Aterrizan, Max, al fin, tus anheladas Crónicas de un Occidente enfermo, en esmerada edición de SND Editores, a cuyo mando se encuentra mi siempre estimado Álvaro Romero. Aquilatada continuación de los mayestáticos Azotes de nuestro tiempo, nos obsequias con un informe caleidoscópico, panorámica de holograma, profundísimo atisbo, valga el oxímoron, detectando con rigor y vigor las plurales y putrefactas líneas de sombra, los surcos de la necrosis espiritual que nos asola, el rimero de quebrantamientos contemporáneos. Crisol híbrido, borrascosa cartografía, hiriente radiografía de época, se espigan en tus crónicas elucubraciones sobre la degenerada realidad adyacente con el irrevocable corolario del colapso civilizatorio. Además, con el eminente añadido de una sazonada floresta de libros y películas indisolubles de nuestras memorias más personales.

Dilecto camarada, tu bravía y dulce prosa, como el sol, penetra en corazones amortajados y mentes trastornadas. Apelando a los últimos vestigios de sensibilidad e inteligencia del hombre contemporáneo, buceas, calmoso, en calimas que enturbian la garganta. Tras tu estilosa bilis, zascandilea un borbotón de negras fragancias, el coral de la vida abre su rama, la excelencia reabre su pulso. Tu pluma, doliente acero, agita carne y espíritu. Con tu espada, reyerta agonizante entre azar y sentido, exploras las turbulencias de un mundo caótico, perturbador, que recluye en su más íntimo seno al ser humano.

 

Gran literatura

Siempre agradecido y deudor de gentileshombres, proteicos y rebosantes, desde Julius Evola a Guillame Faye, pasando Nicolás Gómez Dávila, peregrinas esencialmente por travesías nietzscheanas. Fiereza poundiana. Acrimonia celiniana. Empaque rozanoviano. Marbete wagneriano. Agudeza spengleriana. O tu periodístico primor locchiano. Sabes de sobra, amigo, que conjuran contra la vida, la salud y la excelencia. Su gran enemigo es el hombre blanco. Y hetero, prefiero apuntar. Normal, matizas. Hogaño, el más osado enemigo de la literatura, que pretende descontaminarla de prejuicios variados e inmoralidades, es el feminismo. Nuestra Peste Negra. Existe la gran literatura, dice Bataille, y ella no es moral ni inmoral, sino genuina, amotinada, incontrolable, retozona o, lástima, artificiosa y convencional, mejor dicho, cadáver. Max, tus letras son grandes. Muy grandes, preciso. Quienes desean enjuiciar la literatura —y creo que esto vale en general para todas las artes— desde un punto de vista ideológico, religioso y moral se verán siempre en serios apuros e incurrirán en estruendosos esperpentos. De lo cual me alegro.

 

 

Caballero de noble estampa

 

Y, amigo, seguiré discrepando cariñosamente de ti en tantos asuntos. Y, sobre todo, aprendiendo tantas cosas de vuesa merced, caballero de distinguido donaire. Las nuevas inquisiciones intentarán carbonizarte, al menos figuradamente. Te señalarán, te marcarán, te etiquetarán. Saldrás victorioso. Machista, rancio, homófobo, xenófobo, fascista, nazi, racista, misógino, heteronormativo, especista, heteropatriarcal. La lista de los reyes magos. Pesadilla. Fíjate Max, solo en el rubro del antijudaísmo, paranoica e inconmovible plaga intelectual y moral, enorme discordancia contigo, la lista es tan dilatada, que habría que excluir del reconocimiento público a una muchedumbre de excelsos vates, dramaturgos, novelistas o filósofos, entre los que pululan Shakespeare, Quevedo, Balzac, Pío Baroja, T. S. Eliot, Claudel, Emil Cioran, Voltaire, Kant y tantísimos más. Pero, al igual que tú, genios.

 

Bueno, amigo, suerte esta tarde durante la presentación de tu libro en la Hermandad de la Vieja Guardia. Un abrazo grande.