¿Cuántas veces ha oído decir a los demagogos, que se ha rescatado a los bancos con el dinero de todos pero no se ha rescatado a la población? Pues bien, esto es simplemente MENTIRA... En primer lugar hay que decir que se rescató a las cajas de ahorros y no a los bancos, y las cajas eran lo más cercano a una banca pública hasta que quebraron en plena crisis económica, pues su gestión estaba en manos de la corrupta clase política española que se repartía sus altos cargos de gestión, con sus suculentas retribuciones y prebendas, entre sus correligionarios que en numerosas ocasiones eran auténticos indocumentados para desempeñar esos cargos. Y puesto que los gestores de las cajas de ahorro no tenían que rendir cuentas a una junta de accionistas, y el dinero de las cajas de ahorro no era de nadie, utilizaban sus recursos para financiar cualquier obra faraónica del candidato de turno de su partido o para cualquier corruptela previo pago de mordida.

 

 La quiebra de las cajas de ahorro, que nacidas en el s XIX como instituciones que pretendían atenuar la situación de las deprimidas clases populares y que tras la crisis el gobierno se vio obligado a reconvertirlas en bancos, vista la evidente superioridad de la gestión privada frente a la estatal y política, algo que podemos comprobar en la abultada plantilla de una televisión pública regional respecto a una televisión privada de ámbito nacional, es una quiebra que se empezó a larvar con el corrupto régimen que trajo la Transición y que tras su propaganda entenderemos el balance real de sus resultados. Tan pronto como en 1977, un decreto del ministro Fuentes Quintana de la UCD y más tarde con el refuerzo en el mismo sentido de la Ley de Órganos Rectores en 1985 ya con el PSOE, la partitocracia estableció que fueran sus políticos quiénes designaran a los órganos rectores y, en especial, a los presidentes de las cajas de ahorro. 


  Pero volviendo al tema del rescate bancario, o más bien “cajario”, debemos señalar que el capital insuflado a las cajas de ahorro españolas entre 2009 y 2017 asciende a 79.906 millones de euros, dedicados a rescatar a Caja Castilla la Mancha, Bankia, Caixa Catalunya, Caja del mediterráneo, Caixa Penedes, Novacaixagalicia,etc... Millones de euros provenientes del Banco Central Europeo y avalados por el estado español, pero que no salen directamente de su presupuesto. Por tanto, afirmar como hizo el comunista Cayo Lara de IU que "el pueblo ha rescatado a los bancos" es simplemente una falsedad.

 
  Pero cuando vemos que la izquierda, como la de Pablo Iglesias, lleva en su programa "la nacionalización de la banca", en línea con el clásico socialismo marxista, o con el “socialismo del s. XXI” de Chávez, o cuando la misma izquierda habla de crear una banca pública (gestionada por los políticos), debemos preguntarnos si lo que busca la izquierda es hundir totalmente al sector bancario español como ya sucedió con las cajas de ahorro y su gestión en manos de los políticos.

 

La manera que tiene un izquierdista de entender el funcionamiento de la economía es similar al de un niño de párvulo, y en lo único que la izquierda no defrauda es en su habilidad innata para crear miseria, quebrar economías por dónde pasa, y dejar un reguero de muerte a lo largo de la historia, pues la izquierda quiere tanto a los pobres que los crea por millones, exceptuando la nueva riqueza de la nomenclatura del partido de izquierdas en el poder que se eleva en nueva casta privilegiada a la misma velocidad con la que empobrece a sus pueblos, no por el clásico popular de que “todos los políticos roban a manos llenas”, sino porque sustituyen al mercado por lo que llaman “socialismo”, pero que entenderemos mejor si lo llamamos como estatalismo o el dejar en manos de funcionarios la marcha de la economía. Esa creación en mayor o menor grado de miseria que tiene la izquierda depende en la dosis de estatalismo que aplique en cada caso, si lo aplica a medias con el mercado funcionando pero estrangulado a impuestos pues el 40% de paro en Andalucía, y si la izquierda aplica su estatalismo a escala superior, en paralelismos del comunismo, pues el hambre de Venezuela.