José Antonio Pallero Bote, un joven maestro de escuela gallego, es conocido como «Papá Maravilla». Una ocurrencia de su ex cuando se refiere a él delante de sus hijos.

El caso de José Antonio es común y generalizado, al menos en lo esencial. Cuando éste decide divorciarse de su ex, la señora de turno utiliza lo que se ha dado en llamar «bala de plata», esto es, una denuncia instrumental para negarle al marido contacto alguno con sus hijos y sacar ventajas puramente materiales en el divorcio.

 

Tras ser denunciado por «maltrato psicológico», su caso se deriva a un Juzgado de Excepción, es decir, un Juzgado de Violencia de Género. Se le aplica la correspondiente Jurisprudencia de Género y se le endosa, tras un copia y pega, como viene ocurriendo en estas sedes, una Sentencia de Género: privación de la guarda y custodia de sus hijos y tres años y ocho meses de cárcel.

En el Juicio de Género no se aporta ningún informe médico, ni psicológico, ni prueba alguna: basta la declaración de la ex que se acompaña de cuatro «testigas», mientras José Antonio permanece incomunicado tras un biombo.

A un tiempo, como es de esperar, los recursos ante la Audiencia Provincial de La Coruña, el Supremo y el Constitucional duermen el sueño de los justos. La justicia es lenta para el varón y fulminante para la mujer.

Papa Maravilla, un boom en las redes sociales, se ha convertido en el símbolo de miles de hombres que son condenados por el mero hecho de ser varones, negándoseles un Derecho Fundamental como es la presunción de inocencia y también el de un juicio justo con las garantías procesales básicas.

Pallero quizás acabe en la cárcel, en una de esas celdas destinadas a los inocentes, pero su verdad está escrita en un libro que ya es un éxito editorial sin precedentes en esta España volcada en un negocio del maltrato, la llamada Industria de Género.

«Yo maltratado (r), la increíble historia de Papá Maravilla», éste el título del libro escrito por un padre por encima de la media, cuya única luz son sus hijos, de ahí que hasta su ex le llame Maravilla.