El gestor -Miguel de Juan- del fondo inversor value (Argos) cita en el boletín de marzo, el libro de Daniel Arribas de nuestra editorial SND Editores, Destapando al liberalismo.

La Luz de la Escuela de Salamanca de la que habla Daniel Arribas en su libro va calando, en los actores del mundo económico. 

El libro de Marín Arribas- Destapando el liberalismo (La Escuela Austríaca no nació en Salamanca) Ed. SND Editores, Noviembre 2018- me resultó muy sorprendente porque siempre había asumido que la Escuela Austríaca de Economía había tenido sus orígenes en la Escuela de Salamanca con los escolásticos dominicos, franciscanos, jesuitas y benedictinos… y sin embargo, con las pruebas que relata Marín Arribas veo que no es así… que existen varios puntos en común, pero otros muchos que serían totalmente opuestos. De ahí que la cita de Munger me resulte tan atractiva… y reveladora.

En este sentido me ha dado la base para sostener lo que hasta ahora eran mis reticencias hacia lo que se considera como “libertarianismo” o “anarcocapitalismo”… unas etiquetas- que no han sido puestas por mí- cuya referencia principal o al menos la más conocida por mí era la escritora Ayn Rand en su obra “El Manantial” (No he leído toda la obra, sólo el discurso final, pero he visto muchas veces la película homónima con Gary Cooper en el papel principal del arquitecto Howard Roark, cuyo discurso en la película ha sido recortado respecto al original de la novela). El radicalismo de sus posiciones- por ejemplo, abogar por la desaparición absoluta del Estado- nunca
me ha atraído y mucho del planteamiento de dicho radicalismo siempre me ha parecido erróneo o si lo preferís: malo. El libro de Marín Arribas y la cita de Munger me dan la base teórica y práctica de que es preferible centrarnos en las enseñanzas de los escolásticos y no tanto en la de los austríacos.

Mientras, como digo, hay muchos aspectos en los que puede haber coincidencias entre los austríacos con los escolásticos, también hay diferencias… y sustanciales; el foco principal y casi único de los primeros se pone en la “libertad” … el problema es que la palabra es muy bonita y parece que no debería haber nada que nos impidiera coincidir y apoyar a quien se declara defensor de la libertad. Sin embargo, la libertad que propone la Escuela Austriaca no es la libertad que propone la Escuela de Salamanca. Para los austríacos la “libertad” (que Marín Arribas, siguiendo al papa León XII, creo recordar, califica de “licencia” y no de auténtica libertad) se pone como virtud máxima… y los escolásticos no estarían de acuerdo con ello. Ni yo tampoco… recuerdo hace años cuando aún estaba Zapatero como presidente de la nación cuando soltó la frase, masónica por otro lado, de “La libertad os hará verdaderos” … enmendándole la plana al mismísimo Jesucristo. Bien… pues no; no es la libertad la que nos hace verdaderos… es la Verdad la que nos hará libres 

La Escuela Austríaca asume esa majadería masónica de Zapatero y pone la idea de “libertad” que no es más que licencia para actuar como a uno le plazca, como en el caso de los dueños de viviendas que subieron los precios de alojamiento para aprovecharse de las desgracias ajenas- y que los austríacos defienden como “justo”- y en cambio la Escuela de Salamanca pone en primer lugar la Verdad por encima de lo demás… siendo esa Verdad la que nos hará libres. Siempre me ha parecido curioso, por no decir raro, que muchos de los defensores de la Escuela Austríaca o no son creyentes o sencillamente están en contra de la Iglesia o la Religión… no lo entendía porque suponía que ellos mismos se reconocían como descendientes intelectuales de los escolásticos salmantinos… y todos ellos eran frailes o sacerdotes.

Si dentro de la Iglesia se había dado valor a determinadas ideas… algo bueno habría de haber en lo que la Iglesia defiende como Verdad… no entendía ese odio o simplemente desprecio (puedo entender que no tengan o hayan perdido la fe, pero creo que al menos deberían tenerle un mínimo de respeto si “comparten” unas ideas con ella). Es como si me considerara seguidor de Pitágoras o de Einstein y luego denigrara el cálculo de la hipotenusa de un triangulo o la teoría de la relatividad general…. No tenía sentido. Y no lo tiene. Tanto Marín Arribas en su libro, como Charlie Munger en la cita que os incluyo explican claramente porque la Escuela Austríaca no es hija de Salamanca, aunque utilice parte de sus argumentos.  

Esto no solo tiene efecto sobre el tema micro de si subir o no los precios cuando tus conciudadanos están pasándolo mal, sino también en el caso de algún evento macro como pudo ser el rescate de la banca al poco de caer Lehman Brothers en Septiembre de 2008. En su día expliqué en el libro El Inversor Español Inteligente, Ed. EOLAS, 2016, que desde mi punto de vista cuando el Tesoro americano y la Fed se encuentran que la situación es tan grave y se está expandiendo a tanta velocidad que hasta el mercado monetario se había secado, decidieron actuar inyectando dinero a las entidades. Según el ejemplo que puse en el libro, es como si a tu hijo le has dicho mil veces que no juegue al lado del precipicio que se va a caer… pero el niño sigue jugando y llega un momento en que trastabilla y…se cae; puedes alargar la mano y salvarle o dejar que se caiga.

La opción austríaca hubiera sido dejar que el niño se cayera (el mercado, los bancos, etc)… no apoyaban la intervención del estado o la banca central para solucionar la situación. La opción de la Escuela de Salamanca, pienso, hubiera sido salvar al niño…. Y, como decía en el libro, lo que habría que hacer después es sentarle en nuestras rodillas y darle unos buenos azotes para que no se le ocurra volver a las andadas. Desgraciadamente, en el caso real se salvó al niño (los bancos) y en vez de darle azotes (reducir su tamaño, reducir su apalancamiento, meter en la cárcel a quienes fueron los culpables de la situación, etc.) lo que se hizo fue darle caramelos y comprarle nuevos juguetes.

A nadie le gusta regañar… pero a veces es conveniente hacerlo. Pero el dejar abandonado a su suerte al “niño” con lo que eso implicaba, suponía un daño real sobre millones de personas que o no tenían culpa de nada o la tenían muy poca en comparación con otros. Posiblemente el daño de no hacer nada fuera muy superior al de quitar al niño del precipicio… pero lo que no se puede hacer es, además, maleducarle. Por esos regalos en vez de azotes, ahora mismo el mundo tiene un mayor nivel de deuda del que existía en 2008… y estas cosas no suelen terminar bien.

Lo que Marín Arribas y Munger nos enseñan es que, incluso en un tema tan árido como es la economía y las finanzas, es importante la dimensión moral de la misma… porque al fin y al cabo es una ciencia social y por tanto derivada del ser humano. Y el ser humano, si ha de merecer ese nombre, no puede desgajar la moral de sus actos. Podremos ser imperfectos- y lo somos, yo el que más- pero eso no implica que debamos abandonar la aspiración a la perfección… o para los creyentes, a la santidad como San Juan Pablo II y Benedicto XVI nos recordaron.

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