Con este sugerente título el joven escritor Juan Ignacio Cortés ha publicado su primera novela, prologada por Eduardo García Serrano. Decir mucho empleando pocas palabras ya es un arte en sí mismo y la frase del título nos vale tanto para expresar una actitud sumisa de aceptar lo que venga, como para clavarnos en el suelo y hacer frente a la adversidad. Un prólogo de Eduardo García Serrano conciso, certero y magnífico, nos predispone gratamente a este paseo novelado por la Historia de España, que, utilizando la ciudad de Orculota como hilo conductor, nos transporta y nos acerca a tiempos pretéritos.

Los ocho capítulos en que se divide la obra se suceden vertiginosamente, desde la aldea tribal del S.II a.C hasta nuestro siglo.

Con un estilo propio de párrafos cortos, amplio vocabulario y buen manejo de imágenes, el autor mezcla ágilmente lo culto y lo coloquial; lo grandioso y lo esperpéntico; lo épico y lo prosaico. Situaciones y personajes, trazados con pinceladas impresionistas, conforman escenas que nos muestran la Hispania Romana; la cristianización de la península; la Reconquista; el Renacimiento, etc ,hasta llegar a ese periodo llamado Transición, para luego desembocar en un último capítulo inesperado y sorprendente.

Sin perder en ningún momento la guasa, y el sentido del humor Juan Ignacio Cortés describe la España actual de forma crítica, valiente y mordaz.

Valgan como ejemplo estos renglones contenidos en la página 143, que transcribo textualmente : “...y siguiendo la más pura tradición carpetovetónica de rebelarse frente a las calamidades que depara el presente y de no resignarse ante los nubarrones que se vislumbran en el futuro”, para darse una idea que se trata de una novela en la que se honran unos hechos y momentos, entrando en la crítica de otros.

Para terminar, basta decir que Juan Ignacio Cortés consigue que los lectores disfruten leyendo, aprendan divirtiéndose, y sobretodo, una vez acabado el libro,nos hace pensar.