Corría el año 1980, en pleno período de los tristemente conocidos como ”años del plomo” en Vascongadas a cargo de la sangrienta organizacIón terrorista ETA. Los agentes del Orden  caían asesinados en gran número así como todos los vascos sospechosos de sentirse españoles. El 28 de abril de 1980 el agente Rufino Muñoz Alcalde, de 48 años, natural de Burgos, casado ( su esposa era vasca) y con 3 hijos moría asesinado por 3 terroristas de ETA que le dispararon a corta distancia en medio de un autobús de línea, cerca de Rentería, Guipúzcoa.

El agente asesinado que estaba fuera de servicio, viajaba en un autobús de línea que recorria habitualmente el trayecto entre Fuenterrabía y San Sebastián. Cuando el autobús se hallaba ya cerca de la carretera nacional Madrid- Irún, se levantaron 3 individuos camuflados como pasajeros, se acercaron al asiento, en la parte posterior del autobús donde se encontraba el agente, sacaron sus armas y le dispararon en la cabeza matándolo en el acto.  A continuación aprovechando el natural horror de los viajeros se dirigieron hacia la parte delantera del vehículo y obligaron al conductor a abrir las puertas para poder escapar. Un coche con un colaborador etarra les esperaba en un lugar próximo para recogerles.

Pero entonces ocurrió algo que no esperaban los asesinos terroristas. Un hombre desarmado, sentado en la parte delantera del autobús se abalanzó sobre ellos cuando iban a bajar. Era el agente de la Policía Nacional Hipólito Rodríguez Ramos, que, también fuera de servicio y junto a su esposa viajaba en aquel mismo autocar. El agente Rodríguez Ramos iba desarmado. Aplicó una llave de Judo a uno de los terroristas a quien, como resultado, se le giró su propia pistola sobre sí mismo y se le disparó, destrozándole el corazón y matándolo en el acto. Este asesino se llamaba Francisco Javier Aranceta Aránzabal, de 36 años.. Los otros 2 etarras dispararon a bocajarro sobre el agente Rodríguez Ramos que recibió 5 impactos de bala incluído uno en la cabeza pero afortunadamente pudo sobrevivir y recuperarse.

El heroico agente Hipólito Rodríguez Ramos fue condecorado con la Encomienda de Plata de la Policía Nacional. Por su parte el agente de la Guardia Civil fallecido don Rufino Muñoz Alcalde recibió a titulo póstumo la Medalla de Oro de la Guardia Civil.