ahora ese Gran Macho que satisface a éste, su harén, con el dinero que roba a sus ex maridos.

Pero Cristina Seguí no necesita a ningún Gran Macho Estado, ese mismo que hace las veces de hombre de la casa o papaíto a tanta zángana, no, porque ella se vale por sí misma, porque ella no depende de nadie ni de nada, sino de su pluma como escritora, de su trabajo como periodista y tertuliana documentada.

En este contexto de tráfico de votos, al parecer, lo único que perturba al brujerío es la libertad de expresión que Cristina Seguí despliega en su libro “Manual para defenderte de una feminazi” (Samarcanda).

Y ahí me tienen a cientos de bombonas persiguiendo al bombón de Cristina por donde quiera que este bellezón va a presentar su libro de éxito. Y a cada altercado que organizan estas almas en pena, mil libros más que vende la Seguí ¡Olé y requeteolé, chulapa!

Con Cristina Seguí, monas de la manada, habéis pinchado en hueso, porque esta morena de ojos grises os hipnotizará con el fulgor de una belleza de otro mundo, ese en el que estáis instaladas vosotras, el mundo de la holganza, el inframundo del insulto zafio y bajo, propio y definitorio de ese vocabulario de extrarradio de tanta vaga que pasa la tarde con su ridícula banderita morada al amor de un bocata de mortadela barata y un viaje gratis en el autobús que las saca por unas horas de sus cuevas y las pasea por la urbes, esa que ellas ensucian con su sola presencia y convierten en carnaval con sus harapos de mercadillo de aldea.

Cristinas cada vez hay más. Es hora de arremeter contra el brujerío, que no es otra cosa que cerrarle el grifo del dinero, porque sin dinero el feminismo sectario español desaparecería en un minuto.

¡Bravo, Cristina! Ya esperamos tu segundo libro.

José R. Barrios