Este domingo hemos vivido uno de los momentos más tristes de los últimos 40 años en España. Por primera vez hemos visto a un gobierno de España manifestándose en favor de ETA, en Bilbao O a parte del Gobierno. Podemos estaba en un lugar destacado en la marcha proetarra. Las peores pesadillas se hacen realidad. Naturalmente Pedro Sánchez y el PSOE no han tenido nada que decir al respecto. A este paso pronto seran las víctimas de ETA las que estén en la cárcel y los etarras en el Gobierno.

¿Cuanto tardaremos en ver calles dedicadas a los etarras, no solo en el País Vasco sino en toda España?. Esta es una de las preguntas más tristes pero también más verosímiles que podemos hacernos actualmente. ¿Qué tienen en común las víctimas de Paracuellos en 1936 o los sacerdotes mártires asesinados durante toda la guerra civil con las víctimas de ETA de entre 1968 y 2009?.

La respuesta en seguida viene a la mente. Que murieron por España y que la izquierda no las siente como suyas (cuando no se regocija íntimamente por esos crímenes). En el caso de ETA, fácil es darse cuenta que la izquierda (salvo honrosas excepciones) no siente empatía hacia unas víctimas que fueron en su inmensa mayoría guardias civiles, policías nacionales, militares o civiles de derechas. Solo las (pocas en comparación) víctimas del PSOE asesinadas por ETA son recordadas por su partido y ello según su perfil personal. Son más recordados por el PSOE los socialistas asesinados de perfil “dialogante” como Juan María Jaúregui o Ernest Lluch que los de perfil más “españolista” como Fernando Buesa o Enrique Casas. Éstos, significativamente, son más recordados por la derecha que por su propio partido. ¿Cuando ha recordado la infame UGT vasca, siempre presta a “dialogar” con el mundo de Batasuna, a su militante Germán López, asesinado en 1978 por ETA y acusado por los terroristas de ser “colaborador policial”.

Muy singularmente a partir de la época de Zapatero el “relato” oficial de la izquierda sobre la Guerra Civil, el Franquismo y la Transición dieron un giro radical. Cualquier “cómplice del Franquismo” desde generales, ministros, hasta el soldado nacional más humilde de la Guerra debían ver fulminadas sus estatuas, placas, calles o recordatorios. Incluyendo por supuesto a los mártires del genocidio religioso del Frente Popular que son culpables de “ensuciar” el buen nombre de los maravillosos milicianos izquierdistas por el pequeño detalle de haber sido asesinados con toda crueldad por los maravillosos mlilitantes de la izquierda.

Fácil es suponer que las próximas víctimas de la “Memoria Histórica” seran las víctimas de ETA. Víctimas con las que poco o nada se identifica la izquierda y menos aún los separatistas vascos y catalanes (estos últimos ya desacomplejadamente rendidos admiradores de ETA a la que tanto envidian por haber tomado las armas, cuando ellos no se han atrevido). Así pues ¿cuanto tardaremos en ver como se gira el “relato” respecto a ETA? Todo indica que muy pronto vamos a ser testigos de, como primero los medios de la izquierda y finalmente el PSOE empezaran a sermonear a los españoles para indicar como debemos pensar sobre lo que fue ETA y su violencia. De hecho los medios de la izquierda radical ya han empezado. Pronto será difícil oír el calificativo “terrorista” aplicado a ETA.

El modelo es lo que ellos mismos han hecho respecto a la “Memoria Histórica” de la Guerra Civil. Vamos a una España en la que dentro de 20 años o quizá antes oiremos en todos los medios y en las tribunas políticas que los miembros de ETA fueron jóvenes idealistas que se opusieron a una dictadura fascista y luego a una monarquía posfranquista controlada por los poderes fácticos y oligárquicos del Franquismo. Una monarquía donde los “jóvenes vascos” eran torturados por el mero hecho de serlo y de luchar por un mundo justo, libre de las ataduras de la explotación capitalista y la precariedad laboral, económica, de género y medioambiental.

La violencia de ETA fue muy exagerada, nos diran. La auténtica violencia era la violencia estructural del Estado posfranquista, su violencia represiva y económica frente a la cual se levantaron los jóvenes vascos. Cuando alguien trate de recordar las matanzas de Hipercor, de Vic o de la Casa Cuartel de Zaragoza y tantos otros atentados, será ignorado oficialmente o acusado de sImpatizar con el “fascismo” como hoy se hace con quien habla de Paracuellos o las checas. Nos hablarán continuamente de que la Guardia Civil fue la auténtica organización terrorista y oiremos historias de supuestas torturas a “jóvenes vascos” hasta la saciedad

Pronto, ya a partir de 2021, en los municipios controlados por PSOE y Podemos en toda España es previsible que empiecen los desmontajes de monumentos, placas o monolitos conmemorativos alusivos a las víctimas de ETA. Y más tarde en el País Vasco empezarán, primero tímidamente porque habrá protestas, pero después en tromba la inauguración de calles, plazas, placas y estatuas a los miembros de ETA. ¿Alguien imagina que el PNV o el PSOE de Sánchez y los post Sanchez se opondrá?. En 40 años Josu Ternera, Argala, Txomin, De Juana Chaos y muchos más daran nombre a las principales calles y plazas del País Vasco y a muchas en el conjunto de España. Personalmente no tengo ninguna duda de que esa es la España a la que vamos.

Entonces los que seremos ancianos y querramos recordar lo que vimos en nuestra infancia y juventud, la inmensa crueldad de ETA y sus horribles matanzas, seremos acallados con desprecio como hoy se hace con los pocos supervivientes casi centenarios de la Guerra y que vieron sus horrores con sus ojos. El último paso será otorgar generosas subvenciones locales autonómicas y estatales a los ya ancianos exetarras que serán aclamados por la clase política. Veremos a ancianos exetarras dando conferencias en colegios y no solo en el País Vasco sobre su “lucha”. ¿Que dirá entonces el PP si es que existe?. Con toda probabilidad evitará “debates estériles” porque lo importante es la economía y no se opondrá a las exaltaciones de etarras.

Llamen a todo esto relato de ciencia ficción si quieren. Otros estamos convencidos de que esta es la España a la que vamos si no hay una reacción patriótica salvadora antes.

Javier Navascués Pérez