Un libro tan sorprendente como importante acaba de ver la luz ofreciéndonos un retrato de Francisco Franco inusual. La editorial SND presenta como gran novedad –un magnífico regalo para estas Navidades– un libro valiente FRANCO. Una biografía en imágenes. Apuntes para un retrato personal. Editado en gran tamaño, dado el impresionante friso fotográfico que nos ofrece, sus más de setecientas páginas y sus más de 1.600 fotografías, enfrentándose a lo que los autores definen como los “antimitos”, nos presentan un Franco real frente al habitual Franco irreal. Para hablar de ella la redacción de este Boletín ha charlado con uno de sus autores, el historiador Francisco Torres García.

-Nos gustaría que fuera usted quien presentara esta obra a nuestros lectores antes de iniciar nuestra conversación.

Dejo a un lado toda valoración, que deben hacer los lectores, debo indicarle que tanto Dionisio Rodríguez como yo nos sentimos especialmente satisfechos con el resultado. Han sido dos años de trabajo para elaborar un relato que se desarrolla en dos niveles, en dos caminos paralelos: el texto y la imagen. A mí me ha correspondido, como historiador, realizar el texto. Dionisio, un experto en imagen sin título, al que conozco desde hace años, responsable de la imagen del sello SND, es el imprescindible en un libro como este maquetador-autor, quien ha realizado el necesario tratamiento de las fotografías junto con la selección de gran parte de ellas. Ambos convinimos conservar mi estilo: ir presentando al lector, apoyado en una irrebatible base documental, una serie de hechos que como las cajas chinas se aúnan en el lector al llegar al final del libro. Todo ello sin forzar una visión determinada, es el lector el que al final extrae sus propias conclusiones; en este caso en un debate permanente con la imagen irreal y prefabricada por el antifranquismo historiográfico y político.

Cuando la editorial me hizo la propuesta de realizar este libro, a partir del archivo fotográfico de la FNFF –difícilmente dejaremos de agradecer a la Fundación la oportunidad–, sin tener un conocimiento previo del material, entendí que era una oportunidad de aproximarnos a algo muy difícil, una biografía personal de Francisco Franco. Lo que abundan son las biografías políticas o las historias del régimen de las Leyes Fundamentales disfrazadas de biografías del Generalísimo.

Muchas de estas fotografías, yo diría que la mayor parte, no estaban destinadas a ser publicadas, no eran fotos de propaganda, y para el historiador tenían un gran valor como fuente histórica. Por otra parte, era necesario completarlas con imágenes personales y queremos agradecer, una vez más, la cesión de fotografías familiares por parte de la familia del Caudillo y en especial a Arancha Martínez-Bordiú.

Yo sigo pensando que, en algunos aspectos, Franco es un gran desconocido. Sabemos poco o hemos querido saber poco de Francisco (uno de los capítulos de la obra se titula “Cuando Franco era solo Paco”). Nos hemos conformado o nos han querido conformar con un retrato estereotipado construido con mucho tesón por los antifranquistas –ellos son los que en realidad hacen hagiografía aunque sea una antihagiografía, como le sucede a Viñas–. Fíjese que desde los años sesenta, cuando la editorial Ruedo Ibérico, cuyos libros por cierto leía Franco, correa de transmisión de la izquierda historiográfica que veneraba a Tuñón de Lara, iniciaba la promoción de ese retrato del Caudillo el debate se dirigía hacia el Franco persona y ahí seguimos. Todos y cada uno de los antimitos que desde entonces hasta hoy circulan sobre el Generalísimo creo que irán cayendo para el lector a lo largo de estas páginas. Espero que alguno pueda decir: ¿pero cómo es posible que me hayan estado engañando de esta manera?

-Por lo que me dice, ¿estamos ante un texto ilustrado?

