Cuando un proyecto tiene alma, se nota. Y es que hasta llegar a él, hay detrás un profundo trabajo de estudio y autoconocimiento, y de todo lo que le rodea. 

Un gran esfuerzo, nada sencillo, de introspección,  basado en el “aprendizaje” en y para la vida. Así se refleja en la obra de Rox Mena (Palma de Mallorca 1986), que ahora se expone, hasta principios de año, en Montsequi galería.

La joven y extrovertida creadora insular, formada en talleres específicos, como Art Students league NY, CH School en Inglaterra,  la Escuela  “Pascual de Cobo”, o de“Collage” de la Fundación Joan Miró, nos invita en 30 miniaturas,  con una transición a formatos más grandes,  a conocer una parte de su interior, de todo lo vivido y sentido a lo largo de su corta experiencia vital, creativa, en tres pasos.

Primero en papel, pequeños esquemas, bocetos, a veces originados en simples lienzos servilletas de bar, germen de la idea. Un segundo, quizá más importante, que se adelanta al anterior,  el ser generoso,  saber escuchar a los demás y empaparse de lo que sucede a su alrededor, para desarrollar un crecimiento personal  que le permita al final expresar una nueva realidad, su pensamiento, la obra en sí, lista para ser contemplada.

El consejo, como “saber popular”, hecho formato. Ya sea externo o propio. Que a veces no le damos la merecida importancia por eso, por ser simples consejos, pero que están llenos de sabiduría, ayudan a base de repetirse, al entendimiento de las cosas, de la vida. El amor a los demás, a uno mismo,  porque no… La empatía, Carpe diem… Aprovechar el momento.

Un universo ingrávido, con la pintura como canal de expresión, que ésta balear maneja con maestría. Numerosas exposiciones individuales y colectivas le avalan, como en el Museo Martí Vincenç en Pollensa, el Círculo de Bellas Artes en Palma,  o el Centro de Arte Mutuo en Barcelona, sin olvidar pinceladas extranjeras como Parallax Art Fair en Londres, o Kunsthaus en Dresden.

Un viaje mental, fragmentado, de estructuras moleculares que discurren y campan a sus anchas, se estiran y retuercen en finos negros trazos caligráficos que se enlazan y funden con diferentes formas geométricas, que recuerdan en ocasiones al lenguaje musical.

No en vano, lo sensorial juega una papel importante en su pensamiento, como queriendo escapar de las limitaciones físicas del formato, el corsé de la vida.

La serenidad, otra nota clave en la obra, para poner en orden los conceptos y las sensaciones aprendidas, porque ésa es “la base de un artista”, su bagaje, su maleta compañera, que llega a través de la luminosidad y el color claro del fondo de algunas de las pequeñas creaciones, que se tornan algo más agresivas, en cálido rojo con trazos que simulan los canjisde la escritura oriental.

El campo visual se salpica también de los tradicionales colores básicos: amarillos brillantes,  frescos verdes y azules intensos que bailan con el sempiterno elegante negro y blanco.

En definitiva, un aprendizaje reflexivo, de obras de varias series, llenas de personalidad, sin olvidar a la familia y un gran amigo, como impulsor, desde el inicio de su trayectoria, reconocida en varios certámenes de pintura, como Noves presencies del Consell de Mallorca (2009) o La Fundación Barceló de Arte joven, entre otros. Donde los elementos creativos levitan, efervescentes como su jovial carácter. Que te impulsa a pensar sobre lo que, verdaderamente es importante, que a veces está ahí al lado, y no le prestamos la suficiente atención, y es una señal inequívoca de avance personal o lo que es lo mismo...  El “Aprendizaje de la vida”.

Texto: César Serna

Rox Mena Galeria Montsequi, hasta 5 de enero de 2020.