EL nivel de empleo y la continuidad o ascenso en la categoría profesional, el progresivo disfrute de los bienes de consumo, el estar a cubierto de los riesgos del infortunio, el incremento de las posibilidades de promoción social pare el trabajador y para sus hijos, la de conseguir ingresos adicionales para anticipar el distrute de una mejor calidad de vida, la satisfacción en el trabajo, el aumento de la capacidad de ahorro mediante el necesario equilibrio entre precios y salarios, son, sin duda, los condicionantes principales, juntamente con un mayor tiempo de ocio, de la mejora de los niveles de vida y de la «calidad» de la misma.

Mantener altos niveles de empleo fue un objetivo tenazmente perseguido por el Régimen de Franco durante más de treinta y cinco años.

 

Durante este largo período el nivel de parados en España ha sido muy inferior al de la mayoría de los países europeos y americanos, manteniéndose en torno al 1% y alcanzando pocas veces el 2% hasta el año 1975, a pesar del enorme volumen de obreros agrícolas que abandonaron el campo, con la consiguiente demanda de trabajo en otros sectores de la producción.

En los años 1940 y 1941 la cifra de parados era superior a los 450.000; descendió a 145.000 en el año 1945. Es oportuno recordar que en el año 1935 la cifra de parados superó los 670.000, con una población activa inferior en medio millón de trabajadores respecto a la que había en el año 1945. En el período 1955-1964, la media anual de parados fue de 112.695, según los Anuarios Estadísticos de España.

 

El paro estimado en el período 1966-1974, según la estadística del Ministerio de Trabajo, tuvo una media de 199.500, lo que correspon de a 1,6% de la población activa media de este período, siendo los sectores más afectados, generalmente, el agrícola y el de la construcción.

 

En el período 1963-1972 la proporción de parados en las industrias fabriles superó a la del período 1955-1964.

La emigración

La emigración exterior redujo, sin duda, el número de parados en la cuantía de la diferencia entre las salidas y los retornos, es decir, el saldo emigratorio, que en el período 1960-1970 fue de 62.462 y de no producirse esta emigración, sobre todo continental, hubiera aumentado el número de parados en mayor cuantía en la agricultura y en la pesca, en los artesanos, trabajadores industriales y peones, que fueron las fracciones más cuantiosas de la emigración.

 

La estabilidad en el empleo fue muy favorecida por las trabas que las relaciones laborales establecían para impedir el despido libre, no muy justificado.

 

La evolución de los asuntos resueltos por las Magistraturas de Trabajo es bien expresiva respecto a la cuantía y proporción de los asuntos resueltos sobre despidos, cuya proporción fue del 54,1% en 1940 y del 23,7% en 1972, con un total en este año de 32.678, lo que viene a representar un 0,3% en el conjunto de los asalariados, que son aproximadamente el 70% del total de la población activa.

 

Aumento de los ingresos familiares

Los ingresos por familia se han incrementado notablemente por el aumento de la población activa femenina, que en el período 1940 a 1970 se ha duplicado prácticamente (107,7%).

 

Las sucesivas mejoras del salario mínimo desde el año 1960, han aumentado los ingresos de una mano de obra escasamente cualificada. En el período 1960 a 1976 el incremento de este salario mínimo ha sido de un 466% y los aumentos más importantes se produjeron, respecto al salario mínimo anterior, en el año 1963, 6 %; en el año 1974, 20,9; en el año 1975, 24,4%, y en el año 1976, 21,4%.

 

Los Convenios Colectivos

La Ley de abril de 1958 consagró la existencia de los Convenios Colectivos de Trabajo. El número de Convenios Colectivos en 1960 fue de 168, beneficiándose de ellos 322.871 trabajadores, y, diez años más tarde, en 1970, el total de convenios fue de 2.693, que beneficiaron a 5.751.151 trabajadores. El volumen del Instituto Nacional de Estadística Panorámica social de España 1974, poco divulgado, tiene un extraordinario valor informativo y de él recogemos muchos datos y obtenemos la elaboración estadística de otros. Según esta publicación, entre 1963 y 1973, el incremento de salarios medios en el sector primario, globalmente, fue del 84,5%, correspondiendo al sector agrícola el 73,1% y al sector pesquero el 189,6%. En el conjunto del sector secundario la elevación en este período de los salarios medios fue del 69,4%, afectando los mayores incrementos a los trabajadores de las industrias extractivas a la industria de la construcción y obras públicas y a las industrias metálicas. En el sector terciario, la elevación conjunta en este período fue del 69,9%. En cuanto a los salarios medios por categorías profesionales y hora efectiva de trabajo, en pesetas constantes de 1968, excluida la ayuda familiar, el incremento conjunto en el período 1963-1973, fue del 93,8%, correspondiendo las mayores elevaciones a los peones y aprendices, 91,2% y las menores a los técnicos titulados, 43,6%. Conocidas son las bajas remuneraciones en general de los funcionarios hasta la Ley de 1966 que fijó los coeficientes corrrespondientes. En base a las encuestas de presupuestos familiares en 1964 y 1973-1974, realizadas por el INE, el crecimiento experimentado por la economía española en esta década se refleja en el número de hogares que, en 1973, eliminando la influencia de la elevación de los precios, obtuvieron ingresos iguales o superiores a los de 1964. En este año, más de la mitad de las familias españolas declararon ingresos inferiores a 60.000 pesetas al año, en tanto que en 1973, los que percibían estos ingresos sólo eran una cuarta parte. Los hogares con ingresos intermedios tenían una proporción del 44% al comienzo de este período, proporción que se elevó al 68% en 1973.