No. La obra es un todo, un difícil equilibrio entre palabra e imagen que creo que hemos conseguido al 90%. Solo podríamos entenderla así refiriéndonos a los dos capítulos, y no de forma completa, que nos acercan al Franco anterior a 1936. Básicamente porque las fotos de que disponíamos son muy conocidas a excepción de algunas pocas. Fueron distribuidas profusamente durante el régimen de las Leyes Fundamentales (incluso yo tengo alguna por herencia). Están en no pocos archivos. Franco las conservaba en un álbum antiguo, de esos que eran de tipo sobre y al introducirlas quedaban enmarcadas. Pero, en este caso, no somos nosotros quienes hacemos el relato. Es el propio Franco a través de algunas cartas, algunos trabajos inéditos, su Hoja de Servicios… el que nos conduce a través de esos años de su vida, combinando los textos con las abundantes referencias periodísticas de la época que nos presentan al mito. Porque Franco era un mito antes de ser el Caudillo.

Volviendo a su pregunta. El resto del libro, más temático que cronológico, se desarrolla en una doble vía: la película que crean las fotografías y el texto que es deudor de ellas. En realidad los textos han sido escritos a partir de las fotografías, los temas abordados son deudores de ellas. El texto y las imágenes mantienen una relación simbiótica y son indisociables lo que da al libro un valor especial. Esto nos creó no pocos problemas porque el texto, insisto, se adapta a lo que nos dicen las fotografías.

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-He leído que su propuesta se asemeja más a una serie televisiva que a un documental. Algo que, a mi juicio, se hace realidad cuando se dejan caer poco a poco las 700 páginas de este libro y las imágenes cobran vida. Especialmente tras los dos primeros capítulos a los que antes hacía usted referencia.

Efectivamente. Hay un ritmo visual en las imágenes (tamaño y distribución), responsabilidad de Dionisio Rodríguez. Un ritmo que va a distinto tiempo según los capítulos. Afortunadamente la costosa decisión de la editorial de utilizar un tamaño de impresión grande, no usual, de 23x31cm, hace que las fotografías brillen, se puedan ver y comprender; reparar en unos detalles que son muy interesantes. SND ha hecho un gran esfuerzo a la hora de ofrecer este libro a un precio muy ajustado, lo más bajo posible, aún a riesgo de acabar en números rojos. Para nosotros, los autores, era preferible sacrificar el hipotético beneficio en aras de alcanzar una mayor difusión de la obra. Por ello yo invito a los lectores a que no solo la compren sino también a que adquieran otros ejemplares para regalarlos esta Navidad.

Cierto es que el libro es más temático que cronológico y es un continuo adelante y atrás. Vemos a Franco cambiar imperceptiblemente a lo largo de cada capítulo, hacerse mayor, pero lo curioso es que sigue siendo siempre el mismo. Creo que para el lector será un libro de sucesivas visualizaciones y lecturas. Hay que ver las fotos detenidamente, atender a sus pies de fotos. Estoy seguro que la lectura de los textos obligará a los lectores a volver a ver las fotos para que el puzzle adquiera toda su fuerza una vez terminada la lectura.

En lo referente a los capítulos sí que es posible hacer esa comparativa… estamos en el tiempo de las series. No fue ese el planteamiento inicial de la obra. Digamos que la fuerza de las imágenes se ha impuesto y derrotado a lo que entendemos por una biografía clásica, concepto al que estábamos más apegados al principio. De hecho rehicimos el primer capítulo. También vulneramos la intención del editor de hacer el típico libro fotográfico con un breve texto y unos pies explicativos de las fotos. Nos ha salido otra cosa.

-Ha utilizado en esta conversación un término/definición que me ha llamado la atención “régimen de las Leyes Fundamentales” y en el libro es fácil percibir que rehúye el término “franquismo”.

Sí, y es algo consciente. Si aparece el término franquismo es por evitar la reiteración. Dudo que Franco asumiera como categoría política o ideológica los términos de franquismo, franquistas o régimen franquista. El término franquismo, que no me acaba de convencer a futuro, se puede utilizar para referirse al periodo temporal pero no como definición ideológica (hace mucho que Fernández de la Mora explico la imposibilidad de que fuera un –ismo). Prefiero dos definiciones que no son mías y que utilizamos en el texto: Estado de las Leyes Fundamentales o Régimen del Movimiento Nacional. Para Franco era una realidad y no una fachada, y es algo que se pone de manifiesto en el libro.

