Entrevistamos al historiador Rafael María Molina y colaborador de El Correo de  Madrid sobre diferentes cuestiones de la actualidad política en estos momentos de especial trascendencia para España y también en el contexto global.

¿Como ve la situación política en España tras las últimas elecciones generales de noviembre?

Seguimos viviendo todavía un bloqueo político que era insólito en el Régimen de 1978 pero que se está convirtiendo en el escenario habitual tras el bloqueo parlamentario ya vivido en 2015-2016. Visto con pespectiva histórica observamos como el Régimen constitucional de 1978 está derivando hacia el mismo fenómeno que mató a la Restauración de 1875-1923, gobiernos débiles, presupuestos que no se aprueban, legislaturas efímeras, elecciones cada año...gobiernos  sin iniciativa incapaces de gobernar el país y con el trasfondo del desafío separatista en Cataluña.

Al mismo tiempo hemos entrado en una nueva y preocupante fase histórica de radicalización del PSOE, con su pacto de gobierno con los comunistas de Podemos, que quiere apoyarse en los separatistas catalanes y vascos, incluyendo a golpistas y pos terroristas. Como reacción a la deriva cada vez más intolerante de la izquierda ha surgido una nueva derecha mucho más combativa, VOX, frente a la pasividad del PP. Aún está por ver su recorrido aunque todo indica que su trascendencia futura será importante tras su histórico éxito en las elecciones de noviembre. Al final, en un escenario de polarización, España parece estar repitiendo una combinación de los momentos más difíciles de la Restauración y de la II República.

¿No sería impensable en cualquier otro país que una fuerza en teoría del sistema como el PSOE se alíe con aquellos que están intentando destruir España de forma tan evidente, como son los golpistas separatistas catalanes?

Desde luego. Por ejemplo en Reino Unido no ha ocurrido nunca y sería impensable, que el Partido Laborista intentase gobernar en alianza con grupos de extrema izquierda y apoyado en los nacionalistas de Escocia y Gales, así como en el Sinn Fein, el antiguo brazo político del IRA. Pero en España hay que tener en cuenta que la izquierda marxista ha tenido, a partir de la década de 1870, hace casi 150 años, una fuerte pulsión federalista como se vio en el desgraciado y afortunadamente efímero periodo de la I República (1873-1874). Los que hablan de un alma siempre jacobina del PSOE ignoran que ya en 1911 el PSOE se definió como federalista, que en 1917 se unió los nacionalistas catalanes en el desafío de la Asamblea de Parlamentarios, así como lo volverá a hacer durante la II República, incluyendo el golpe de estado de 1934 y la Guerra Civil. En el PSOE ha habido y hay jacobinos pero nunca ha sido realmente un partido jacobino y centralista. En la historia contemporánea de España los periodos de un PSOE relativamente moderado e institucional como el de la época de Felipe González (1982-1996) son la excepción. Lo más habitual es el PSOE radical, que ahora volvemos a tener.

¿El nuevo gobierno de Frente Popular supone un peligro para la Monarquía?

Parece evidente que así es. La izquierda sanchista y podemita tiene un grave problema en su obsesión antifranquista. Y es que por muchas leyes de “Memoria Histórica” que aprueben, quiten plazas, estatuas, calles o remuevan fosas, incluso aunque hayan sacado los restos de Franco del Valle de los Caídos, al final todo son gestos únicamente simbólicos. Dicho de otra forma, para acabar realmente con el Franquismo a nivel jurídico, político e institucional necesariamente han de terminar con la Monarquía y la línea dinástica restaurada en España por la voluntad de Franco. Como es obvio una Monarquía restaurada por Franco nunca podrá ser realmente un régimen heredero de la II República. Y por ello todo parece indicar que muy pronto van a intentar introducir el “derecho a decidir respecto a la forma de Estado”, prescindiendo de los mecanismos constitucionales. Cuando llegue el momento nos diran que lo importante es que la voluntad del pueblo se exprese, ya que no pudo hacerlo durante la Transición. El auténtico objetivo de toda la izquierda en España actualmente es la República Federal.

¿Cree usted que la situación  en España presenta analogías con el final de la Restauración? ¿Considera que hoy sería viable un pronunciamiento militar como el del general Primo de Rivera en 1923?

Hoy en día lo más normal y deseable sería que el Régimen de 1978, cuya situación empieza a ser agónica, cambiara a través de elecciones que aportaran un cambio radical respecto a lo existente hasta ahora. La idea de un pronunciamiento militar, normal en otras épocas, hoy, además de no ser deseable, es altamente improbable en el contexto del siglo XXI en Europa Occidental. No obstante por hacer una especulación teórica, si tal fenómeno llegara a producirse hoy en una situación extrema, sería esencial, en el siglo XXI, la movilización instantánea en apoyo del pronunciamiento, en plazas y calles de las principales ciudades de los millones de personas que pudieran estar de acuerdo con tal hecho. El bando cuya gente se quedara en casa en esas horas cruciales, sin duda perdería el pulso.

