Revisaremos en este artículo la obra de Joaquín Adán Berned (1860-1895), periodista, novelista y dramaturgo que alcanzó cierto éxito mundano en vida, pero sumido hoy en el más oscuro olvido.

 

Nacido en la villa turolense de Calanda, que 40 años después vería nacer a Luis Buñuel, Joaquín Adán fue de esos literatos “fin de siglo” a los que el éxito no terminó de llegar, acaso por una muerte prematura.

 

Nada sabemos de sus primeros años. Como tantos otros hijos del Teruel profundo, habría de partir hacia otras tierras: su destino fue Huesca, ciudad en la que intentó, con cierto éxito, mostrar sus primeras armas literarias y periodísticas, escribiendo para algunas publicaciones y dirigiendo el semanario El Cáustico Oscense. Joaquín Adán frisaba entonces los 25 años de edad, y aunque no podía sospechar que apenas le restaba una década de gris existencia, su pasta de escritor ya estaba más o menos constituida. Su siguiente gran paso -y a juzgar por las expectativas de la época, el definitivo- sería Madrid: allí se instaló, escribiendo para La Época, y culminando su andadura periodística como redactor-jefe de La Correspondencia de España, uno de los periódicos de sesgo conservador más influyentes de entonces; sin embargo, su apogeo profesional no se iba a limitar tan sólo a la capital, ya que, tal y como informa Javier Barreiro, “en Barcelona, colaboró en La Ilustración IbéricaBarcelona CómicaEl Correo Universal La Vanguardia, y, en Bilbao, dirigió El Nervión”.

 

Mas Adán, entre periódico y periódico, iba a alcanzar la cima de su éxito como autor de “juguetes cómicos”, unas obritas teatrales en un acto cuya fórmula, inmutable, estaba a medio camino entre el sainete castizo madrileño y el vodevil a la francesa; llenas de vida chispeante y agudo sentido de la observación, estas bagatelas acaso intrascendentes, por entero sometidas al gusto del público, no darían prestigio crítico alguno a su artífice, y sí un público fiel al que destinaría su prolífica serie de “juguetes”, con títulos tan significativos como El destripador (1889), De bureo (1890), Consulta médica (1891), El álbum (1892), El día de la boda (1894), etcétera. 

 

Sin embargo, Joaquín Adán estaba destinado a proyectos más ambiciosos, tal y como pone de manifiesto su obra más relevante, la novela de tema aragonés Mosén Quitolis (1894), encasillable acaso en el género costumbrista, pero con valores literarios ciertos; esta obra, que entroncaría en espíritu y tradición con la ya legendaria Vida de Pedro Saputo, del también turolense Braulio Foz, constituye por otra parte uno de los títulos más señalados de la novelística aragonesa de la segunda mitad del siglo XIX; pese a ello, la obra, descatalogada del mercado editorial desde decenios, ha sido cruelmente olvidada, por lo que al lector interesado en la misma no le quedará otro recurso que buscarla en las librerías de viejo…

 

Adán Berned fue asimismo autor de una obra de corte poético, Retazos Literarios (1887), recopilación de “poemas de circunstancias” -al decir del estudioso Juan Carlos Ara Torralba-; y de un libro de narraciones, Bautismo de sangre (1893). Entre medias se situaría su primera y única incursión en el drama serio con El desenlace, estrenado en 1888. En otro género, más efímero y fruto de su labor periodística, merece mencionarse el libro de artículos Curiosidades taurinas, escrito en colaboración con Federico Mínguez y Cubero.

 

La prematura muerte de Adán Berned, finado el 11 de marzo de 1895 víctima de la tuberculosis, truncó una carrera que hasta entonces había fluctuado entre la funcionalidad del mero destajista y la voluntad de autoría del escritor íntegro. A este incierto terreno pertenece el presente y olvidado autor, una pluma diestra y avezada que en sus seguros aciertos -Mosén Quitolis, algunos de los Retazos, ciertos pasajes de sus mejores “juguetes cómicos”- bien convendría recuperar para entretenimiento y solaz del respetable.