El factor humano es siempre esencial, sea para bien, como en este caso, o para mal.

Tras el relativo fracaso de la ofensiva nacional por Guadalajara hacia Madrid en marzo de 1937, Franco decide volcar su despliegue en el Norte, pieza esencial por múltiples y reconocidas causas de todo tipo, cuya liberación sabía que podía muy bien darle la victoria total, antes o después. Sin fuerzas aún suficientes, no tuvo más remedio que dejar desguarnecido el resto de su amplísimo despliegue. Tal ocasión es la que aprovecharía el Gral. Vicente Rojo para lanzar su ofensiva por Brunete que dará nombre a tan famosa batalla. Maniobra, todo hay que decirlo, muy clásica, de libro, de manual, carente de originalidad, que la genialidad militar de Franco sabrá neutralizar brillantemente. Con todo, la ofensiva frentepopulista, sin duda bien preparada, era muy peligrosa, pues suponía, de tener éxito, no sólo la paralización de la ofensiva del Norte, sino también una cruel puñalada en la retaguardia de las fuerzas nacionales que cercaban Madrid.

 

Fue la 13ª División del Gral. Barrón --formada por tres Brigadas mandadas por los Tte,s Col,s Álvarez Entrena, Coco Rodríguez y Rodrigo Martínez--, la que tuvo que soportar el primer y más duro envite enemigo, encontrándose con su jefe ausente de permiso y algunas de sus unidades desplazadas a Albarracín o en fase de reorganización tras haber contribuido a la defensa de La Granja, por lo que el número de hombres disponibles al comienzo de la ofensiva frentepopulista no superaba en total los 5.900 (menos de un tercio del que debía haber), 33 piezas de Artillería y 12 cañones contra carro “… esta comparación entre el frente a cubrir y las fuerzas destinadas a su guarnición, la ausencia de obstáculos naturales y la compartimentación del terreno, basta para formarse clara idea de las características del despliegue. No hay ni puede haber línea continua; … ni aun en los fuegos ni en la vigilancia; … se carece absolutamente de reservas. El despliegue queda reducido, en realidad, a unos núcleos de resistencia prácticamente aislados entre sí y entre cuyos intervalos, de noche y conociendo el terreno, es muy posible salvar la línea con la absoluta seguridad de no ser descubierto…” (Tte. Col. Muñiz).

 

El 6 de Julio de 1937, tras una intensísima preparación artillera, las fuerzas frentepopulistas se lanzan impetuosas sobre el débil despliegue nacional.

 

A las 8,45 h., en Villaviciosa de Odón se encuentra acantonado el LXXV Batallón de la Victoria; que cuenta con no más de unos 350 hombres, siendo el jefe de más graduación de tal localidad el Tte. Col. Álvarez Entrena --no existiendo otra guarnición ni jefe en aquel instante--, quien al recibir la orden de “…obstruir y defender el puente sobre el Guadarrama…”ubicado en las cercanías, asume el mando y marcha inmediatamente al mismo, no conformándose con quedarse en él, sino que decide adelantarse y proseguir hacia Brunete; dando así una lección magistral de acometividad y conocimiento táctico.

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Sobre las 10,00 h, el Tte. Col. Álvarez Entrena sitúa su Batallón en la loma 663 --levísima elevación del terreno en medio de la extensa planicie en la que se encuentra Brunete--, justo pocos minutos antes de que fuerzas de la División de Líster avancen hacia ella, entablando los de Álvarez Entrena duro combate, logrando detenerlas en seco, dispuesto dicho jefe a sacrificar toda su unidad con tal de dar tiempo al mando para reaccionar; la lucha fue intensísima, máxime cuando los frentepopulistas emplearon contra ellos carros de combate. Con tan providencial decisión, dicho jefe impedirá que Líster ocupe el puente sobre el Guadarrama al que ya no llegará nunca, truncando la posibilidad de que estableciera la vital cabeza de puente sobre tal río que era la clave del éxito de la ofensiva.