¿Como valora la actitud de Europa y la comunidad internacional respecto al desafio separatista catalán?

Pese a los enormes y carísimos esfuerzos realizados por los independentistas por ganar ese apoyo, todo indica que no lo han logrado pese a algunas excepciones limitadas. Y ello a pesar de la incomparecencia del Estado en la lucha mediática, sobretodo en el período de Rajoy. España está teniendo la suerte de que cuanto más conoce Europa a Cataluña, menos les gustan los separatistas catalanes. El hecho de que el separatismo en Cataluña sea el de una región rica, dotada con una amplia autonomía, que se rebela contra la solidaridad hacia las regiones españolas pobres provoca una decisiva antipatía hacia Cataluña en Europa. Les parece un poco la Liga Norte de Bossi en versión ibérica. Por no hablar de los ribetes supremacistas siempre presentes en el independentismo catalán. Además diversos estados europeos afrontan problemas similares de separatismo: Reino Unido en Escocia e Irlanda del Norte, Bélgica, Italia en el norte, Francia en Córcega. Incluso en Alemania hay un separatismo larvado en Baviera.

Incluso, por extraño que parezca, podría ocurrir que, contrariamente a todo lo que han pensado siempre los independentistas catalanes, el conflicto en Cataluña acabe reforzando el prestigio de España en Europa, como el de una nación que es capaz, con la fuerza de su  Estado, si llega el caso de defender institucionalmente su unidad de forma eficaz (al margen de las componendas políticas posteriores). Al menos esa es la lectura que han hecho en Rusia de lo ocurrido en Cataluña en octubre de 2019, a través de los medios de comunicación internacionales rusos. Salvando las muchas distancias sería algo parecido a como Israel refuerza su prestigio como potencia política y militar al ser capaz de mantener bajo control a Cisjordania de forma permanente (pese a las abismales diferencias entre Cataluña y Cisjordania).

Sin embargo todo eso no signfica que el apoyo de Europa a España en este tema sea incondicional. Por el contrario, es limitado y condicionado. Europa nunca aceptará  una independencia unilateral de Cataluña ni forzará a España a aceptarla, pero al mismo tiempo protege a Puigdemont. Así consiguen tener una España bajo control de las directrices de la UE en muchos ámbitos. Es el frío mundo de la política internacional.

El Brexit es otro tema candente de la política europea y ha vuelto a ser refrendado por los británicos en la masiva reeleción de Boris Johnson. Al mismo tiempo ¿que opina usted sobre el ascenso de la llamada “extrema derecha” en Europa?

Así es. El Brexit ha sido otra de las cuestiones de la política internacional (como la elección de Trump) que resultan especialmente interesantes porque representan una victoria del pueblo frenta a las elites políticas. Además en el tema del Brexit hay también una circunstancia específicamente británica como es la pasión antialemana. Para el inglés medio, Alemania es su enemigo nacional moderno (como España y Francia lo fueron en otras épocas) a partir del siglo XX en las dos guerras mundiales. El inglés medio detesta la hegemonía alemana en Europa, más evidente ahora que nunca, cuando hasta la presidenta de la Comisión Europea es alemana y parece pensar “tal vez Francia acepte esa hegemonía, nosotros no”.

Lo que es evidente es que se advierte un gran hartazgo en toda Europa contra los dogmas progres, cada vez más autoritarios y eso se refleja en el auge de la nueva derecha. Es normal que ese auge se haya dado antes en Europa que en España porque en Europa llevaban más años en un esquema de democracia partitocrática. Pero ahora también ha llegado a España. Así pudo ocurrir que las ideas nacionalistas españolas políticamente antiliberales y de apoyo a los valores religiosos y cultura tradicional estuviesen vistas por muchos en 1977, después de 40 años de franquismo, como algo ya pasado y anticuado.

Pero ahora, después de 40 años de “dictadura progre” inversa (o expresado con más precisión, después de 40 años de hegemonía del marxismo cultural) esas mismas ideas vuelven a ser vistas por muchos, singularmente en las generaciones jóvenes, como ideas que vuelven a ser nuevas, ilusionantes y sinónimo de libertad. Nadie puede conocer el futuro, pero la línea de evolución más probable en el momento actual es la que hace pensar que el futuro de Europa, más tarde o más temprano pertenezca a la nueva derecha.