Le indico esto porque estamos hablando de una biografía personal de Franco y lo que hemos querido hacer, a partir del material utilizado, es explicar a Franco desde Franco y no desde la visión del antifranquismo político o historiográfico (ya hay muchos libros en ese sentido). Algo que rehúyen la mayor parte de los historiadores.

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-¿Cuántas fotografías han visto?

La verdad es que no las he contado. Solo por curiosidad me entretuve en sumar las que aparecían en el libro poco antes de entrar en imprenta y creo que después añadimos alguna más. Seguramente yo haya visualizado unas 5.000, algunas más el coautor. Yo trabajé con una selección previa de unas 2.000 realizadas por Dionisio en aras de su interés y calidad para la reproducción (tenga usted en cuenta que algunas digitalizaciones no eran buenas, carecían de luz, algunas eran más un negativo que un positivo). Luego se vieron incrementadas por las cedidas por los familiares de Franco, Fernández de la Mora, Utrera Molina, Francisco Zaragoza, González-Bueno… junto con las procedentes de los antiguos archivos del diario El Alcázar o de la revista Fuerza Nueva.

Además de las anteriores a 1936 solo nos hemos inclinado por incluir unas pocas muy conocidas dado que era imposible no insertarlas en el relato, y que aparecen solo porque era necesario para completar el análisis. Es imposible hacer una biografía de Franco sin incluir una foto del encuentro en Hendaya, por ejemplo.

-¿En la introducción que aparece en el libro insisten en la idea de que las imágenes obligan a lector a hacerse preguntas a replantearse algunas de las tesis más usuales sobre Franco?

Fíjese que es algo que nosotros percibimos cuando montábamos la serie y había que realizar el texto, esos apuntes de biografía personal. Un ejemplo: la historiografía insiste en el Franco aislado y repudiado por el mundo (lo de utilizar el mundo es ya de por sí una manipulación cuando el tiempo de Franco es el del colonialismo, el del sometimiento a las potencias –lo que no es muy democrático– en el que las democracias liberales eran una minoría muy minoritaria, en el que el comunismo aspiraba aún a sustituir a la democracia liberal). Una imagen relativamente cierta entre 1945 y 1950. Algunos historiadores, quizás porque aspiran a que en el futuro no les saquen los colores, han sustituido la tesis del “aislamiento” por la del “arrinconamiento”. Fotográficamente el libro destruye esa tesis. Cierto es que algunos países jugaron esa carta, pero solo algunos.

-¿Y en lo personal?

No quiero predisponer a los lectores. Me gusta que sean ellos y no yo los que piensen y extraigan sus conclusiones. Sin embargo hay algo que sí quisiera referir. Usted sabe que la imagen de Franco habitual nos dice que era un hombre sin carisma, acomplejado, escasamente próximo a la cultura… Y las fotografías nos dicen exactamente lo contrario. Nos dicen, y por eso creo que la utilización del término dictador es una forma de manipular y distorsionar la realidad, que carecía de capacidad de empatía, de apoyos sociales y populares… Las fotografías nos vuelven a decir exactamente lo contrario. El “odiado dictador” está ahí, casi sin escolta, paseando, una y otra vez. Observe el armamento de los guardias en las fotografías… el calor popular que se desprende en rincones de la geografía que a veces son difíciles de situar en el mapa.

-Vayamos a las aportaciones documentales

Creo que van a sorprender. Cuando el historiador traza una biografía política muchos documentos acaban teniendo un valor anecdótico y por lo tanto no entran en el relato. Al hacer una biografía personal desde el personaje y no desde fuera del personaje podemos utilizar ampliamente esa documentación para ir descubriendo su personalidad. Por ejemplo, en las fotografías vemos a Franco entregando casas, títulos de propiedad a personas de clase media, a trabajadores, pero también a quienes viven en emergencia social. En estos casos era el propio Franco el que se preocupaba. Hay una serie de cuartillas, sin más texto que los datos y la resolución (“casa grande”), para la concesión de viviendas que el mismo supervisaba.

