¿Por qué manipulan el pasado? George Orwell nos dio una pista al afirmar que “Quien controla el presente controla el pasado y quien controla el pasado controlará el futuro”. El relato del cuento histérico que no histórico sobre las bondades de la II República oculta la realidad más obvia.

Primero, que la II República del cuento de hadas del cine subvencionado surgió en unas elecciones municipales que ganaron los monárquicos; que la II República en manos de los republicanos de izquierda y la masonería dio paso a una sectaria Constitución que perseguía a los católicos y en la que la España conservadora no sólo no pintaba nada sino que además se la perseguía con la ley de censura republicana que hostigaba las libertades más básicas.

  Segundo, que aquella república fue caldo de cultivo para que creciera la influencia de la izquierda marxista y anarquista que naturalmente no creía en la democrática, y sus estragos se manifestaron en continuos conatos de violencia, conspiraciones, huelgas, asesinatos, quema de edificios religiosos,  en el golpe de estado de 1934 porque había ganado las elecciones la derecha, en el  fraude electoral de febrero de 1936 y en el asesinato del líder de la oposición. En definitiva el traslado de la “lucha de clases” de la izquierda en simple odio inyectado entre sus correligionarios hacia cualquiera, declarado “enemigo del pueblo”, fue lo que en realidad llevó al país a la guerra civil. Porque ante media España que se movilizó para exterminar a la otra mitad, hubo una “media España que no se resignó a morir”, en palabras de Gil Robles.     

  Cada vez que se exhibe una  bandera española con el Águila de San Juan repiten en los medios de desinformación el mantra de que hubo exposición de una “bandera preconstitucional”. Ahora bien, si quieren calibrar el nivel de ignorancia del monopolio desinformativo, averigüen en un acto de rebeldía los hechos fundamentales que escamotean los trileros de la Historia, y podrán saber, para empezar, que la bandera del Águila de San Juan no sólo no es “preconstitucional” sino que estuvo vigente hasta tres años después de la Constitución del 78.  Un hecho que no deja de ser una expresión perfecta de quiénes hicieron la Transición y trajeron esta democracia a España.

 En  1972  llegaba  el  general Vernon Walters, enviado por Nixon para sondear a un Franco  de  80 años, sobre el  futuro de España. Y cuenta el general americano en sus memorias que tras preguntar a Franco sobre la delicada cuestión, éste le  respondió: “la  sucesión  será ordenada porque  no  hay alternativa. España marchará un largo tramo hacia la democracia  pero  no  hasta el final, porque España  no   es  USA,    Gran   Bretaña  o Francia”. Lo que demuestra que el general Franco era el primero que en su capacidad de adaptación a los tiempos era consciente que el país tras su muerte caminaría hacia una democracia de partidos pero “no hasta  al  final”, porque probablemente Franco imaginaba un futuro en el que las familias del régimen se convertirían en partidos políticos, se legalizaría a la oposición que no supusiera una amenaza para el país pero no a marxistas y separatistas que habían provocado la guerra civil y que siguen estando prohibidos en diferentes países de Europa.

 Llegado el momento, la Transición fue realizada fundamentalmente por franquistas que no habían hecho la guerra y que desarrollaron la línea aperturista marcada por el rey Juan Carlos de Borbón, el cual fue elegido sucesor por Franco en 1969, y que a grandes rasgos siguió el plan diseñado por el gobierno de los EE.UU para traer una democracia similar a otros países europeos que se basara en un bipartidismo entre democristianos y socialdemócratas, sin percatarse los norteamericanos que en España no había tradición socialdemócrata sino socialista, es decir, no reformista sino revolucionaria; así que el PSOE tuvo que dar pruebas de buena voluntad en aquellos años para convencer a la CIA y al pueblo español, por ejemplo, desplazando a los socialistas del exilio por el sevillano Felipe González o renegando del marxismo en el Congreso de 1979, a lo que el partido se negaba y al que Felipe González se impuso.

  La España de los 70 era todavía demasiado católica y nacional, pero  ya  tendrían tiempo  para   erosionarla   paulatinamente  y moldearla a imagen de los socialistas, y que no la conociera “ni la madre que la parió” que dijo Alfonso Guerra; porque 25 años después el PSOE del nefasto Zapatero ya podía devolver al partido a su esencia más socialista que reformista y más guerracivilista que conciliadora. Hasta tal punto se ha tornado la situación que la España nacional que generosamente legalizó a la oposición en la Transición ahora ve como su libertad se ve cada vez más cercenada por las asfixiantes imposiciones del marxismo cultural y su aparato mediático.