 

Al tiempo, se formaba en Villaviciosa de Odón, cumpliendo órdenes dadas también por este jefe antes de salir de ella, un núcleo de resistencia compuesto por no más de 320 hombres de la más diversa procedencia --sanitarios, oficinistas, cocineros e incluso heridos y enfermos-- que se aprestan a su defensa a toda costa; de nuevo toda una lección de espíritu militar y bravura. Allí se vieron a los considerados “torpes” y a veces “emboscados”, aprestarse a combatir con lo puesto y disponible, a veces el palo de una camilla, la sartén, la máquina de escribir o el muñón aún sanguinolento. La escena fue, según los testigos, inenarrable.

 

No sería hasta las 15,00 cuando llegó a la loma 663 el I Tabor de Regulares de Melilla. El combate fue durísimo, siendo castigados los nacionales intensamente por el fuego de todo tipo de armas, incluidos carros, artillería y aviación, pero sin conseguir que las reducidas fuerzas del Tte. Col. Álvarez Entrena cedieran ni un palmo de terreno al que se aferraron con firme voluntad de resistir o morir.

 

El importantísimo enclave defendido por tal jefe volverá a recibir refuerzos sobre las 22,00 h., toda vez que ya la genialidad de Franco se hacía presente sobre el terreno pues, en apenas unas horas, había conseguido sacar fuerzas del Norte y desplazarlas a la zona en un alarde increíble de gestión de los escasos medios de transporte disponibles, desplazando en trenes y camiones de los de entonces, por las vías y carreteras de aquellos momentos, a soldados, moros y requetés con lo puesto, es decir, el fusil, algo de munición, la manta y unas latas de sardinas, los cuales, nada más llegar se desplazaban a primera línea entrando en combate de inmediato, poseídos de un espíritu de lucha y de voluntad de vencer sublimes.

                       

Los días siguientes son críticos para los nacionales, y más aún para la posición que defiende Álvarez Entrena que no descansa ni un momento, dejándonos el enemigo una clara idea de lo que allí pasó los cruciales días 11 y 12 de Julio, y el Tte. Col. una lacónica pero intensa referencia de lo mismo:

 

  • “…durante estos dos días (11 y 12 de Julio)se desarrollaron sin cesar horribles combates…; en el curso de uno de los ataques se emplearon, de una sola vez, nada menos que 46 tanques. Un número considerable de ellos quedó sobre el terreno, aniquilados por los nacionalistas…” (Revista comunista “Tierra, Mar y Aire”).
  • “…a las 07:00 h. fuerte preparación artillera roja… Y acto seguido lanzan los rojos, ataque violentísimo… con mucha infantería y carros; se combate sin descanso, los rojos no retroceden, arrebatándonos otra vez Casa Blanca. Reacciono igual que el día anterior… fuego rápido sobre Casa Blanca… tan pronto termina… lanzo mis tropas al asalto… recuperándola… a las 11:00 h. otra vez se lanzan los rojos en ataque violento con infantería y carros contra nuestro flanco, y como la situación se va haciendo peligrosa refuerzo ese flanco… Siendo el ataque rechazado. A las 15:25 h. los rojos revelan que tienen orden de romper el extremo derecho de nuestra línea a toda costa; y después de potente preparación artillera… se lanzan otra vez en ataque aún más violento, meditado y enconado, ya que lo efectúan con mucha infantería y 30 carros de combate… arrebatándonos por tercera vez Casa Blanca. Al enterarme, reacciono igual y con las mismas órdenes que en los dos casos anteriores: no hay ni puede haber otra solución… recuperándola… Brillante comportamiento el de aquellas magníficas tropas que han soportado unos días, sobre todo ayer y hoy, de combates durísimos, poseídos todos, jefes, oficiales y tropas, del más elevado espíritu, sin que hagan mella en ellos ni el calor asfixiante, ni la superioridad enemiga, ni las bajas que sufren, ni la tensión febril del día entero de combates intensos…” (Tte. Col. Álvarez Entrena).

 

Este gran jefe fue propuesto para la Laureada de San Fernando, sin duda bien merecida, pero se quedó en Medalla Militar Individual, muy posiblemente porque a esas alturas de nuestra contienda 1936-39 eran tantos los propuestos a tan alta distinción que resultaba muy difícil decantarse por unos u otros.