Naturalmente hay que seleccionar y por ello, por ejemplo, transcribimos el acta de la conversación no prevista, entre Franco y Eisenhower en Madrid sobre la situación internacional. Léanla y luego evalúen el quién es quién. Las advertencias de Franco se hicieron realidad.

-Le confieso que el capítulo más personal, Cuando Franco era solo Paco, me ha impresionado. No dejan ustedes antimito sin derruir.

Pues, a mi juicio, a falta de más documentación, es un pálido reflejo de la realidad. Muchas de las aseveraciones sobre la personalidad de Franco realizadas por el antifranquismo historiográfico, mediático y político son falsas. Necesarias para dibujar al dictador ambicioso, al lobo solitario… Yo disiento de la tesis del Caudillo creado por la propaganda y sostenido por la censura. Franco ya era Franco antes de ser Franco. Así de simple y de complejo. Es la tesis que sostenemos con la imagen y con la fotografía. Ni él ni su esposa dependieron de asesores de imagen y toda la pirotecnia actual de la política espectáculo. Él siempre fue un político de obras. Nunca prometía nada que no pudiera cumplir y que no cumpliera.

-Dedican un espacio a doña Carmen Polo y a Carmen Franco…

Sí y es necesario rescatarlas del olvido. Son dos personajes en la historia maltratados, especialmente doña Carmen. Y todo ello sin la menor base documental, en base a tres o cuatro chismes de periodistas del corazón que además cuentan muy mal la historia real. Para mí doña Carmen, una mujer discretísima, tuvo un papel fundamental porque creó para Franco un mundo particular en el que podía dejar de ser el Jefe del Estado. Un ambiente austero (vivir en El Pardo no era un lujo). Se acostumbró muy pronto a ser la esposa de un militar y ese fue siempre su papel, El Pardo era la residencia de un jefe militar. Había vivido así desde que se casaron. El “lujo” solo aparecía en razón de determinados actos en los demás es suficiente ver las fotografías. Vivieron una historia de amor prolongada en el tiempo.

Con respecto a Carmen Franco hay que reseñar que tuvo un papel importante como representación de su padre. En ocasiones actuó como embajadora especial tanto de soltera (viaje a los países árabes con Martín Artajo) como de casada. Tanto ella como su madre acudían a aquellos actos a los que Franco daba su apoyo de esta manera. En el libro tienen ejemplos de ello.

Ambas merecen unas biografías dignas… pero tenemos lo que tenemos.

Carmencita, que es como la conocieron los españoles hasta poco antes de su boda, y para no pocos siguió siendo siempre Carmencita (yo guardo el recuerdo de mi padre contando que estuvo a su lado con sus calcetines en una concentración madrileña del Frente de Juventudes), fue sin duda objeto de todos sus afectos. Con sus nietos, y ahí están las fotos familiares, pudo volver a ese tiempo feliz para él que fue la infancia de su hija antes de la guerra (especialmente con Carmen y Francisco).

Luego, y en el libro se puede ver más que leer, mostró un enorme afecto por quienes desempeñaron, de algún modo, el papel del hijo que no tuvo y que le hubiera gustado tener: primero, fundamentalmente, el príncipe Juan Carlos; segundo, aunque en menor medida, Miguel Primo de Rivera.