 La Transición fue realizada por franquistas como Torcuato Fernández Miranda encargado de hacer pasar al país de la  ley franquista  a  la ley democrática, es decir, un catedrático en derecho que fue ministro, vicepresidente y presidente de los gobiernos de Franco, y al que el rey le colocó estratégicamente al inicio del proceso como presidente de las cortes franquistas para después introducir en aquella terna a Adolfo Suárez, político falangista de trayectoria en el franquismo, y que el rey eligió como primer presidente para acometer el cambio; incluso antes de ser presidente Adolfo Suárez, fue Ministro Secretario General del Movimiento de Franco. 

Mientras tanto, la izquierda de 1975 lo que quería era la ruptura, no la transición de la ley a la ley de Torcuato Fernández Miranda, aunque con la boca pequeña al carecer entonces de fuerza para imponerse. Es la misma izquierda que en el plebiscito para validar la Ley de la Reforma Política de 1976,  pide que se vote la abstención después de que las Cortes de Franco habían votado muy mayoritariamente por el cambio democrático.

Por lo tanto, los protagonistas del cambio democrático fueron todas personas del régimen franquista, que contaron con la colaboración de la oposición a regañadientes, la de un PSOE que no había hecho ninguna oposición a Franco en vida, y la del PCE  que  aceptó la  monarquía, la bandera y la  economía de mercado, y lo hicieron sólo porque no tuvieron otro remedio no porque fueran conciliadores. El deseo de la oposición entonces era la ruptura, anular a la España nacional y enlazar con la II República, pero tendrán que esperar a la reeducación durante décadas para que sea ahora cuando estén tan cerca de conseguirlo.

El advenimiento de la democracia fue realizado por franquistas, considerados traidores por los inmovilistas del “Búnker”, y simplemente deslegitimados franquistas por la izquierda de ahora que trata de abrir un proceso constitucional para dar paso a una III República federal que enlace con la de 1931. Pero ni inmovilistas ni rupturistas han hecho un análisis acertado de la situación, porque en 1975 España estaba abocada al cambio democrático desde la reforma, lo que podemos criticar son los errores que cometieron, por ejemplo, en la redacción de la Constitución del 78 se recoge la creación de las autonomías, el definir a España como “nación de nacionalidades”, la posibilidad de transferir cualquier competencia a las autonomías e incluso, el rescate de los partidos y de los nacionalistas responsables del hundimiento de la II República y del estallido de la guerra civil.

Si la llegada de la democracia hubiera dependido del sectarismo de la izquierda y del separatismo no hubiera sido posible porque con sus virtudes y defectos que otros no han corregido después, esta democracia fue posible gracias a las reservas humanas de la política franquista y a las clases medias que surgieron en el franquismo y que no querían aventurarse en nuevos conflictos y que como toda sociedad más rica iba demandando una mayor libertad. Porque del Frente Popular de la II República no viene la democracia sino la revolución, la ruptura de la unidad nacional y la guerra civil.

Por  tanto,  los  sectores  conservadores  del  país  que  fueron quiénes  trajeron  lo más  parecido  a una democracia pero que desde Suárez renunciaron por comodidad a dar la batalla de las ideas,  deben rearmarse ideológicamente y eliminar en primer lugar la infausta ley de “Memoria Histórica”;  porque si el  espíritu de  la Transición fue el de traer una España para todos, tras más de 40 años de agitprop izquierdista y separatista, nos encontramos otra vez con que llevan décadas construyendo  una  España   sólo  para  unos  españoles  en  la  que se censura y prohíbe al resto; y en la que los separatistas están persiguiendo a quienes se resisten a la construcción de sus entelequias de nacioncitas independientes sin ninguna base histórica, pero gracias a la generosidad del Estado autonómico de la Transición y a la debilidad de los gobiernos en minoría de Madrid. Es decir, la coalición de izquierdistas y separatistas que en la II República se llamaba Frente Popular y fueron los que llevaron a España a la guerra civil en 1936, vuelve tras la dejadez de la derecha durante décadas, a ser un atentado constante a nuestra libertad.