-No parecen ustedes suscribir la imagen de un Franco poco interesado por la cultura, de escaso bagaje, casi un anti intelectual…

Yo invito a alguien a que haga comparativas con quienes han detentado el poder y la representación en España en los últimos 50 años. Franco hablaba francés, podía entenderse en árabe y leía inglés sin dificultad (podía entenderlo pero prefería tener un traductor). Escribió 3 libros y al menos dos quedaron en proyecto. Fue director de una revista durante una década escribiendo numerosos artículos. Con pseudónimo publicaba artículos de prensa (dejó algunos sin publicar o en borradores); algunos reproducidos en la obra no sabemos si llegaron a ver la luz. Preparó personalmente sus memorias (hemos recuperado los textos publicados e incluido uno nuevo). Pronunció cientos de discursos a lo largo de su vida reunidos de forma incompleta en unos 7 tomos. Pintaba de forma autodidácta. No es cierto que no le gustara la música, en sus recepciones nunca faltaba un concierto con piezas de música clásica. Era un aficionado al cine y al teatro (en Melilla siendo teniente tenía un abono en el teatro). Un lector compulsivo durante toda su vida (a su muerte hubo que trasladar sus libros desde El Pardo) a pesar del tiempo que le ocupaba el despacho…

Son muchas las preguntas que el libro despierta y responde. Desde la “mítica fortuna” al embrollo del Pazo de Meirás, pasando por el Valle de los Caídos o su afición a la caza y la pesca… junto con la aproximación real a su personalidad.

-Y en realidad ¿cómo era, cómo lo definiría?

A lo largo de los años he tenido que volver a suscribir una tesis que se había quedado como perdida. Franco fue siempre un militar, algo que se percibe en el libro de forma icónica. Solo a través de ese filtro se puede comprender al personaje y trazar una biografía personal. Y su vida se puede dividir, siguiendo la propuesta acertada pero no desarrollada, de Alonso Baquer: en la del táctico, el estratégico y el geoestratégico/geopolítico; pero también en la del general que vence una y otra vez. Eso es lo que causaba admiración e interés desde fuera a los dirigentes políticos y también económicos. Dirigentes que por cierto le cubrieron de condecoraciones (por vez primera aparece un listado, seguramente incompleto, de las recibidas por Franco a lo largo de su vida, tanto civiles como militares, tanto nacionales como internacionales, de quien además fue piloto honorario de helicópteros del ejército norteamericano). De ahí el enigmático juego de palabras, en función de la traducción, trazado por el general De Gaulle tras su entrevista: “yo era el general De Gaulle, él sigue siendo el general Franco”.

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-Dados los acontecimientos, para mí, ha sido como un latigazo el capítulo que titulan “El hijo fiel de la Iglesia”.

Fue uno de los primeros que hicimos y no podíamos suponer el valor que a la luz de lo acontecido adquiriría. Asumo que se va a convertir en el testimonio en imágenes de la ingratitud o del intento de borrar la historia. Ahí queda el discurso del famoso padre Ángel ante Franco. Como contrapunto del comportamiento recordar que cuando el padre José María de Llanos, jesuita, director de ejercicios espirituales de Franco, capellán del Frente de Juventudes, incitador a perseguir a los jóvenes que se besaban en los parques o a lanzar tinta contra las pantallas en que se proyectaba Gilda, con dos hermanos –Manuel y Félix– asesinados en Granada por los republicanos (Manuel fue toreado y le rompieron los dientes con su crucifijo el cual quedó en su boca), creador de la Milicia Española de Cristo con camisa azul, que quiso alistarse en la División Azul, cruzó la línea a finales de los cincuenta y se situó en la oposición como “cura comunista”, el Generalísimo en un Consejo de Ministros dio órdenes taxativas de que no fuera molestado: “A Llanos ni tocarlo” (No le detenían ni aunque quisiera). Es más, en alguna ocasión, en las zonas pobres donde hacía su proselitismo y también su obra social se vio favorecido por la ayuda oficial. No es difícil adivinar de dónde venía la ayuda. Fue Franco quien hizo posible el nuevo barrio del Pozo del Tío Raimundo que acabó con las chabolas, pero Llanos, quizás avergonzado, se negó a recibirle. El Caudillo se limitó a comentar, dolido: “no nos quiere”. Pero Llanos siguió estando protegido al igual que otro jesuita, Díez-Alegría.